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viernes, 21 de agosto de 2020

5 sobre... #43: baseball

Es el béisbol un deporte de lo más peculiar y mucho más complicado de lo que parece. ¿Dar a una pelota con un palo? Pues bien, es tal su dificultad que el jugador que consigue batear una media de un 33% de los lanzamientos que le hacen los pitchers está considerado un portento. Nadie en la historia ha conseguido acabar su carrera deportiva con un 40% de aciertos al bate (el récord en una temporada se ha alcanzado dos veces con un 39%). Estos guarismos, en cualquier otra modalidad deportiva, serían inadmisibles. Un alero que no encesta ni la mitad de sus tiros, un tenista que no mete ni la mitad de sus primeros saques, etc., son peor que mediocres. En béisbol la mediocridad la marca la "línea Mendoza", es decir, conseguir un 20% de bateos o menos. El nombre proviene del jugador mejicano Mario Mendoza, muy buen defensa pero un colador con el bate, que acabó su carrera con un 21% de promedio. Antes de la era de Internet, en las ediciones dominicales de casi todos los periódicos de Estados Unidos, las secciones de deportes incluían un listado de los bateadores y sus promedios de bateo; como no había espacio suficiente para ponerlos a todos, los periódicos no publicaban la lista completa de bateadores y se detenían cuando llegaban a los del .200, donde con frecuencia aparecía el nombre de Mario Mendoza. La expresión the Mendoza line la acuñó un compañero suyo en los Mariners. Hoy día, cruzarla determina, simplemente, que eres un pésimo bateador. 

En Athens, a mediados de los años 90, Andres Galdames, John Troutman, Lori Carrier, Margaret Maurice y Paul Deppler pensaron que era una buena acuñación para el nombre artístico de una banda. The Mendoza Line tuvieron vida discográfica de 1997 a 2007; casi una decena de discos, alguno de ellos muy por encima de la línea Mendoza del pop independiente (por ejemplo, We’re All In This Alone). 



Si darle a la pelota no es sencillo, defender también tiene sus aprietos. Para empezar, es necesaria una gran coordinación corporal y después saberse coordinar con los compañeros. Yo La Tengo también tomaron su nombre de una anécdota beisbolera, en este caso relacionada con los problemas que puede haber en defensa. Durante la temporada de 1962, Richie Ashburn, el centerfield de los New York Mets, estuvo a punto de colisionar con el short stop Elio Chacón, cuando ambos trataban de coger una bola en el aire. Ahsburn gritó “I got it”, pero Chacón solo hablaba español así que al final Ahsburn tuvo que aprender a decirlo en español: “yo la tengo”. Unos cuantos partidos después, en una situación similar, Ashburn dijo ese “Yo la tengo” recién aprendido, sin percatarse que el leftfielder, Frank Thomas, no sabía español y terminó chocándose con él. Al final, todo el equipo tuvo que aprender la frase en español para que sus jugadores no terminaran chocándose entre ellos a la hora de correr a coger una bola.

Cumpliendo con lo que promete su nombre, mucho más allá han ido The Baseball Project, la superbanda formada por Peter Buck, Steve Wynn, Linda Pitmon y Scott McCaughey. Aún en activo, llevan cuatro discos de estudio más uno en directo dedicados en exclusiva todos ellos a cantar las hazañas del mundo del béisbol americano: sus leyendas, sus míticos registros y en general todo un anecdotario propio del abuelo Cebolleta. Es un deporte que se presta mucho a ello.



Dejando constancia de los discos de The Baseball Project, en los que cualquiera de sus canciones serviría para ilustrar el tema, destacaremos a continuación otras cinco compuestas por otros tantos artistas a los que alguna vez les llamó la atención el asunto beisbolístico.

> Pavement - Major Leagues (en Terror Twilight, 1997)
El título se refiere a la liga de baseball o MLB en sus muy conocidas siglas. Amores de primera división para el último álbum que grabaron. Un bonito medio tiempo.


