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lunes, 30 de octubre de 2017

Como decíamos ayer #28: Peter Perrett


Peter Perrett, otrora líder de los legendarios The Only Ones, ha regresado veinte años después. Vuelve para traernos paz, cordura, para reconfortarnos. Es como si hubiese estado todos estos años en busca de la piedra filosofal y hubiese vuelto recubierto de una sabiduría ancestral, que vierte ahora a través de su música no sin cierta socarronería, mucha lucidez y un temple entrañable. "How The West Was Won", "Hard To Say No" y "Troika" son los hitos más sobresalientes en ese camino:

Just like everybody else I'm in love with Kim Kardashian
She's taken over from J. Lo as my number one [How The West]

Some people they are writers
Others avid readers
Some absorb like vampires
And some are bleeders [Hard]

Then came the final test, she was different from the rest
Just like I said "This must be true love forever and ever"
An' you smiled mischievously as you introduced her to me
And said you wanted us to be one big happy family [Troika]

Entre la banda de cachorros que lo acompaña, figuran sus hijos Peter Jr (bajo) y Jamie (guitarra solista).

lunes, 26 de diciembre de 2016

Como decíamos ayer #27 // Sales en mi canción #92: Wreckless Eric

Wreckless Eric pertenece a una generación de talentos que quizá no hayan cambiado el devenir de la música, pero le han aportado un poso y una personalidad que algún día habrá que calibrar convenientemente. Décadas después de sus primeros pasos y sostenidos desde entonces por una cohorte de fieles seguidores, el mentado Wreckless Eric, Nick Lowe, Elvis Costello, Graham Parker y Robyn Hitchcock continúan haciendo discos infalibles, preñados de clase, templanza y dominio. Nacidos todos ellos en Inglaterra entre 1949 y 1954, los cuatro primeros comenzaron en el legendario sello Stiff; por su parte, Hitchcock pertenecía a un círculo más cultivado y exquisito, pero por edad y similitudes musicales es compañero de estirpe. Representan la quintaesencia de lo británico; sin embargo, es curioso que todos hayan sentido en algún momento la llamada de las sirenas estadounidenses y allá que se ha ido. De hecho, la mayoría vive allí.

Wreckless Eric, afincado en Nueva York, ha publicado un soberbio álbum titulado amERICa (Fire Records, 2016), en el que traza una mirada crítica desde su atalaya de inglés emigrado. Por supuesto, es un disco ajeno a modas, personal, construido con sabio clasicismo y a la vez lleno de detalles en cada uno de sus cortes. Llaman especialmente la atención los efectos de los coros o las líneas de teclado (piano, órgano, etc.) que surcan los temas, como en «Several Shades of Green» o «Property Shows». 


El álbum —de portada desplegable en su edición en vinilo— se cierra con un paisaje conmovedor de unos Estados Unidos de trenes que lo cruzan y el panorama de sus típicos chalets, mientras resuenan en la memoria melodías de algunos de sus artistas a modo de paisaje musical:

Have a great day they say 
hope you like snow they say 
these colours don’t run they say 
fun fun fun 

Chuck Berry  
the Velvet Underground 
Jimmy Reed 
the Beach Boys and the Gold Star sound 

Judy In Disguise [tema de John Fred & His Playboys] 
Bobby Gentry’s Mississippi sky 
trains rolling by 
Sears bungalow homes

domingo, 21 de diciembre de 2014

Como decíamos ayer #26 // Discos con portada con discos #72: Blancmange

Lo bueno de irse es que siempre se puede volver. En el mundo de la música, este viaje de ida y vuelta se da en los últimos tiempos con tanta frecuencia que apenas quedan ya regresos que anotar. Bandas que decidieron agotar su andadura musical por la razón que fuera y que ahora ven la oportunidad de recoger réditos de nuevo. Y no importa si se trataba de grupos de contrastada notoriedad o algo menores en cuanto a acogida pública. 

Tal es el caso de Blancmange, el dúo londinense formado por Neil Arthur (voz) y Stephen Luscombe (teclados). Pertenecientes a la época gloriosa del synth pop de los años ochenta, su nombre nunca saldrá a la primera a la hora de citar bandas señeras del género: Depeche Mode, Human League, OMD, Yazoo, Soft Cell… Tal vez pueda aparecer en una segunda ronda y siempre y cuando seas un conocedor del tema. En los ocho años de existencia (1979-1987) que tuvo esta banda con nombre de postre gelatinoso, publicaron tres álbumes; desde 2011, fecha de regreso, hasta hoy, llevan dos discos más. 

Bueno, en realidad habría que precisar bastante respecto al segundo de ellos. Happy Families Too… The Story So Far (Cherry Red, 2014) es su album de debut —Happy Families (Island, 1982)— grabado de nuevo, con un tema extra que no estaba en el original más cuatro remixes (el mejor de ellos realizado por Vince Clark). Según Arthur, querían abordar de nuevo esas canciones pero utilizando la tecnología actual. 


