Ante la frialdad de las grandes superficies o la asepsia de la venta internetaria Gog aún prefiere visitar el pequeño comercio especializado, sobre todo si se trata de hacerse con discos o libros, aunque para poder cuidar a esos pequeños negocios a veces haya que ejercitar mucho la paciencia.
Meses después de encargarlos, por fin le avisan de que ya le han llegado desde Canadá los cedés de The Salteens y de los debutantes Bella. Le comenta con resignada sorna el dueño de la tienda: «Los distribuidores de estos sellos son lentos pero tardíos».
Tilly & The Wall son más indies que ir al gimnasio con una camiseta de Pavement. Chicos universitarios dotados para las manifestaciones artísticas pero torpes con el ejercicio físico, los raritos de la clase. De hecho, para una vez que fueron a hacer gimnasia les salió esto:
La mayor rareza que les distingue musicalmente es que acompañan sus temas con percusiones de claqué zapateadas por una de las chicas, como si Ginger Rogers hubiese montado un grupo alternativo.
¿A quién no se le ha escapado un cuesco inoportuno alguna vez? A Evguénie Sokolov, el personaje de la novela corta (cuento largo más bien) homónima que escribió Serge Gainsbourg —que acaba de reeditar Antonio Machado Libros—, no es que se le escape algún pedo tonante, es que Sokolov es incapaz de dar un paso sin prorrumpir una pestosa y estruendosa ventosidad, regando los calzoncillos de «sinapismos a la mostaza». Con un problema así, la vida de Sokolov no puede ser normal. Afortunadamente para él consigue sacar provecho de su disfunción intestinal; se convierte en un afamado y millonario pintor moderno, a cuyo estilo pictótrico los críticos bautizan como hiperabstracción, y llega a exponer sus obras en los museos de arte moderno más renombrados del mundo. Pero lo que nadie sabe es la técnica que aplica Sokolov a su pintura: sentado en un sillín de bicicleta provisto de muelles y adaptado a su taburete, va pintando los óleos y aguafuertes hasta que una de sus abrumantes ventosidades le da por salir, lo que le hace retumbar las nalgas y temblar el pulso, y así van quedando los cuadros con manchones y rayajos, a modo de sismógrafo, que no retoca.
Al parecer esta novelita de Gainsbourg, la única que escribió, no fue bien recibida en su época (1980). A Gog hoy se le antoja una descacharrante parodia descorazonadoramente actual (posmoderna y eso).
Aquellos Darwin ochenteros, aunque flor de un día, fueron unos adelantados. Decía la letra de su «Conéctate»:
Tengo un aparato de alta calidad, comprado en Canarias, made in Japan. Lo llevo en el bolsillo para vacilar y bailo en estéreo por toda la ciudad.
Hoy día casi no hay bolsillo (el de Gog incluido) que no contenga algún aparato electrónico con el que andar escuchando algo, como enfermos de hospital pasillo arriba y abajo con su bolsa de suero.
El rey del juego, o sea, la traducción española de The Cincinnati Kid, la película de Steve McQueen haciendo de jugador de póquer profesional. El espectáculo cárnico lo pone una pétrea y visualmente apabullante Ann Margret y su muestrario de desavillés, aunque Kid prefiere quedarse con el personaje insulso de la chica que interpreta Tuesday Weld.
Humm, el nombre de esa actriz... ¿El grupo inglés The Real Tuesday Weld es un homenaje a ella?
De lo que no hay duda es de que el powerpopero Mathew Sweet escogió una foto de la actriz para ilustrar la portada de un disco suyo.
Y parece que la Tuesday Weld real también hizo sus pinitos ante un micrófono:
José M.ª Conget ha recopilado en Pont de L’Alma (Pre-Textos) tres textos escritos en recuerdo de tres ciudades: Nueva York («Cincuenta y tres y octava»), Londres («10 Rillington Place») y París (el que da el título general). No es una guía para viajeros, sino sentidas líneas de agradecimiento a unas ciudades que le acogieron en determinadas etapas de su vida. En «Cincuenta y tres y octava», por ejemplo, no hay rastro de datos concretos de interés turístico, o mejor dicho, sólo hay uno: la esquina entre la 53 y la 8ª, coordenadas exactas del lugar donde una persona fue feliz y que después quiso contar la emoción que eso le causó.