> For Stars - Baseball (en el CD single How It Goes, 2001)
A estos californianos se les cita escasamente y se les revisita aún menos, así que es esta una ocasión pintiparada para reivindicarlos. Estuvieron poco tiempo funcionando, pero ahí dejaron cuatro placenteros discos.

> Belle And Sebastian - Piazza, NY Catcher (en Dear Catastrophe Waitress, 2003)
Los únicos de la lista que no son estadounidenses, y se convendrá en lo curioso que resulta ver a los de Glasgow acudir a un legendario catcher de los Mets como fuente de inspiración. Canción acústica, aparentemente menor, con referencias ambiguas y mención al "Walk Away Renee" de The Left Banke, que al poco vesionearan con mucho éxito los Four Tops.


> Kanye West - Barry Bonds (en Graduation, 2007)
"And here's another hit, Barry Bonds", canta West. Los días en que jugaba Barry Bonds, en la bahía de San Francisco había gente en barcas esperando a recoger alguna pelota que sacara del campo de un batazo el muy bestia; lástima que el final de su carrera se viera enturbiado por un quítame de allá esos esteroides.
Y West marcándose otro home run con este disco. 



> Chuck Prophet - Willie Mays Is Up At Bat (en Temple Beautiful, 2012)
Qué buen tipo parece Chuck. Se le ve noblote. Y en concierto es un entregado intérprete. De ese electrificado y vibrante álbum, entre los mejores que ha hecho, sobresale este recuerdo a un bateador mítico de los Giants de San Francisco, ciudad de acogida del propio Prophet.

 

NOTA: No es España país para las cosas del béisbol, pero al menos Coz grabaron "Bate de béisbol" en 1982. Para amigos del jevi carpetovetónico.

martes, 1 de agosto de 2017

No son hombres: son Devo #36

En Akron, como no podía ser menos, se ha celebrado la primera carrera popular en homenaje a Devo. Durante cinco kilómetros el downtown se vio devocupado por cientos de camisetas amarillas, cartelería, afiches y disfraces para homenajearlos.




 

domingo, 27 de marzo de 2016

Parecidos razonables #29



Tienen un aire. Rafael Nadal y Oscar, simplemente Oscar. El uno es una leyenda. El otro, un novato, un recién llegado pero con aureola de promesa. 

Quién sabe si este jovezno de Londres alcanzará las cotas de fama del mallorquín. De momento, su single «Daffodil Days» es un revés a dos manos que nos tiene con las orejas tiesas y el ánimo con un punto de alegría y felicidad.

viernes, 16 de octubre de 2015

Gastan gafas #74 // ...Y ellos se juntan #95: Die Katapult


El alemán es un idioma marcial. Por eso casa tan bien con los ritmos sintéticos e industriales y los bucles sonoros. Que el krautrock naciera en Alemania no es casualidad. Si a esa marcialidad le añades melodía, el resultado de ese ayuntamiento suele ser infalible. 

Die Katapult lo practican. De hecho, Die katapult es un ayuntamiento en sí mismo. Se trata del dúo hispano-sueco formado por Elena Comas (voz y bajo) y Anna Fredriksson (voz, vocoder y teclados). La primera proviene de las filas de Neleonard y Gudar; la segunda, de ese combo inclasificable llamado Los Ganglios. Juntas han sacado un reconstituyente minielepé de 8 temas titulado Kristall Reinheit (Elefant, 2015), sin duda una luminosa muestra musical como hacía tiempo no deslumbraba a Gog. Han conseguido moldear ese punto entre cuadriculado y castrense con un pop electrónico vivo e irónico. Porque aunque ambas canten en la lengua de Nietzsche, podemos entrever en su letras retranca a raudales. No puede ser de otra forma si vemos que “Schweinsteiger” está dedicada al hoy centrocampista del Manchester United pero otrora en el Bayern de Münich de Guardiola, que "Deutsche TV” trata del comandante McLane, o sea, el protagonista de la serie alemana de los años sesenta Patrulla Espacial, que “Euromillionen”… bueno, sólo el título ya es una oda a la sorna. Y sumémosle que en "Braun" samplean la música de los créditos de la serie "Dinastía". 