Esa idea de hacer “lo mismo pero diferente” está presente desde la portada. Aparentemente es igual, pero se ha modernizado: idénticos animales, idéntico paisaje, idéntica composición, pero ahora la casa es una construcción moderna, hay un cohete al fondo y los personales llevan escafandras espaciales; además, el gato que está pinchando música en la jira campestre maneja dos platos de DJ en vez de un gramófono.


sábado, 26 de julio de 2014

Cosas de hermanos #62 // Como decíamos ayer #25: Close Lobsters

La recopilación que la revista New Musical Express y el sello Rough Trade comprimieron en un cassette en 1986 tiene más de mítica que de verdadero valor artísitico; es más un regodeo y una fruición para historiadores del pop. La selección era irregular y, curiosamente, en bastantes casos el sonido era mucho más duro que el sonido con que el posteriormente se asoció la etiqueta C86, es decir, un twee pop blandito, de guitarras melodiosas y un ligero toque naíf. Los originales del C86 eran hijos musicales de bandas provenientes del punk y del post-punk (v.g., Television Personalities), sobre todo las escocesas (Orange Juice, Aztec Camera, Josef K…), que sí tienen un merecido podio en la historia. De aquellos 22 grupos emergentes del indie británico —un hype en toda regla de cuando el indie era indie—, ¿cuántos perduraron con auténtico peso específico? No nos engañemos, el asunto se reduce a poco más que The Wedding Present y Primal Scream. La mayor parte de aquellas bandas yacen el olvido más absoluto, en muchos casos con justicia. ¿Quién se acuerda de, por ejemplo, Bog-Shed o A Witness más allá de haber sido una referencia de aquella selección? En un terreno intermedio quedaron un par de bandas; no han llegado nunca al escalafón más alto pero siempre han estado presentes de alguna manera y, en su medida, han llegado a influir en grupos posteriores: The Pastels y Close Lobsters. 


De Escocia también eran los hermanos Burnett (vocalista y bajista), que junto al batería Stewart McFayden y los guitarristas Tom Donelly y Graeme Wilmington no acababan de decidirse por un nombre para el grupo. Andaban indecisos entre The Close y The Lobsters, así que… Un año después de aparecer en el C86 con «Firestation Towers» publicaron su debut en largo —Foxheads Stalk This Land (1987, Fire)—, un magnífico manual de jangle pop brillante y lleno de chispa. Todo aquello únicamente sirvió para grabar otro álbum dos años más tarde y dejar para la posteridad un puñado de singles, un par de EP y algún recopilatorio posterior. En 2012 el quinteto se reunió para volver a tocar juntos a ver qué se sentía y empezaron a dar algunos conciertos; este año nos han sorprendido publicando, de momento, un 7’’ apoteósico, de título Kunstwerk in Spacetime EP (Shelflife, 2014). Lo de llamarlo EP quizá se deba a que con la compra del single «Now Time/New York City in Space» te regalan en versión digital dos remixes de la cara A (que como buenos remixes apenas aportan nada). Como el propio sello se encarga de publicitar, es la primera grabación original de Close Lobsters desde 1989. Para ello han puesto mimo y gusto al editarlo —vinilo de 70 gr de precioso color burdeos y con funda interior —, todo lo cual serviría de poco si el contenido no mereciera verdaderamente la pena. 

¿Y qué tienen de especial estos temas? Pues es sencillísimo de resumir: «Now Time» debería constar al final del año en cualquiera de esas listas al uso que elabora mucha gente cuando llega el mes de diciembre. El tema comienza con un punteo reposado de guitarra, entra la batería al poco tiempo en crescendo y cuando lo hace la voz es directamente para tararear el estribillo, un nananananana antológico que se te pega más que el velcro.
 

En la cara B, otro corte para enmarcar. En una línea algo más americana, tanto en sonido como en temática (citan al legendario antro CBGB's), al igual que la fotografía de la portada, obra de Joe Foley. 

viernes, 18 de abril de 2014

Como decíamos ayer #24 // ¿Y tú de quién eres? #19 // Cosas de hermanos #60: Neneh Cherry


«Soy Neneh Mariann Karlssson —Neneh Cherry—, hija del percusionista africano Ahmadu Jah, criada por mi padrastro Don Cherry, señor del jazz, heredera de su nombre, hermana de la cantante sueca Titiyo Jah, hermanastra de varios artistas de jazz, esposa del músico y productor Cameron McVey —también conocido como BoogaBear—, pionera del trip-hop y colaboradora de renombrados conjuntos: The The, Massive Attack, Pulp, Gorillaz… Hacía casi veinte años que no grababa un disco en solitario, pero aquí estoy de nuevo y muy orgullosa de ello.» 

Blank Project (Smallsound Supertown, 2014) es un espectacular paisaje sonoro de electrónica experimental, rap y algo parecido al soul (lo que sin duda brota a chorros es mucha alma), en el que unas percusiones duras y tribales se entremezclan con sintes penetrantes y oscuros (produce Four Tet). Las letras de Cherry, cantadas con apasionamiento, se muestran llenas de aplomo y confianza; Leave alone but don’t leave me lonely canta en «Blank Project», y dos cortes más allá no se cansa de repetir leave me alone, leave me alone. Esperemos que ella no nos deje de nuevo solos tanto tiempo.

jueves, 20 de febrero de 2014

Discos con portada con discos #65


The Carpettes: Fair Play to Em (Waveform, 2002). Trío de nervudos muchachotes haciendo punk rock desde Estados Unidos. Grabaron dos discos (1979 y 1980) y desaparecieron del mapa. Regresaron inopinadamente más de veinte años después con este álbum de onda ramoniana.

