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martes, 18 de marzo de 2014

El monstruo de las galletas #4: Ginnels


Irlanda ganó el sábado el torneo del 6 Naciones de rugby, el día en que su dios Brian O’Driscoll jugaba su último partido con la selección. Ayer fue el día de San Patricio. Es evidente que hoy tocaba hablar de algún irlandés. 

Mark Chester es una especie de Juan Palomo. Suele componer, tocar y grabar todo él solo. Lo ha vuelto a hacer en su cuarto álbum, a excepción de las baterías, trabajo de Ruan Van Vliet. A Ginnels, que es el nombre artístico bajo el que se acaparazona Chester, se los conoció aquí el año pasado gracias al recopilatorio que el pequeño sello madrileño Tenorio Cotobade plastificó con los mejores temas de sus tres discos anteriores. Aquello resultó una buena forma de abrir el apetito, así que este reciente A Country Life (Tenorio Cotobade, 2014) entra de un bocado. En lo que parece ser una alabanza de aldea y menosprecio de corte, hay puro y fresco pop de guitarras, trenzadas con gusto y adornadas con algún levísimo toque noise («God Botheres») y tecladillos (especialmente en «Not For Moving» o en el tema inicial). A lo largo de los 14 temas va alternando momentos enérgicos y acelerados con cortes más reposados. En general, resulta muchísimo más arrebatador cuando acelera, y el álbum está repleto de esos temas instantáneos y contagiosos, sobre todo la primera cara. 



Por eso, a veces apetece posar la aguja directamente sobre el segundo corte, la exultante «Car’s Parked», para que el álbum arranque desde ahí. Y si lo que requiere el ánimo es un poco de sosiego y quietud, mejor darle la vuelta y empezar por la preciosa y emocionante canción que da título al álbum, y dejar que llegue hasta el final. 

Para ilustrar la portada, han escogido la obra de Jan Dirksz Both Italianate Landscape with an Artist Sketching from Nature, que se muestra en todo su esplendor en la edición en vinilo. Especialmente logradas han quedado las galletas, elgantes y serenas; tipografía clásica sobre un fragmento de cartografía también clásica: 


domingo, 8 de diciembre de 2013

Ette aquí #51 // Cosas de hermanos #54: The Royalettes

Hay tres lugares, primordialmente, donde encontrarse con un león: en la sabana africana, en un zoológico o en la pantalla de un cine si se trata de una película de la Metro. Hubo un tiempo en que también podía verse al rey de la selva en las galletas de los vinilos, pues la MGM abrió una sucursal discográfica para dar salida a sus bandas sonoras, si bien llegó a tener un catálogo ajeno al mundo del cine. En 1964, por ejemplo, puso en manos del productor y compositor Teddy Randazzo —conocido por su éxito con Little Anthony & The Imperials— a The Royalettes, un cuarteto femenino de Baltimore formado por Terry Jones, Veronica Brown y las hermanas Sheila y Anita Ross. 


Pese al concepto de banda de chicas en los 60, su sonido como tal sólo se aprecia en sus dos primeros singles grabados para Chancellor, «No Big thing» (1962) y «Blue Summer» (1963). Randazzo las derivó hacia un soul elegantón y sofisticado, muy orquestado y arreglado. Su mayor éxito lo consiguieron al tercer intento con MGM, la balada It's Gonna Take a Miracle, que versionearía tiempo después Laura Nyro, entre otros. Grabaron dos elepés: It's Gonna Take A Miracle (MGM, 1965) —que también contenía su otro éxito, «I Meet Him»—, y The Elegant Sound Of The Royalettes (MGM, 1966), que se abría de esta forma tan sedosa:
 

Sin embargo, de este segundo álbum ningún tema cuajó con igual éxito. Un año después grabaron, ya en otra discográfica, el que sería su último single antes de disolverse: «River Of Tears» (Roulette, 1967). Sheila Ross lo intentó en solitario en la década siguiente.


[Discografía completa]

jueves, 14 de junio de 2012

El monstruo de las galletas #2: Life's Too Good

Pasan los años y a Gog no se le olvida la impresión que le causaron, al sacar el vinilo de su funda por vez primera (1988), aquellos grandes números impresos en la galleta del debut de The Sugarcubes: 1-5 en la cara A, 6-10 en la cara B (lógica aplastante se le llama eso). Tampoco olvida aquellos muñecotes que los acompañaban; pero sobre todo esos números, la forma en que anunciaban una y otra cara. 