No se entiende muy bien que la discográfica haya incluido este disco en ese fondo de saco que es su colección New Adventures in Pop, donde parece caber de todo bajo un criterio un tanto desparramado. Kristall Reinheit hubiera merecido entidad propia. La edición de 500 ejemplares numerados es en vinilo blanco de 10''.

martes, 18 de marzo de 2014

El monstruo de las galletas #4: Ginnels


Irlanda ganó el sábado el torneo del 6 Naciones de rugby, el día en que su dios Brian O’Driscoll jugaba su último partido con la selección. Ayer fue el día de San Patricio. Es evidente que hoy tocaba hablar de algún irlandés. 

Mark Chester es una especie de Juan Palomo. Suele componer, tocar y grabar todo él solo. Lo ha vuelto a hacer en su cuarto álbum, a excepción de las baterías, trabajo de Ruan Van Vliet. A Ginnels, que es el nombre artístico bajo el que se acaparazona Chester, se los conoció aquí el año pasado gracias al recopilatorio que el pequeño sello madrileño Tenorio Cotobade plastificó con los mejores temas de sus tres discos anteriores. Aquello resultó una buena forma de abrir el apetito, así que este reciente A Country Life (Tenorio Cotobade, 2014) entra de un bocado. En lo que parece ser una alabanza de aldea y menosprecio de corte, hay puro y fresco pop de guitarras, trenzadas con gusto y adornadas con algún levísimo toque noise («God Botheres») y tecladillos (especialmente en «Not For Moving» o en el tema inicial). A lo largo de los 14 temas va alternando momentos enérgicos y acelerados con cortes más reposados. En general, resulta muchísimo más arrebatador cuando acelera, y el álbum está repleto de esos temas instantáneos y contagiosos, sobre todo la primera cara. 



Por eso, a veces apetece posar la aguja directamente sobre el segundo corte, la exultante «Car’s Parked», para que el álbum arranque desde ahí. Y si lo que requiere el ánimo es un poco de sosiego y quietud, mejor darle la vuelta y empezar por la preciosa y emocionante canción que da título al álbum, y dejar que llegue hasta el final. 

Para ilustrar la portada, han escogido la obra de Jan Dirksz Both Italianate Landscape with an Artist Sketching from Nature, que se muestra en todo su esplendor en la edición en vinilo. Especialmente logradas han quedado las galletas, elgantes y serenas; tipografía clásica sobre un fragmento de cartografía también clásica: 


sábado, 30 de noviembre de 2013

Strano mondo di tanti nomi #27: Scott & Charlene's Wedding


El nombre artístico del grupo de Craig Dermody tiene un origen pintoresco, porque ni Craig se llama Scott, ni hay una Charlene en la banda (es un cuarteto masculino), ni consta que esté casado, sino que es el mismo título del culebrón favorito de su madre, que no paraba de verlo cuando él era un crío. 

Dermody tiene un cantar arrastrado, con una entonación desaliñada, como si hiciera un esfuerzo por modular cuando él lo que realmente preferiría es hablar. Porque mira que cuenta cosas en sus canciones; habla de sus vivencias existenciales, de sus ansiedades, de la frustración que se siente cuando nuestras ambiciones no se cumplen, de lo que la música puede hacer por ti, de la grisura de algunos días, de las pifias que te hace la vida a veces o de lo complicado que es subsistir cuando estás corto de pasta, sobre todo en una ciudad como Nueva York. Y es que este australiano de pura cepa se ha trasladado ahora a la jungla de Nueva York, como un Cocodrilo Dundee pero con guitarra afilada en vez de machete. A ese nuevo espacio vital le ha dedicado precisamente varios temas en su segundo álbum, Any Port in a Storm (Fire, 2013). Nueva York y lo que supone vivir allí está expuesto en cortes como «Fakin’ NYC», «Spring Street» o «Downtown». Al parecer Dermody siempre se miró en el espejo estadounidense y desde muy joven se lo marcó en la agenda de los sueños por cumplir. En «1993» rememora los épicos playoffs de la NBA de aquel año, pero además la pincelada autobiográfica del estribillo es muy ilustrativa: I haven’t done much changing in what I love since 1993. 