Cornershop: Urban Turban (Ample Play, 2012). Atinado título para el hasta el momento último disco de la pareja indo-británica.

The Strokes: The End Has No End (Rough Trade, 2004). CD single que incluía una versión en directo del "Clampdown" de The Clash.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Como decíamos ayer #22 // Género chico #56: Los Caramelos


Igual que uno no espera que un día al sol le dé por salir por poniente, nada hacía presagiar o presuponer que Charlie Mysterio volvería alguna vez a publicar más canciones como Los Caramelos. El milagro acaba de suceder. 

Se trata de cuatro temas incluidos en un 7’’ de radiante azul piscina. La edición —reducida a una tirada de 210 ejemplares— es la segunda referencia de Bobo Integral y ha pillado a todo el mundo con el paso cambiado. En cada cara, un tema instrumental y otro cantado, con el peculiar e inconfundible sonido de siempre al frente, como si no hubiera transcurrido una docena de años desde que se publicase su único disco, Los Caramelos 1988-199 (Spicnic, 2002), que ni siquiera era un álbum ad hoc, sino una recopilación de temas que tenía grabados de toda aquella época. 

¿Son estos cuatro temas grabaciones nuevas o estamos ante otros tantos rescates que aguardaban en el fondo de un baúl? El misterio, como siempre con él, sigue intacto. La voz parece más grave, así que cabe suponer que han pasado los años. Además, en el primer corte, «Voyager 1» hay unos desconocidos jugueteos electrónicos, que se entremezclan con esa guitarra playera de Charlie Mysterio capaz de mecer hamacas y mover palmeras. Por otra parte, los referentes culturales siguen ahí; si en la cara A se acuerda de la sonda espacial, en la B hace lo propio con la actriz y cantante Soledad Miranda, cuyo nombre sirve de título al otro instrumental, que está sostenido por unos punteos diáfanos y emocionantes mientras unas palmas les jalean. Para cerrar el EP, otra de esas delicias pop atemporales tan suyas. «Índice corazón» desgrana en su letra algunas de esas características de las que está desprovisto un loser irredento. Y el oyente, como dice una línea del estribillo, también se siente desprovisto de la nitidez para entender fracasos.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Como decíamos ayer #21 // Ellas llevan el ritmo #50 // El batería es el cantante #11: The Pastels


The Pastels es uno de esos grupos en que mítica y verdadero valor luchan ardorosamente por ver cuál de los dos tiene más razón de ser. Este año han publicado Slow Summits (Domino); aunque salió ya hace unos meses, fue tal la repercusión mediática, que Gog prefirió dejarlo enfriándose para calibrarlo con más calma y reposo. De todas formas, no podía pasar sin atenderlo, porque contiene ingredientes que lo encajan a la fuerza en varias secciones de este blog: la banda escocesa llevaba 16 años de silencio discográfico, la batería la toca una mujer —Katrina Mitchell—, que además canta en algunos temas, incluso en directo mientras bate bombos y platillos. En esta ocasión, ella lleva la voz cantante en cuatro cortes, y junto al fundador original, Stephen McRobbie, componen a medias el álbum.


Por otra parte, el reposo aludido hace un momento se hacía especialmente necesario en este caso, un trabajo de estudio demasiado marcado por esa pieza de pop estratosférica que es «Check My Heart», que desde el primer momento no hacía sino devorar a las ocho restantes que componen el álbum con ese pegadizo y emocionante chk, chk, chk del estribillo.



En conjunto, es un álbum tranquilo como un remanso, con apenas un hilo de agua corriendo por una acequia; está arreglado con delicadeza bajo la supervisión del legendario John McEntire, y por él, finamente orquestados, fluyen flautas, trompetas, teclados, violines, etc. A veces, una punta preciosista de más. Las letras son muy sencillas —cielo, lluvia, verano, café, ventana, sol…— y están impregnadas de nostalgia y evocación.

Como experimento, pruébese a escuchar el disco alterando la secuenciación, de formas que «Check My Heart» vaya al final. Da la impresión de que así el resultado es más arrebatador. 

Es evidente que hay una resurección por la cosa Pastels hoy día. Bandas actuales como This Many Boyfriends componen temas de título bien explícito: «I Don't Like You ('Cos You Don't Like the Pastels)». También se acuerdan de ellos en Japón, país muy dado al palo ceochentayséis, como Flipper's Guitar y su «Pastels Badges». Y que influyeron ya en sus comienzos lo demuestra que aparezcan citados en coétaneos como The Pooh Sticks en «On Tape»: I've got The Pastels' Song For Children

viernes, 7 de junio de 2013

Como decíamos ayer #20: The Ocean Blue


Esta persistente querencia de Gog en los últimos tiempos por los discos épicos y románticos —por ejemplo, Wild Swans— no quiere atribuirla a cuestiones de edad, que todo lo templa y suaviza, sino a que en su ADN perviven trazas imborrables de aquellas escuchas infinitas de Echo & the Bunnymen o los discos en solitario de Ian McCulloch. Gog ahora se encuentra subyugado con el regreso de The Ocean Blue, estadounidenses de origen, pero también con los genes petados de los Echo, los Smiths y toda esa cuerda mítica. De hecho, en sus años de instituto comenzaron versioneando a esas bandas, y a Cocteau Twins, New Order… Firmaron con Sire y, claro, se los llevaron a Londres grabar el primer álbum, The Ocean Blue (1989). Más ensoñador y atmosférico fue el siguiente, Cerulean (Sire, 1991), que contenía esa preciosidad titulada Ballerina Out of Control, que llegó a tener cierta repercusión en las emisoras de radio americanas justo antes de que el tornado del grunge se llevara por delante cualquier otra escena. La última grabación para Sire fue Beneath the Rhythm and Sound (1993); abducidos por algún dios polar, les entró una curiosa fascinación por el frío y viajaron hasta Islandia para rodar el vídeo de «Sublime»:


En 1996 Oed Ronne se unió a los dos miembros fundadores, David Schelzel y Rob Minning, lo cual impulsó de nuevo el sonido de las guitarras del principio y dejar algo aparcacados los sonidos de sintetizador. Aunque See (Polygram, 1996) apenas pudo dejar huella porque The Ocean Blue fue una de las numerosas bandas afectadas por las fusiones de las discográficas que se produjeron en aquella época, con las consecuentes purgas. Afortunadamente siempre ha habido pequeños sellos, nunca suficientemente ponderados, llenos de gusto y bienhacer, como March Records, que en 1999 recuperó a la banda con la grabación de Davy Jones Locker. La experiencia entre los hielos árticos de años atrás no debió de ser mala, porque en este álbum se incluía Denmark, densa pero nítida, supurando el estilo de los Echo por cada nota. 

Y poco más. El siglo XXI apenas ha producido noticias sobre ellos. La más llamativas son que Minning abandonó y que en 2010 ellos mismos subieron a Youtube la aún inédita «City Traffic», una canción que habían compuesto en 1993 expresamente para la banda sonora de la película Naked in New York (con Eric Stoltz y producida por Scorsese), que por motivos desconocidos se sustituyó en el último momento por dos temas del tercer disco.


Y aquí estamos ahora con Ultramarine (Korda, 2013), el primer álbum que graban en catorce años y que encima podría catalogarse como el mejor de su carrera. Schelzel, de nuevo más McCulloch que Morrissey, canta más profundo, vulnerable e intenso que nunca. Idéntico efecto se produce en el sonido: épico y embelesador, con guitarras trabajadísimas, pletóricas, llenas de emoción. 



Disco otoñal llegado en una primavera que no ha existido, que en verano refrescará nuestras siestas y en invierno nos caldeará el ánimo. Todo un océano para nosotros este año. 

Fa-Gog-ritas: «Sad Night, Where Is Morning?», «New York 6AM», «A Rose Is A Rose»

lunes, 13 de mayo de 2013

Como decíamos ayer #19: OMD

David Bowie, My Bloody Valentine, Daft Punk, tres inesperados regresos discográficos con un complejo, vasto y estruendoso ruido mediático a su alrededor. Con una puesta en escena mucho más modesta, sin tanto aparato, mucha menos literatura y, en comparación, pequeñísima atención, también este año han publicado álbum, un estupendo álbum, Orchestral Manoeuvres in the Dark otros veteranos con rango en plaza en su género, el synth pop. 


Si los tres citados en primer lugar han vuelto —con menor fortuna de la aclamada popularmente, en opinión de Gog—, haciendo lo que saben hacer, Andy McCluskey y Paul Humphreys también han considerado que, a estas alturas, la verdad, para qué complicarse la existencia; como si hubieran cavilado: «Si somos OMD y vamos a volver, hagamos de OMD y hagámoslo bien». Y han vuelto a la casilla de salida; se les podría situar con mayor exactitud entre Architecture & Morality (1981) y Dazzle Ships (1983). «Helen of Troy», de hecho, parece una nueva «Joan of Arc». Y si siempre les persiguió el sambenito de ser unos Kraftwerk más accesibles y humanizados, aquí, definitivamente, no parece importarles demasiado la comparación y el acercamiento al combo de electro de Düsseldorf es total. «Metroland» recuerda a «Neon Lights» o a «Europe Endless», y el inicio de «Kissing the Machine» es puro Kraftwerk, que para algo está compuesta a pachas con el mismérrimo Karl Bartos en persona. Son magníficas.

(En la versión del álbum se les ha ido un poco la mano con el minutaje.)

Por su parte, la voz de McCluskey continúa emocionando, sigue siendo ese latido lleno de épica y sentimiento que sobresale entre los sonidos pulsados y geométricos de los sintetizadores. En un par de temas, cede el micrófono a Claudia Brücken, la cantante de Propaganda, que también consigue aportar esa parte vívida de los temas de OMD. 

Sin duda, English Electric (BMG, 2013) es un álbum que, pese a no contener un hit del tipo de sus clasicazos, no desmerece del pasado de la banda y que por su calidad debería llamar la atención de las generaciones más jóvenes. Si ya eras un degustador de OMD, «Night Cafe» te retrotraerá en el tiempo y volverás a ser feliz; si acabas de conocer a esta pareja de liverpoolianos, es posible que «Dresden» te parezca una cancionzaca.

miércoles, 17 de abril de 2013

Como decíamos ayer #18 // Sales en mi canción #56: Tom Tom Club


Doce años sin saber de ellos y cuando por fin Tom Tom Club sacan material nuevo, resulta que pasa incomprensible y casi totalmente desapercibido. Gog se ha enterado hace unos días, y de casualidad, del EP que grabaron en otoño del año pasado, Downtown Rockers (Earmusic, 2012). 

También es el título del tema inicial, una pieza de dance-rock reforzada por una guitarra y un teclado firmes y correosos. Entre medias de la letra, cantada por Tina Weymouth, Chris Frantz inserta a modo de spoken word una lista con los nombres de bandas y músicos de la escena del Lower East Side neoyorquino. 

Downtown rockers I remember you:

The Velvet Underground, The Modern Lovers, New York Dolls, Patti Smith, The Ramones, Television, Suicide, Blondie , Richard Hell, John Cale, The Cramps, The Urban Verbs, The Heartbreakers, B-52’s, The Dead Boys, The Shirts, Talking Heads 

Eso es un dream team y lo demás son tonterías.

El resto de temas es una orgía de ritmos funk como suelen, grabados en su estudio casero en improvisadas jam sessions, el mismo sistema que emplearon para el Remain in Light (Sire, 1980) de Talking Heads, en palabras del propio Frantz. En el segundo corte, «You Make Me Rock and Roll», colaboraron los hermanos Bergman, de Wild Belle, ella a los coros y él al saxo. Ha habido dos ediciones, digital y en vinilo. La primera lleva remixes de los cinco temas y, además un tema extra, una I.M.P.R.E.S.I.O.N.A.N.T.E. versión del «Love Tape» de los españoles The Pinker Tones (¡!), que ya era bailable en origen pero que los Tom Tom Club han convertido en lo que debería ser un rompepistas.



La edición digital puede escucharse aquí en stream.

lunes, 1 de abril de 2013

Ellas llevan el ritmo #38: Jola


Adam Ant —sí, el legendario Adam Ant— cada día se parece más al Johnny Deep de Piratas del Caribe. Lo curioso del caso es que este parecido ha sucedido en sentido inverso: Adam Ant replicando al corsario de Johnny Deep, quien imitó la estética de Adam Ant para su papel. La noticia es que Adam Ant ha vuelto. No grababa material nuevo desde 1995; para poner título a su regreso fonográfico no ha optado por la síntesis o el compendio: Adam Ant Is The Blueblack Hussar In Marrying The Gunner's Daughter Band (Relativity, 2013). Pese al a priori perezoso que pueda suponer un nuevo álbum de Adam Ant, es un trabajo bastante digno y al menos puede escucharse. E incluso ha salido de gira con él. Para la banda que lleva en los conciertos, cuenta con una baterista glamurosa y notable llamada simplemente Jola. 


Jola es también la percusionista de Sailplanes, cuarteto londinense que practica art rock, es decir, tendencia a la experimentación, largos y sinuosos desarrollos y una pátina de intelectualidad. Un género, en fin, susceptible las más de las veces de lindar con la brasa. En la web de Sailplanes permiten la descarga de algunos de sus trabajos. Y para muestra aquí, este tema inspirado en Copenhague:



miércoles, 20 de marzo de 2013

A mí no hace falta que me cambies el plato #40

Algunas portadas con la cocina como leitmotiv fotográfico:

Townes Van Zandt: At My Window (Suhar Hill, 1987). Los vaqueros también cocinan, aunque sólo sea unos huevos con beicon.

Marshall Crenshaw (Warner, 1982). El debut de quien durante un tiempo fue la gran esperanza del power pop. Someday, Someway estaba bastante bien.

Charlie: Kitchens of Distinction (Voiceprint, 2009). Banda de jazz-rock de los setenta que solía adornar sus cubiertas con fotos de chicas con mucha piel a la vista. Treinta años después volvieron con este otro concepto.

UB40: Rat in My Kitchen (Virgin, 1986). Vendieron discos como churros. No hay tienda de segunda mano que no disponga de al menos un ejemplar de su Labour of Love.


Don Henley: I Can't Stand Still (Elektra, 1982). El miembro de los Eagles que más éxito tuvo en solitario. Este fue su debut. El single  Johnny Can't Read contribuyó lo suyo a desgastar la aguja del tocadiscos de Gog, para qué negarlo. Ese teclado insistente le volvía loco.

Adenda [31 de marzo de 2013]: El comentario vertido por Ticket Loser en este post, hace obligado el siguiente añadido.


Ivy: Apartment Life (Sony 550 Music, 1998). El delicioso segundo álbum de la banda neoyorquina tuvo una edición especial con diversos remixes al año siguiente de su primera publicación. Para la portada de esa edición, se cambió la cubierta original: se sustituyó la foto de Dominique Durand maquillándose por una de las fotos que aparecía en el interior del libreto primigenio.

martes, 4 de diciembre de 2012

Como decíamos ayer #15: Kid Creole & The Coconuts


El humor no es un valor que consideren demasiado en la academia hollywoodiense a la hora de oscarizar al personal. ¿Una peli sobre el hundimiento de un barco con miles de pasajeros a bordo? Oscar inmediato. ¿Un actor interpretando a un enfermo terminal de cáncer? Otro tanto. Y así. En realidad el humor no goza de una pátina de seriedad artística en casi ningún campo, excepto en el Club de la Comedia. La comedia siempre ha sido lo inferior, lo bajo, lo corrupto. ¿En pintura? Mejor hablemos de Rothko. ¿En literatura? Miguel Mihura, Rabelais, qué cachondos, los tíos, y ya. En El nombre de la rosa la acción la desencadena el monje ciego que considera la risa como un pecado. Pues intentad hacer reír a alguien y veréis que no es nada fácil. Es mucho más difícil hacer reír que hacer llorar. 

August Darnell nació en agosto, así que aunque parezca un chiste, de ahí su nombre. Sus padres, un dominicano y una canadiense, otros cachondos. De casta le viene al galgo, porque el propio Darnell, después de unos primeros proyectos musicales insatisfactorios, se rebautizó como Kid Creole inspirado por la peli de Elvis Presley King Creole (1958). Para la imagen, el estro le vino de Cab Calloway. Y en el plano musical, unas muy diferentes influencias conformaron una ensalada que aderezó con su desparpajo y su sonrisa profidén: música disco, ritmos tropicales (mambo, conga), ambientación de big band y coristas con bastante pierna a la vista, comandadas por su mujer, Addy Kaegi, que se ocupó de la coreografía y el vestuario hasta su divorcio en 1985. Todo ello conformaba una imagen un tanto frívola que siempre ha hecho que la crítica circunspecta desviara su atención hacia cosas más «serias» y nobles. 


El pelotazo lo pegó con su tercer álbum, menos logrado en conjunto que los dos primeros, pero que se abría con la irresistible «Annie, I’m Not Your Daddy». El año pasado regresó, fiel a sus preceptos musicales, con I Wake Up Screaming (Strut, 2011), que es uno de sus mejores discos si no la cima de ellos. Llegó diez años después de su anterior álbum de estudio. Contiene, al menos, tres temas pletóricos: «I Do Believe», que tendría que estar sonando en todas las fiestas del planeta; «Stony & Cory», el inicial, con esa inconfundible guitarra funky tan entrañable sobre picoteos de teclado; o «Attitude», de ritmo sostenido irresistible; y el resto del trabajo mantiene el nivel. Su hermano Dario le echa una mano.


Disco saladísimo, de estimable calidad, que hará pasar un rato grande a quien lo escuche. Ponedlo en el coche, mientras cocináis, en cualquier fiesta… o siempre que queráis combatir el aburrimiento y la desidia. A reivindicar con la cabeza muy alta. Y encima todavía podemos seguir usando el chiste que circulaba entonces: eso te queda más ancho que los pantalones de Kid Creole. 

sábado, 18 de agosto de 2012

El arte de la versión #60

Se amontonan varios discos de versiones entre las novedosas novedades de 2012, así que vamos a despachar unos cuantos en un solo paquete para no demorarlos más. En el trío escogido, todos tienen en común que hay chica al frente; dos tienen la curiosidad añadida de tratarse de sonados e inesperados regresos después de bastantes años en el limbo. 

> Allo Darlin se ha presentado este año con su segundo álbum, Europe (Slumberland); quien fuera de los primeros en comprarlo en Rough Trade, se le regalaba el Covers EP que nos tiene aquí entretenidos. 
El método artístico aplicado a las versiones por el cuarteto londinense parece haber sido vestir al desnudo y desnudar al vestido. Comienzan con una pulcra interpretación del «Dive Your Memory» de The Go-Betweens. A «Atlantic City» le ponen una batería que, es muy sabido, no existe en el crudo original springsteeniano. En «I Wanna Be Sedated», Elizabeth Morris canta como si llevara un par de myolastanes encima, acompañada tan solo por un ukelele; e idéntico tratamiento de reducción para el jevilongo «You Shook Me All Night Long», de AC/DC: ukelele y dulce voz. Y completísima recreación del «Wu Tang Clan» de Darren Hayman en su época de The French.


> ¿Hay alguien que aún se acuerde de aquella chica que en 1989 se presentó «cruda como el sushi»? No será por lo escasamente dado que es Gog al orientalismo gastronómico, pero debe reconocer que aquel disco yace sepultado en alguna de las cajas que guarda en un armario con los cedés que hace tiempo dejó de poner. 
El caso es que Neneh Cherry tuvo una fulgurante ascensión durante un par de discos con su rap y pre-triphop, al punto de que llegó a ser tendencia en un tiempo en que aún no se estilaba tal expresión. Tuvo su cuarto de hora de modernidad absoluta, y gran olfato al hacerse ayudar por unos tal Del Naja y Barrow. En 1996 grabó su último álbum en solitario; en la década siguiente grabó un par de cosas en compañía de otros, algo que ha vuelto a hacer este año. Para ello se ha unido al trío sueco de free jazz The Thing. La historia es mucho menos extraña de lo que pudiera parecer: ella nació y reside en Suecia; ellos llevan de nombre artístico el de una composición del trompetista Don Cherry, padrastro de ella. Así que nada rechina en este proyecto; al contrario. La voz de Cherry se hace valer extraordinariamente entre los vaivenes jazzísticos de The Thing. Eso sí, para el disfrute pleno del disco se precisa una alta capacidad de aguante ante la extracción de una muela sin anestesia o ante el free jazz, lo que viene a ser parecido. Versionean de Ornette Coleman a The Sooges, pasando por Suicide, cuyo Dream Baby Dream es la pieza que mejor parada sale. 


(Gog no se resiste a poner un enlace al vídeo del dueto de su adorado Matt Johnson [The The] con Neneh Cherry, en 1986, es decir, cuando ella aún era una desconocida: Slow Train to Dawn.)

> The Primitives, aquel grupo de guitarras indies y cantante femenina de cabellera rubia, concepto que tanto juego dio en los ochenta (Transvision Vamp, The Darling Buds, etc., sin contar con el paradigma de todos ellos, Blondie). Fueron aún menos prolíficos que Neneh Cherry. Publicaron tres discos entre 1988 y 1991, hasta hoy. El regreso, el consabido álbum de versiones. Lo curioso: Echoes & Rhymes se lo ha sacado el sello español Elefant. La premisa impuesta por la propia banda: versionear únicamente temas pulicados en 7’’ y cantados por mujeres. Bow Bow Bow, Jackie DeShannon, Shocking Blue… y alguna que otra actriz, como la acanalada Dana Gillespie o la lolita Sue Lyon, cuyo contagioso Turn off the Moon les sirve a los de Coventry de presentación. El disco, de mirada retro, tiene bastante frescura, y cada uno de los catorce temas elegidos viene comentado por el guitarrista Paul Court. 


martes, 3 de abril de 2012

Como decíamos ayer #13 // Ellas llevan el ritmo #23: Imperial Teen

Cuando apenas nadie se acordaba de ellos ni se les esperaba ya, Imperial Teen, esa especie de The B-52's menores, reaparecen cinco años después de su última grabación. Lo hacen, además, con un álbum la mar de cafeínico y juguetón, en su línea, porque este Feel the Sound (Merge, 2012) no cambiará la historia del pop pero sí tu estado de ánimo algún día que te levantes un poco tonto. 

Así que guitarras frescas, teclados saltarines, juegos a cuatro voces, gobernados por la batería de la veterana aporreadora de la bahía de San Francisco Lynn Perko (comenzó su carrera en The Dicks).

jueves, 16 de febrero de 2012

Como decíamos ayer... #12: Wild Swans

The Coldest Winter For A Hundred Years (Occultation, 2011), de The Wild Swans: uno de los discos más románticos que Gog ha escuchado en mucho tiempo, de un romanticismo entendido en su sentido épico y ético, no como una fórmula marchita sanvalentinesca. 

Es un álbum para llorar pero para salir fortalecido. Del que cae y se arrastra por el barro pero es capaz de poner las dos manos en el suelo e impulsarse hacia arriba de nuevo. Y así son sus canciones, almas que caen y se levantan continuamente. Y a Gog le vienen a la cabeza aquellos versos de The Go Betweens según los cuales que caiga la manzana al suelo no es una cuestión de gravedad sino de independencia. 

Para quien precise ubicarse un poco, Paul Simpson, centro neurálgico del tinglado, fue cofundador de The Teardrop Explodes, es decir, escena Liverpool junto a Cope, McCulloch, etc. —toma pedigrí— antes de fundar a los rectos y, por lo tanto, perdedores Wild Swans, que en la década de los 80 publicaron tres discos al margen de la gran industria; hasta prácticamente hoy.

Si «Liquid Mercury» y «Chloroform» son preciosas, «English Electric Lighhtning» es maravillosa, con esa facilidad tan inglesa para hablar de sí mismos:

Elizabethan costume dramas 
Sun reporters, New World Order 
Johnny Rotten, Geoffrey Chaucer 
Bargain Booze and Robert Wyatt 
Happy-slappers, Toxteth riot

The Wild Swans - English Electric Lightning

lunes, 8 de agosto de 2011

Ette aquí #29: Corvettes

El caso de dos chicas de nombre artístico parecido, pero muy separadas en estilos y en el tiempo.

> Nikki & the Corvettes hacían puro new wave y power pop de comienzos de los 80. Un solo álbum es la única huella que dejaron impresa en su paso por la escena, de título homónimo (Bomb, 1980; reeditado en 2000). Lo suyo era rock 'n roll y voz de piruleta o la versión femenina de los Ramones.

Ya en solitario como Nikki Corvette (se llamaba Dominique Lorenz) lo volvió a intentar, con similar escaso éxito. Y en 2003, agrupada de nuevo como Nikki and the Stingrays, que publicaron Back to Detroit (Dollar Records).






> Mary Lee's Corvette, de nombre Mary Lee Kortes, es una cantautora de fuego de campamento y parecido musical con Sheryl Crow. Ya lleva un puñado de discos publicados.


jueves, 2 de junio de 2011

Como decíamos ayer... #10: The Human League y The Cars

Es sabido que el tiempo, en el fondo, no pasa ni transcurre y que a la postre todo siempre permanece en su mismo cauce.

Claro que en el caso de The Human League debemos precisar que «mismo» se refiere a la segunda etapa de su historia musical, la que arrancó con el para siempre feliz Dare (A&M, 1981), la «versión consumista de Kraftwerk» según el propio Philip Oakey. Fue su tercer y mejor álbum, el que los identifica y define para los restos. Antes de él, dos interesantes y experimentales oscuridades (Reproduction y Travelogue); después de él, cinco intentos desesperados por frenar la caída hacia un declive asegurado.

Diez años más tarde de su último chasco (Secrets), vuelven a intentarlo con toda la dignidad posible: sí, son ellos y han regresado para demostrar que, en lo suyo, maestros.

Gente tan dispar como Fangoria o LCD Soundsystem (ay, qué dolor), no los han olvidado.


Rik Ocasek, líder de The Cars, tras la última gran bronca con sus colegas en 1987, juró sobre la biblia de la new wave que jamás de los jamases, ahí se acabara el mundo si lo hacía, volvería a reunirse con ellos. Veintitrés años después, ha sucedido, porque, por supuesto, los juramentos están para hacerlos añicos. Y porque debió de tocarle mucho el bullerengue que sus colegas se unieran a Todd Rundgren bajo el nombre de The New Cars sin contar con él.

Estos son los viejos Cars, los de siempre, haciendo muy bien lo de siempre: temas melódicos, pegadizos, con esa comunión de guitarras eléctricas y teclados tan suya.

Y se permiten temazos de este tipo:



(Repárese en el curioso y azaroso parecido ortográfico Ocasek / Oakey.)

sábado, 14 de mayo de 2011

Como decíamos ayer... #9 // Dime qué lees y te diré cómo se llama tu banda #12 // Gastan gafas #29: The Feelies

Gente sensitiva, estos Feelies. Su nombre proviene de la novela Un mundo feliz de Aldous Huxley, en la cual, los «feelies» eran unos cines que proporcionaban una experiencia audiovisual y olfativa con la que la población sustituía su falta de sentimientos humanos.

Su debut aparece con toda justicia en cualquier lista que se precie con los mejores álbumes de pop de la historia. Y para estos neoyorquinos supuso entrar a formar parte de la larga lista de bandas underground de culto. Crazy Rhythms (1980) vio la luz gracias al olfato de la discográfica inglesa Stiff, que dio así una toba en las narices a la adormilada industria alternativa norteamericana de por aquel entonces. Ya el título del disco decía a las claras lo que te podías encontrar dentro: un juego rítmico convulso, nervioso y agitado que creaban a base de guitarras secas, pocos acordes a gran velocidad y una batería siguiéndoles la corriente.





El siguiente, The Good Earth (1984), es de la época en que empiezan a relacionarse con REM (desde entonces no han dejado de hacerlo); el frenesí o la epilepsia inicial ya no está, y no volverá a aparecer exactamente igual, aunque esa pulsión rítmica nerviosa, en mayor o menor medida, siempre les acompañará como marca de la casa.

Llega la atención de las grandes discográficas: Only Life (A&M, 1988) y Time for a Witness (A&M, 1991). La disolución oficial en 1992 no les hizo desertar de la música. Todos ellos han continuado en variados y numerosos proyectos musicales; el batera, por ejemplo, entró en Luna. Su aura de banda de culto no se evaporó, y en los últimos años se les ha requerido para que tocaran juntos en festivales indies de pedigrí.


Y aquí están otra vez, 19 años más tarde, con su quinto disco: Here Before (Bar/None, 2011), un notición más importante que la muerte de Bin Laden. Sobre todo porque se trata de un regreso de calidad y con la banda al completo: los guitarristas y almas del asunto Glenn Mercer y Bill Million, la bajista Brenda Sauter, el batera Stanley Demeski y el percusionista Dave Weckerman.

Si hubiera que jugar a encontrar las diferencias, sólo se aprecian dos: por primera vez no aparecen en la portada y esta vez no han hecho ninguna versión. Por lo demás, siguen ese sonido suyo inconfundible y esas grandes y excitantes canciones.




1. Nobody Knows
2. Should Be Gone
3. Again Today
4. When You Know
5. Later On
6. Way Down
7. Morning Comes
8. Change Your Mind
9. Here Before
10. Time Is Right
11. Bluer Skies
12. On and On
13. So Far

Son ellos y han vuelto. Y no hay quien les iguale haciendo pop de guitarras.