Tetine: nuevo grupo brasileiro. Su reciente Let your X’s be Y’s (grabado en Inglaterra para Soul Jazz Records) está lleno de tensión y frescura. Electropunk tropical para clubbers activos o modernos de sofá, para seguidores del toque Diplo y del sonido Cansei de Ser Sexy un poco menos alborotado. Para sudarlos a las 3 de la mañana en una pista de baile o para mover los pies en una terraza de verano. Para cabellos grasos.
Un origen común, Bristol, en una misma época, años 90, para dar salida a un sonido común, trip hop. Portishead, 10 años sin grabar; Tricky, 5 años sin grabar; Massive Attack, 5 años sin grabar. Y todos ellos han sentido la necesidad de volver a componer este año pero evitando sonar como en sus inicios.
La literatura ha sido fuente de inspiración frecuente para el nombre artístico de músicos y bandas. Por ejemplo:
W. S. Burroughs: Soft Machine, Steely Dan y Clem Snide Kafka: Josef K y Gregor Samsa Rilke: Rainer Maria Flann O’Brien: At Swin Two Birds Aldous Huxley: Eyeless in Gaza Dylan Thomas: Bob Dylan Verlaine: Tom Verlaine Shakespeare: The Darling Buds Tennison: The Lotus Eaters Williard Manus: Mott the Hopple Osip Mandelstam: Persephone’s Bees Cervantes: They Might Be Giants (¡norteamericanos!)
Sin embargo, por estos lares no es fácil dar con muchos ejemplos. Se conoce que se lee menos; o simplemente que por aquí no se ha sabido convertir la literatura en un referente natural. El único muy claro es el de Humbert Humbert. Tal vez Maga remitan a Cortázar, Zola al homónimo escritor francés y Dorian a Oscar Wilde, todos ellos grupos muy recientes. Si uno se remonta más atrás de los noventa el asunto se complica. Uno de los pocos leídos por entonces era Santiago Auserón, que musicó con Radio Futura el famoso poema de Poe «Annabel Lee». En la cultura anglosajona hay una enorme tradición musical en las universidades y, sobre todo, en escuelas de arte que aquí no se da; incluso Joe Strummer estuvo en una, hasta que lo expulsaron por componer una obra demasiado provocativa a base de tampax usados.
Ha aparecido un discazo negro, negrísimo, cacao del 99 %, de Erykah Badu, nocturno, rítmico y contestatario, llamado New Amerykah. Puro soul urbano; pura alma callejera. Un cruce entre el Marvin Gaye de la época What’s going on-I want you-Let’s get it on, War y las enseñanzas del hip hop.
Hasta lleva el pelucón afro años setenta.
Gog fue a verla actuar el viernes pasado, y jura sobre un vinilo de Devo que el espectáculo fue magnífico y apabullante. Tuvo que esperar 45 minutos a que la divaza saliera al escenario, cosa lógica visto el peinado que llevaba, más propio de un Eduardo Manostijeras que de un peluquero.
En estilismo, pues, un 10. Al igual que la banda de acompañamiento, a sus reales y majestuosas órdenes, seis músicos, un DJ a los platos y un par de coristas-bailarinas con las que la diva se marcaba coreografías souleras a la antigua usanza. Una bocina estridente, entremezclada con samples de viejas canciones, enganchaba un tema con el siguiente; ella jugueteaba con cajas de ritmos tribales, con la voz, con las poses, con el espacio... Todo era suyo. Ardió la noche, y eso que estaba fría.
Cuentan las crónicas que el concierto de Tom Waits anoche en el Kursaal de San Sebastián fue de los que cimientan un mito. Viendo una de las fotos de este bardo de imagen diabólica, el parecido razonable con Salvatore (Ron Perlman), el monje de En nombre de la rosa, es evidente:
Muy recomendable el reportaje del escritor Agustín Fernández Mallo sobre su reciente travesía por EEUU en coche. El diario de viaje colgado en su blog según iba quemando millas le ha quedado como una especie de blog movie.
El título de esta entrada le ha hecho recordar a Gog aquel grupo de los ochenta llamado B-Movie, y que permanceció en la cima de la fama lo que duran dos canciones.