Las guitarras son igual de parlanchinas que él. En lo musical, son la cualidad más relevante del álbum. Se muestran animadas, fogosas, están llenas de vida y la transmiten. Además, ha mejorado muchísimo la producción respecto a su primer álbum. Así que si el oyente es capaz de aceptar las aptitudes vocales de Dermody, este disco no dejará de sonar en su reproductor. 



Dejar escrito aquí los nombres de Jonathan Richman, Modern Lovers y Pavement no puede resultar intrascendente.

miércoles, 23 de octubre de 2013

La banda sonora de un libro #15: Fiebre en las gradas, de Nick Hornby

Tener facultades críticas es algo terrible. A los once años no había películas malas, sólo había películas que no me apetecía ver; no había comidas malas, sólo coles de Bruselas y berzas; no había libros malos, pues todo lo que leía era estupendo. De repente, me levanté de la cama un día cualquiera y todo había cambiado. (…) Desde aquel momento y en lo sucesivo, el placer ha sido algo mucho más huidizo. 

La pasión, entendida como una afición vehemente a algo, es vuelo y es cadena. Por una parte nos libera, nos eleva cuando saca de nuestro interior toda esa energía exaltada; por otra, nos hace prisioneros, nos amarra a ella, nos esclaviza y tiraniza. 

Que se le conozcan, el escritor inglés Nick Hornby tiene dos inmensas pasiones: la música y el fútbol. De la primera de ellas ha dado buena cuenta en bastantes ocasiones, y en cuanto puede, como se verá aquí más adelante, hace referencia a ella. La segunda, su amor ciego por el equipo del Arsenal y por el fútbol en general, la describió en su autobiografía Fiebre en las gradas (Anagrama, 2008; la edición original es de 1992). En ella Hornby relata, con la amenidad y facilidad que le caracterizan, en qué momento se produjo ese flechazo obsesivo suyo y cómo, desde entonces, toda su vida ha girado alrededor del fútbol, hasta el punto de que algunos de los momentos más importantes de su vida están asociados inevitablemente a algún episodio futbolístico que conserva en su memoria de hincha irredento. Sin duda, se trata de un libro que disfrutará mucho más el lector que esté un poco versado en el juego del balompié. Con todo, resulta muy interesante la radiografía que traza de los entresijos deportivos y sociales relacionados con el fútbol y, sobre todo, la defensa lúcida y sentida que hace de una devoción muchas veces malentendida por el público ajeno a este deporte. El fútbol tiende a asociarse con la idea de que los seguidores son una panda de descerebrados, seres embrutecidos, vándalos de lo peor, y que los campos son «un agujero infecto en el que habita la escoria de la sociedad», cuando la realidad es que entre esos mismos seguidores hay médicos, profesores, contables... El fútbol está demonizado por culpa de cuatro bárbaros y unos medios de comunicación que a base de sobreexposición termina agotando la paciencia de muchos. Y a estos detractores habría que decirles que sus constantes quejas y plañidos cada vez que hay jornada futbolera resultan tan cansinos si no más. 