 



Por si hay alguien que no está al tanto, esta banda islandesa fue la cuna musical de la archifamosérrima Björk; desde el primer minuto de su nacimiento consiguieron llamar la atención, incluso poner de acuerdo a ingleses y a estadounidenses. «Birthday» fue un viento musical novedoso que se extendió por el mundillo alternativo y que puso a Islandia en el mapa. En realidad, los tres primeros temas eran un trallazo tras otro: 

> Traitor era deslumbrantemente poderosa y oscura. 
> Motorcrash narraba un sangriento accidente de tráfico con la voz infantil de Björk y a un ritmo paradójicamente feliz. 
> Birthday llevaba ya muy marcada la personalidad de ella, que es lo que le confería al tema ese toque diferente a los demás, con sus gorjeos y sus histrionismos vocales. (Por cierto, es de las pocos temas del disco que cantaba ella sola, pues en casi todas los demás aparecía también la voz de Einar Örn.) 

Escuchado hoy, el álbum ha aguantado muy bien el paso del tiempo. Nunca el hielo fue tan cálido. Ni los azucarillos cobraron tanto sentido, porque eso debe ser la canción pop perfecta: un pequeño azucarillo que endulce y se deshaga antes de pasar al siguiente.

Los coleccionistas tienen en él una codiciada pieza, pues además de la edición normal en verde, Life's Too Good (One Little Indian) se publicó en azul, amarillo, naranja y rosa. 


martes, 28 de febrero de 2012

Género chico #20

Tarde en la tal vez más polvorienta y destartalada tienda de segunda o quinta mano que exista en la ciudad. Botín, cuatro sencillos: 

> TINA CHARLES: I Love To Love (But My Baby Loves To Dance/Disco Fever (CBS, 1976). 
A Gog le gustaba mucho este temazo disco de finales de los 70 con su bien de violines, pero lo que realmente le hizo llevárselo el otro día es que en la galleta de la cara A la antigua propietaria tenía escrito a bolígrafo: «Amar y no ser amada o esperar y que nunca llegue». 
El título de la cara B lo dice todo. 

> RINGO STARR: Back off Boogaloo/Blindman (Odeon, 1972). 
¡Guau, menuda sorpresa! Porque Gog desconocía esta pieza recargada pero poderosísima del escarabajo aporreador. Empieza la batería, claro, y su presencia se mantiene abrumadora durante los tres minutos mientras alterna con coros estupendos, teclado chispeante y George Harrison a la guitarra, quien además la produjo. Al parecer el propio Ringo explicó que se le ocurrió el título cenando con Marc Bolan, que repitió varias veces la palabra boogaloo durante la velada. Este tema no se incluyó en ningún álbum, hasta la reedición de Goodnight Vienna. La cara B del single es una rayada experimental que no carece de interés. 
El vídeo, otro descubrimiento, es entrañable hasta la delicia. 



> THE MONKEES: I’m a Believer/Steppin’ Stone (RCA Victor, 1967).
Qué gusto volver a experimentar aquella fascinante sensación cuando dabas la vuelta a un single recién comprado y resultaba que la cara B era mucho mejor aun que la titular. En este caso en concreto, la fuerza de «Steppin’ Stone», un desparrame de palmas, órgano y coros, se come a la versión del afamado tema de Neil Diamond.
Les tenía ganas Gog a The Monkees últimamente. The Monkees era ese grupo que se formó de manera artificial para rivalizar con los Beatles en EEUU a través de una comedia televisiva creada expresamente con fines comerciales. Al principio ni siquiera tocaban ellos los instrumentos. Luego, en un ataque de dignidad, decidieron hacerse músicos, aunque las dudas y el sambenito siempre les persiguieron. El caso es que hace poco Gog comenzó a interesarse más por ellos después de leer la siguiente anécdota: cuando le tocó el turno a Micky Dolenz para pasar el casting que se anunciaba en el periódico, entró en una sala donde había una mesa con varias botellas de Coca-Cola vacías; por detrás, completamente a oscuras, acechaban Bob Rafelson y Bert Schneider, los productores de la serie; Dolenz se acercó a la mesa con su sempiterna sonrisa, movió una de las botellas y dijo «Jaque mate». Le contrataron inmediatamente para interpretar a uno de los miembros de la banda. 

> ART GARFUNKEL: In a Little While (I’ll Be on my Way)/And I know (CBS, 1979).
Dos canciones melódicas sin ninguna trascendencia.