El conocimiento musical de Hornby también aparece entreverado entre las páginas de esta obra. Son breves referencias, muy tangenciales respecto a la línea argumental, y no en todos los casos significa que le gusten esas bandas mencionadas. Lo más curioso es que a medida que avanza el libro, y con él la edad del autor, las referencias musicales van disminuyendo, como si el hecho de cumplir años conlleve la mengua de la capacidad para emocionarse con las novedades musicales, de modo que ya no se quedan marcadas las canciones con la misma intensidad que en la juventud. Esa es la razón primordial que nos lleva a creer que la música que se hacía en nuestra época era muchísimo mejor que la que se hace en el presente. Aquí Hornby únicamente cita tres álbumes: II de Led Zeppelin, el debut de los Ramones y Singles. Going Steady de los Buzzcoks, y un tema en concreto —«Sailing», de Rod Stewart, otro gran futbolero, que incluso llegó a comprarse un equipo—, así que a excepción de este, los temas de la lista de reproducción de abajo están seleccionados por Gog, atendiendo, eso sí, a la época en que están referidos los artistas; por ejemplo, el Van Morrison de finales de los 70 no el de los 90. El orden de la lista sigue escrupulosamente el orden de aparición en el libro. Faltan los de Led Zeppelin, Beatles y King Crimson porque el servicio en streaming utilizado no los tiene. Para bien o para mal, así es como queda una posible banda sonora de Fiebre en las gradas:

viernes, 16 de marzo de 2012

5 sobre... #17: tenis

> Chris Rea: «Tennis». Do you like tennis? Yes, I do repetía este inglés con su voz ronca y su slide guitar mucho antes de dar el pelotazo con «On the Beach».

> Saint Etienne: «Conchita Martinez». Temazo de su primera etapa, cuando aún experimentaban y no se dedicaban al puro baile. Lo tiene todo: guitarras sucias, capas de noise, bases irresistibles, parapapeos, silbidos. Oscura y luminosa, compleja y brillante; tal vez como la propia Conchita.

> Vincent Delerm: «Les Jambes de Steffi Graff». Un piano lánguido y melancólico para cantarle a uno de los pares de piernas más bellos que ha dado el circuito tenístico en toda su historia.

> McEnroe: desde Vizcaya, unos seguidores del gran John, quien también le da a la guitarra, por cierto. Gog no controla mucho el rock alternativo reposado de este quinteto actual, pero quede aquí «Tú nunca morirás».


> Tennis: «Petition». El dúo de Denver son el motivo que ha originado esta entrada tenística. Su fresquísimo segundo álbum, Young & Old (Fat Possum, 2012), está en on repeat constante en el reproductor de Gog. Se lo produce el batera de The Black Keys (Carney), y cuánto se nota. Les ha quitado el apresto lo-fi y el pelo de la dehesa. Han ampliado el registro, ya no hay sólo rollo sixtie como en el debut. Y, como no podía ser de otra forma, las baterías suenan prístinas, como todo en el álbum, limpio y potente, lleno de estribillos pegadizos y melodías espléndidas. Imparable de principio a fin. Escúchese este maravilloso hit a modo de ejemplo:
 

viernes, 6 de enero de 2012

...Y ellos se juntan #49: The Baseball Project


 
Esta entrada va a dar motivos de chanza a los amigos de Gog, lo sabe. Porque, para quienes no lo sepan, Gog es un ferviente seguidor de ese deporte en que los jugadores están en pijama y escupen todo el rato.

El a priori matemático de este supergrupo debería impresionar al mismísimo Einstein:

Peter Buck (REM) + Steve Wynn (Dream Syndicate) + Linda Pitmon + Scott McCaughey (The Young Fresh Fellows) = The Baseball Project

El problema —Gog es muy consciente— es que este rock contemporáneo, de predominio guitarrero e interpretado con la sabiduría y clase que se presupone a sus integrantes, está dedicado exclusivamente a narrar hazañas de legendarios jugadores de béisbol, lo cual que por aquí no va a interesar demasiado.

Llevan dos discos: Vol. 1: Frozen Ropes & Dying Quails (Yep Roc, 2008) y Vol. 2: High & Inside (Yep Roc, 2011).

En lo musical, resulta mucho más interesante el segundo: más consistente y mejor vestido, con las peculiaridades de que por vez primera se oye cantar a Linda Pitmon como voz solista («Fair Weather Fans»), meten algún saxo caliente y teclados sabrosos y no hay temas cantados en español como en el primero (cuánto daño a la música ha hecho Jonathan Richman cantando en español).



Por si el póker de ases no fuera suficiente, Ben Gibbard echa una mano en los coros de «Ichiro Goes to the Moon» e Ira Kaplan toca la guitarra en «Buckner's Bolero».

Cada uno de los miembros se declara fan de un equipo:

Wynn → Yankees
Pitmon → Twins
Buck → Braves
McCaughey → Giants

Ah,

Gog → Cubs

sábado, 6 de noviembre de 2010

Galgo corredor #4

«Nunca, nunca nada como los demás, y eso que es un tipo como todo el mundo.» (p. 53)
Segunda Guerra Mundial. Los alemanes ocupan la pequeña población checoslovaca de Zlin, donde vive el joven Emil.

Este Emil no es un Emil cualquiera, ni de ficción, es (o será) el mítico campeón olímpico de cinco mil metros, diez mil metros y maratón —¡en el mismo campeonato!— Emil Zátopek. Y Correr (Anagrama, 2010), escrita por el galo Jean Echenoz, es su biografía novelada.

Gog lleva guardada en el desván de la memoria la lectura de un libro de su infancia titulado algo así como Grandes momentos de los Juegos Olímpicos. En puridad, sólo recuerda, aunque nítidamente, un capítulo, el dedicado a las hazañas de Zátopek, la Locomotora, aquel corredor de fondo que entrenaba poniéndose peso en las zapatillas; y luego, ya sin el lastre, volaba sobre las pistas. Como en el viejo chiste de los dos hombres que se encuentran en un desierto, uno de ellos con un yunque a cuestas:

—¿Y para qué llevas un yunque? —le pregunta el otro.
—Porque si aparece un león, lo tiro y no veas cómo corro.

Pues algo así era Emil Zátopek.

Ahora Gog ha aprendido otras noticias sorprendentes sobre él. Que, invirtiendo el sistema para un fondista, se entrenaba en la velocidad, «en pequeñas distancias indefinidamente repetidas». Que gracias a dicho sistema fue el inventor del sprint final en las carreras de fondo. Que para ir de su casa a la fábrica donde trabajaba tenía que tomar un camino bordeado de chopos; un día camina hasta el cuarto chopo sin respirar; al día siguiente hasta el quinto; al otro, hasta el sexto, y así hasta que un día consigue llegar a la fábrica sin respirar. Que su estilo, impropio, para exasperación de puristas, era desmañado y casi ridículo.

Son sólo 140 páginas, ágiles y precisas, sin datos ni fechas, que se leen a todo correr.





sábado, 9 de octubre de 2010

Debut #24

Sería un tema para una tesis doctoral dilucidar por qué en España se llama a los árbitros de fútbol por sus dos apellidos: Mejuto González, Condón Uriz, Japón Sevilla… ¿Porque los aficionados suelen acordarse de su padre y de su madre por igual?, ¿porque, aun siendo todos idénticamente malisímos, no hay dos repetidos? (Aquí hay una muy curiosa respuesta posible.)

Otro tema para una tesis doctoral, o tal vez un caso de índole detectivesca, sería averiguar quiénes son los dos tipos que han puesto marcha a Los Directivos, que debutan con el vitriólico Por amor y jerarquía (Islam Records, 2010), y que, además, hablan mucho en él de fútbol y de árbitros.

Al parecer el dúo es de El Escorial y usa pasamontañas, que será que hace mucho frío en la sierra madrileña. Lo único seguro es que David Rodríguez (Beef) produce el disco y que La Bien Querida hace unos coros. Letras afiladas y humorientas, reflexiones cínicas sobre el paso de los años y el signo de los tiempos, frases lapidarias y algún que otro estacazo, todo muy contracultural y musicado con cajas de ritmo bastante ochenteras.

Y es que:

Las chicas más guapas me llaman de usted. / Creo que las quiero el triple que a mi mujer. / Las chicas más guapas me llaman monsieur, / todas tienen tanga y yo nunca las tendré. / Me he convertido en un puto treintañero, / de esos que tanto odiaba. (El vídeo que le han hecho a «Ellas me tratan de usted» es una coña verbenera que intenta provocar con las imágenes de los libros y personajes reales que muestran, aunque hay quien piensa que a esa gente no habría que darles cancha ni en broma.)

O:

Sé que hubo un día en que las estrellas de rock les gustaban a las chicas.
Sé que hubo un día en que no te masturbabas pensando en futbolistas.


C'est la vie.

Cortes del álbum:

Ellas me llaman de usted
El Rey
Monja por mí
Nueva ola Guardiola
Rojo y nieve
Mandarinas
La tortura
Japón Sevilla
Aeropuertos
Jugando con fuego
Palabra loft
Fular de guata

La portada del ep inicial, Sin noticias del imperio, era muy chula:


domingo, 15 de agosto de 2010

Húngaros #17: Pál Schmitt

En el Parlamento inglés, el espacio de separación entre los bancos del gobierno y de la oposición es de dos espadas que no lleguen a tocarse. Ya se sabe, navajazos, sablazos (en sus varios significados) y espadazos están a la orden del día en la vida política. Será por eso que el parlamento húngaro ha elegido como presidente del país a Pál Schmitt, un antiguo campeón olímpico de esgrima.

miércoles, 28 de julio de 2010

Que jamás me bese Helen Marnie si miento #8

La palabra francesa jambe significa 'pierna' en español. Pero en este idioma se siente esa palabra francesa como algo basto y vasto, macizo, rollizo, dilatado, de ahí que se haya adaptado como término arquitectónico y no para designar las humanas extremidades inferiores. Una jamba femenina carece de erotismo; una pierna femenina sí puede tenerlo. Tal vez los franceses opinen lo contrario.

Desde luego, Vicent Delerm, cuando rememora piernas espectaculares, usa muy naturalmente jambe, como en «Les jambes de Steffi Graff», donde además de elogiar el pernil de la tenista también ensalza el de las míticas atletas Drechsler y Ottey:

tout ce qui reviendra jamais
les jambes de Merlene Ottey

Pues se equivocaba Delerm, porque las piernas de Merlene Ottey, aquella mítica pantera del tartán, vuelven ahora. Aquí va un titular sobre el campeonato de Europa de atletismo que acaba de comenzar:

ATLETISMO
Merlene Ottey correrá en el Europeo de Barcelona con 50 añosLa atleta jamaicana competirá en la prueba de 4x100 con la elástica de Eslovenia

La edad en sí no es un freno para un corredor; de hecho, a más edad, mayor distancia soportan. Lo absolutamente impresionante de esta noticia es que Ottey sigue corriendo en los 100 metros, no en un maratón.

jueves, 24 de junio de 2010

Que jamás me bese Helen Marnie si miento #7

70-68
Hablamos de tenis, no de baloncesto. Aunque estos dos tenistas son altos y alargados como pivots. Tal vez haya sido por eso.
Y mira que la puntuación tenística es bastante caprichosa de por sí. ¿Qué progresión lógica es esa de 15, 30, 40, punto? Estos ingleses, qué manera más extraña de inventar.
Isner contra Mahut en Wimbledon, ayer... y hoy. Once horas de partido porque les resultaba imposible sacarse los dos puntos de diferencia necesarios para llevarse el último set.
Resultado final: 6-4, 3-6, 6-7, 7-6, 70-68
Ha ganado Isner.
Por cierto, Isner juega un dobles en media hora con Querrey. También lo hará, más tarde, Mahut con Clement. No es una broma.

Y con la descacharrante noticia a Gog le ha venido a la cabeza aquella cancioncilla del también inglés Chris Rea:



lunes, 31 de mayo de 2010

Parecidos razonables #11

Óbviese la diferencia de pelo o peinado. Pero ese conjunto de cejas, ojos, nariz y boca...

El tenista Pete Sampras

Y el músico Alberto Matesanz (Mate, Plastic d'Amour)

jueves, 13 de mayo de 2010

Húngaros #14: Zoltán Gera

Zoltán Gera es un fino centrocampista húngaro que juega actualmente en el equipo londinense del Fulham, al que anoche le fue imposible ganar la final de la Europe League ante el Atlético de Madrid.

jueves, 25 de febrero de 2010

Strano mondo di tanti nomi #11

Gog se acuerda mucho de los muy grandes The Delgados, el grupo escocés con nombre en honor del ciclista ibérico Perico Delgado.

Por estas tierras últimamente se lleva adoptar el nombre de deportistas para el alias artístico.

A aquel gigantón de la selección soviética de baloncesto recurrieron los zaragozanos Tachenko, una vez que se disolvió El Niño Gusano. Es de imaginar que tras el bigotazo de Sergio Vinadé se esconde un guiño más al asunto. Acaban de sacar su cuarto disco: Os reís porque sois jóvenes (2010), que está teniendo una muy buena aceptación comercial. (En sumyspace regalan una canción.)



En Getxo andan unos admiradores del sin igual tenista John McEnroe, al que también le gusta rocanrolear como ya se dijo aquí. Estos McEnroe vascos van por su segundo álbum (Tú nunca morirás, 2009).




Y de vuelta al ciclismo, tenemos al dúo Los Lagos de Hinault, en honor del campeón francés cuando eso de dar a los pedales era un deporte honroso. Su irónico pop de salita de estar no tiene aún discográfica, así que han autoeditado Semana fantástica (2009). Buenas letras.


Habrá que ver el Tour de Francia o el Mundial, cantan los últimos. Pues eso.

jueves, 18 de junio de 2009

Parecidos razonables #7

A la espera de que Yo La Tengo ponga en las tiendas su inminente nuevo disco, he aquí el parecido que guardan Ira Kaplan y el ex futbolista del Barcelona (entre otros) Eusebio Sacristán.




(Sugerencia de un amigo muy fan de YLT y muy culé, a quien va dedicada esta entrada.)

domingo, 9 de noviembre de 2008

El arte de la versión #2 // Parecidos razonables #6: El Columpio Asesino


Lo de El Columpio Asesino con los Pixies es devoción, sin duda.

Su primer disco comenzaba con «Your Man Is Dead», que era un cruce entre «Here Comes Your Man» y «Where Is My Mind?». Por si no estuviera del todo clara la ascendencia, versioneaban «Vamos», tema que aún siguen tocando los pamplonicas en sus conciertos.

Es uno de los discos favoritos de Gog en lo que va de década por la habilidad con que están entremezclados lo digital y lo analógico —esa trompeta diáfana y elegante—, la conseguida portada y la fuerza de la eufórica «Ye ye yee» (escucharla bien alta mientras se va en coche y cantar a grito pelado eso de «Nunca tuve un sitio en el sofá de papá» deja más suave que un masaje tailandés).



En sus sucesivos discos, ECA han ido mitigando un poco la influencia y el ardor Pixies, aunque para la promoción del último, La gallina, se han hecho esta foto:


Hum, dónde ha visto Gog ese ojo antes… Ah, ya:


El otro espejo musical en el que se miran los pamplonicas es Death In Vegas.

Y ya que estamos con espejos, físicamente hay algo del futbolista Iván de la Peña en el batería-cantante de ECA, o al revés: