domingo, 4 de octubre de 2015

...Y ellos se juntan #94: FFS

Mejor solo que mal acompañado. A la mierda colaborar con otros. Yo me lo guiso, yo me lo como. Ni Mozart, ni Warhol ni Frank Lloyd Wright necesitaron de nadie para crear. Y FFS están convencidos de ello según afirman en «Collaborations Don’t Work». 

Lo curioso es que FFS es la inesperada y aparentemente esperpéntica colaboración entre Franz Ferdinand y Sparks, el joven cuarteto británico y el dúo angelino surgido en la década de los setenta. Y funciona; muy bien, además. Será que un chute de sangre joven hipervitamina o que de sangre vieja da un poso de equilibrada madurez. Tocar en una banda ya es una cuestión colaborativa; la huella de cada uno de los miembros aporta algo que hace que el resultado final sea diferente a lo que haría cada uno por separado. La historia de la música está plagada de ejemplos en los que un miembro se independiza y no obtiene ni de lejos el éxito de la banda madre. Lo bueno de las alianzas musicales es que a menudo conducen a lugares a los que no se habría llegado de otra forma. A las dos partes de FFS les ha sentado de maravilla a ambos retroalimentarse, y esa especie de vodevil pop de Sparks se ve potenciado y reconvertido con la base musculosa y rítmica de Franz Ferdinand.

El fruto ha sido un álbum sin más título que las tres letras iniciales (Domino, 2015). La autoría de los 16 temas —en la edición en vinilo doble; en cedé hay una edición con 12 cortes— se reparte por igual según consta en los créditos, pero escuchando atentamente lo que cuentan las letras se percibe más en estas la mano de Sparks, con sus personajes estrafalarios y las referencias irónicas a elementos de la cultura popular moderna: «Johnny Desilusional», «Dictator’s Son», «Police Encounters», «Piss off»… Para las huestes de Kapranos habrá sido toda una experiencia codearse con ese aire libérrimo y libertino de los hermanos Mael. Tanto las voces de Russell Mael como la Alex Kapranos encajan como si el tiempo simplemente hubiera estado esperando a que se encontraran.Por último, hacía tiempo que no se veía una secuenciación de los temas tan acertada.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Cameos musicales #60: RocknRolla

El director de cine Guy Ritchie es una especie de Tarantino británico. Ambos hacen pulular por sus películas a seres de oblicua personalidad, marginales, violentos hasta el sadismo algunos de ellos, reyes de las cloacas y de los bajos fondos, gánsteres de poca monta o mafiosos de altos vuelos, estafadores todos. Cuando están rodando ambos, las fábricas de kétchup no dan abasto para producir la ingente cantidad de sangre ficticia que se necesita para tanto cadáver. También ambos intercalan un peculiar sentido del humor entre toda esa cadena de violencia. Y ninguno de los dos deja indiferente: o se les adora o se les vapulea. 

Ritchie anda ahora rodando superproducciones de éxito en Hollywood. En el camino hasta llegar allí, iluminó las pantallas con, por ejemplo, las tronchantes Snatch: cerdos y diamantes (2000) y RocknRolla (2008). 

Quizá no tiene el gusto musical de su colega Tarantino, pero la música también es un ingrediente importante de las pelis de Ritchie. En RocknRolla incluso rodó una escena de club con una banda tocando en directo. El grupo era The Subways, trío de apariencia alternativa y malota pero que en el fondo le da a un rock de estadio muy del gusto de los anunciantes y de eso que se llama el gran público. El tema que interpretaron en la película de Ritchie fue "Rock and Roll Queen": 

viernes, 11 de septiembre de 2015

Plataneces #44: Siouxsie & The Banshees

Christine, the strawberry girl 
Christine, banana split lady 

Christine es una chica que se esfuerza por poner una sonrisa en su cara que disimule cómo va haciéndose añicos por dentro. ¿Cuánto más podrá vivir disfrazando su estado de ánimo? El dramatismo habitual de Siouxsie Sioux anuncia que tal vez no mucho. 

Fue uno de los singles de Kaleidoscope (1980). En la cara B iba Eve White/Eve Black, que no se había incluido en el álbum —este detalle siempre es de agradecer y hace mucho más valiosa la pieza—. El diseño de la portada para el 7’’ era de Rob O'Connor sobre foto de Paddy Eckersley. Se ve una doble imagen femenina, cubierta con fresa una, con plátanos la otra. 


En el vídeo, Siouxsie aparece también ataviada de rojo y amarillo, un infrecuente colorido en ella para imitar a su triste Christine. 

lunes, 24 de agosto de 2015

¿Qué se sabe de los belgas? #33 // Cosas de hermanos #73 // El arte de la versión #100: Scala & Kolacny Brothers

Los hermanos Kolacny, Steven y Stijn, belgas por más señas, pianista uno y director de coro el otro, adaptan afamados temas del pop y del rock y los ponen en boca de voces femeninas angelicales. 

De Radiohead a The Cure, pasando por Abba, The Knife o Leonard Cohen, ya llevan más de una decena de discos con, al parecer, notable éxito.



viernes, 31 de julio de 2015

Ellas llevan el ritmo #69 // Género chico #73: Primetime


Afortunadamente, hoy día ya no es un escándalo que las chicas le bajen con toda naturalidad la bragueta a la portada del Sticky Fingers y por ella saquen el dedo del fuck you. No contentas sólo con eso, el EP de 7’’ (La Vida Es Un Mus, 2014) de las londinenses Primetime comienza al grito de “I want your body not your mind / don’t want to see you all the time”, vociferado por las dos cantantes, Lucy Anstey y Claudia Serfaty, mientras la batería y la acuchillante guitarra las acompañan en lo que parece el ritual de una tribu caníbal. Flora Watters y Maria son las otras dos componentes. 


Así pues, se trata de una banda de punk compuesta por mujeres independientes, emancipadas y desafiantes, con las ideas claras en lo existencial y en lo musical, aunque de momento apenas sumen cuatro temas. Y si el primero de ellos te atiza, atención al que abre la cara B, "Right Track", con una línea mugrienta de bajo capaz de una hecatombe con sólo tres notas.

domingo, 19 de julio de 2015

Vidas paralelas #4 // Preparados para un solo de órgano #36: Roberto Carlos y Lafayette


No cualquier músico brasileño sirve para la bossa nova, como no cualquier español puede ponerse a cantar flamenco ni todos los alemanes son capaces de componer óperas wagnerianas (bueno, esto último sí). Se tiene al brasileño Roberto Carlos por cantante romántico y baladista empedernido, pero antes de comenzar a vender millones de discos en la década de los años setenta bajo esa faceta, intentó triunfar, sin éxito, como cantante de bossa. En agosto de 1965, con la mecha de la beatlemania prendida en todo el mundo, la televisión brasileña inició un programa dedicado a las nuevas tendencias musicales, sociales y de moda y le reclutaron para presentarlo junto a los también músicos Erasmo Carlos y Wanderléa. El programa se llamó Jovem Guarda, que devino en un fenómeno nacional. Con él se originó en el país un nuevo lenguaje musical, alegre y desenfadado, cuya influencia principal era el pop y el rock y se miraba muy especialmente en el espejo de los Beatles. El gran mérito de Roberto Carlos fue darse cuenta de que a lomos de ese carro se le veía mejor, por lo que no dudó en encabezar dicho movimiento. 

Aquel mismo año grabó un álbum que, imperativos del sello discográfico, que pronto entrevió el filón, se tituló… Jovem Guarda (CBS, 1965). El sonido del álbum está sostenido principalmente por el órgano Hammond del que a partir de entonces sería su músico acompañante durante un lustro, Lafayette Coelho Varges Limp. Este había sido requerido por Erasmo Carlos —por cierto, ningún vínculo familiar con Roberto— para grabar el piano en un álbum suyo, pero Lafayette se presentó en el estudio con un Hammond B-3. Erasmo Carlos probó entonces a ver cómo sonaba aquello; el resultado fue de su agrado, así como del de Roberto, que también andaba por allí, y ya sabemos de su infalible radar. De todas formas, hay que tener problemas auditivos muy graves para obviar el maravilloso sonido del Hammond de Lafayette, tan cálido, lírico y emocionante. El caso es que juntos, antes de que Roberto Carlos pasara a dedicarse a los baladones que le harían ultrafamoso, se unieron en la que a la postre ha resultado ser la época musicalmente más interesante del cantante, aunque los millones de vinilos posteriores que hay diseminados por los hogares de todo el orbe indiquen otra cosa. 

Detengámonos en dos canciones que ejemplifican la grandeza que ambos lograron juntos. El primero es «Esqueça», cuarto corte de su siguiente álbum: Eu Te Darei O Céu (1966), obra cumbre de Roberto Carlos a nuestro entender. 

 

Lo de Lafayette abriéndole paso no tiene nombre de lo bello que es; y luego retirándose para dejarle a la voz expresarse, y volviendo a continuación cuando se necesita su presencia… Es un oleaje hermoso y perfecto. 

En 1968 ganó (¿ganaron?) el festival de San Remo con Canzone per te. Durante mucho tiempo Roberto Carlos fue el único artista sudamericano con tal gesta en su haber. La canción ganadora abriría más tarde el álbum San Remo 1968, publicado en 1975 y que recogía piezas suyas que andaban sueltas y desperdigadas pertenecientes a la segunda mitad de la década anterior. La pieza que sigue a esa canción es el otro ejemplo que queríamos mostrar. «Eu daria minha vida» es una de las canciones más tristes y desoladoras que se hayan compuesto. La letra, cantada por Roberto Carlos con un tono de patetismo realmente desgarrador, consigue hacer saltar las lágrimas del oyente como le pille en horas bajas y con la guardia desarmada. 

 

El caso de Roberto Carlos, guste o no su música, es un ejemplo de superación personal encomiable, pues lleva una pierna ortopédica de rodilla para abajo desde que a los seis años le arrollara un tren, lo cual nunca fue óbice y cortapisa para salir de gira multitudinarias, ganar prestigiosos festivales, presentar programas de televisión o actuar en el cine en películas de acción, como puede verse en esta escena de Em rítmo de aventura (1967): 

 

En cuanto a Lafayette, actualmente está considerado el mejor organista en activo y es una eminencia en todo lo referente a la marca Hammond, que acude a él para probar sus nuevos modelos. Tiene grabados decenas de discos en solitario.

sábado, 4 de julio de 2015

La banda sonora de un libro #18: Todavía no me quieres, de Jonathan Lethem

Algunas obras literarias menores desprenden cierto encanto innegable. Sería el caso de la novelita de Jonathan Lethem titulada Todavía no me quieres (Mondadori, 2008). Claro que todo es relativo, principalmente porque hay libros que se saborean más o menos dependiendo de la edad del lector. El impacto no es igual si se leen El guardián entre el centeno de adulto y La Regenta de adolescente que al revés. Así pues, puede que para un joven de entre 18 y 20 años, que además esté montando una banda de música independiente, la lectura de la novela de Lethem podría causarle el mismo efecto que si hubiera leído Hamlet o El Quijote. Superada esa determinada franja de edad, se queda en un entretenimiento, a veces encantador, pero otras, no tan ameno. 

Es la historia de cuatro amigos que deciden montar un grupo. Todas las historias que tratan de cómo unos chavales deciden formar una banda y las querencias y fricciones que se derivan son prácticamente iguales, llámense The Movies o Axolotes Mexicanos, por ejemplo. No hay forma de resultar muy original con esto. Lethem no es la excepción, aunque se nota que intenta escaparse de lugares comunes, sin duda, pero el fondo de la cuestión lleva repitiéndose décadas y así seguirá siendo. 

Pese a lo que pueda parecer, no hay un chorreo de nombres y referencias metamusicales en la novela. Lethem lo hace premeditadamente, quizá para no ahuyentar a un público no versado en el tema. Y de las que se vierten, se hace tan de puntillas que Gog había decidido no reunirlas a modo de banda sonora del libro. Sin embargo, dos apuntes han resultado fundamentales para convencer a Gog de lo contrario: una cita con una alusión musical imprescindible —«En el equipo sonaba una cinta que Lucinda había escuchado cientos de veces, una mezcla de grupos de Australia y Nueva Zelanda»— y, sobre todo, la mención del álbum We Are Not Men: We Are Devo

Lamentablemente, no se especifica alguna de esas bandas de nuestras antípodas, excepto a The Verlaines en otro pasaje de la obra, así que obviando esta cuestión, una posible banda sonora del libro sería, en orden de aparición, la siguiente: 



El título del libro, según ha explicado el propio Lethem, está inspirado en dos canciones homónimas, de Roky Erikson y The Vulgar Boatmen. Las otras canciones referidas explícitamente a lo largo de la novela son las de Black Sabbath, The Clash, The Soft Boys, The Verlaines y las dos de The Rolling Stones. El resto son elección de Gog, con la salvedad de que la de Devo pertenece al álbum citado.

domingo, 28 de junio de 2015

Cosas de hermanos #71 // Faropedia #22 // Dime qué lees y te diré cómo se llama tu banda #32: The Steinbecks

Cuando uno va a comenzar a escribir un texto, el problema no es el del papel en blanco en sí, tan desafiante e inmenso, sino no contar con un poderoso detonante de partida. Para ponerse a hablar de Kick To Kick (Matinée, 2014), de los australianos The Steinbecks, sucede todo lo contrario: hay muchos puntos que tratar, de manera que se pueden atascar las ideas como en un embudo. Y es que parece un álbum pensado especialmente para En Esta Quiero Humo. Quede claro que el disco es tan bueno que eso bastaría para que Gog se pusiera a teclear sobre él. Si encima es la obra de una banda formada por hermanos, que toman el nombre del apellido de un famoso escritor norteamericano, le ponen la foto de un faro a la portada y componen una canción repleta de nombres de otros músicos y otra con un sublime fondo de órgano… 

La historia de The Steinbecks tiene un origen mítico, como todo lo que tenga que ver de alguna manera con Sarah Records, si bien a veces sea todo algo desproporcionado. En 1989, Josh y Joel Meadows eran unos jovenzuelos de Melbourne que habían decido formar un grupo de indie pop, The Sugargliders. Como tales grabaron seis singles y un elepé para el mentado sello inglés, hasta que en 1994 lo disolvieron para, según sus propias palabras, comenzar algo nuevo, esta vez como The Steinbecks. 

Desde entonces no ha sido un grupo lo que se dice prolífico: media docena de discos, teniendo en cuenta que habían transcurrido siete años de sequía discográfica hasta que vio la luz Kick To Kick. Es un álbum que desprende esa maestría australiana para el indie pop de guitarras, especialmente en la juerga de las seis cuedas que son temas como "We Cannot Hop To Complete With Such Colours" y "Trying To Be Someone". El álbum no se queda en ahí; contiene una sabiduría musical y una delicadeza todo él que lo hace crecer a cada escucha. Está la ternura de "At Arkaroo Rock" o el goce físico y emotivo que transmite la voz de Joel en "Below The Limen" (con un órgano Vox Continental supurando por detrás) y en "Cold Little Bones" (acompañada de un frágil rasgueo de mandolina). 

Y también está "I, radio", que rememora los días en que descubrieron la música alternativa a través de las emisoras de FM y cómo se engancharon a ella para siempre. En inglés las canciones en las que se cita una ristra de nombres se llaman, con mucha propiedad, list song; en esta, The Steinbecks cuentan que eran unos chavales que escuchaban a The Police y a John Cougar Mellemcamp hasta que un día descubrieron un puñado de bandas que les cambiaron la vida: Jonathan Richman, Billy Bragg, REM, The Smiths, The Stams, The Chills y The Moles. Tal vez The Steinbecks no te cambien la vida, pero sí te pueden cambiar un mal día.



El faro de la portada es el del Cape Nelson, cerca de Portland (Australia). Quede anotado aquí el sueño de ir a verlo algún día.

jueves, 25 de junio de 2015

No son hombres: son Devo #31


En el 8760 de Sunset Boulevard, muy cerca del mítico club Whisky A GoGo, hay un extraño edificio circular, de un verde tan chillón que hace que no pueda pasar inadvertido. Se trata del Mutato Muzika, y ese nombre ya puede dar una pista de que tal vez los Devo, los mutantes musicales por excelencia, tengan que ver con él. Más concretamente, el Mutato Muzika fue fundado por Mark Mothersbaugh para albergar su impresionante colección de sintes. Se antoja visita obligada si alguien viaja a Los Angeles.

viernes, 19 de junio de 2015

Ette aquí #64 // Funkdamentos y soultanes #33: The Turquinettes

Uno se imagina aquella época gloriosa del soul —de los años cincuenta a finales de la siguiente década— como una especie de hormiguero con una cantidad ingente de cantantes, instrumentistas, productores, compositores, arreglistas… en constante y ferviente movimiento, sin cesar de crear y grabar un tema tras otro. Fue una eclosión musical única y probablemente nunca volverá a darse otra igual. Surgió una miríada de sellos discográficos por todo Estados Unidos; algunos de ellos terminarían convirtiéndose en emporios, como Motown o, en menor medida, Stax. Muchas de las piezas que publicaron estas factorías alcanzaron el éxito y aun la gloria. Otras, la mayoría, fueron víctimas de su propia avalancha: quedaron sepultadas entre tanto oleaje, prematuramente malogrados. 

Como todo género de éxito, no tardó en bastardizarse. Empezó a fusionarse con algo de jazz, con algo de ritmos latinos y con algo de R&B. El resultado fue un ritmo imparable que el mundo conoce como funk. Y como ocurriera con su hermano el soul, se vio sometido a una producción masiva para intentar aliviar el hambre del insaciable público. De nuevo surgieron afamados mitos y un sinfín de oscuros e ignotos don nadie: de los que vendieron millones de copias y de los que se quedaron olvidados en los cajones sin ver la luz. 


El recopilatorio The Birth of Funk: Low Down & Dirty (HoS Records, 2014) muestra precisamente eso. Ahí aparecen figuras gigantes como James Brown, otras algo menos portentosas, como Eddie Bo o Huey “Piano” Smith y un buen puñado de nombres que nada dirán ni a tercera vista, como The Turquinettes. En los créditos del disco se lee que nadie sabe a ciencia cierta quiénes fueron The Turquinettes y al parecer todo apunta a que «Tell Me The Truth» es su única grabación. Se trata de una estupenda pieza de NOLA funk o funk de Nueva Orleans, respaldado por el combo de AFO Studios. Las voces femeninas la conducen como una locomotora a un tren, e incluso sus coros semejan el pitido de la máquina, mientras los espectaculares músicos de acompañamiento echan el carbón con sus intrumentos. El tema permaneció 31 años inédito, hasta que el sello Ace rescató el catálogo de AFO en 1993. Se sabe que lo compuso Elaine Coubrais; de ahí puede elucubrarse que también fuera una de las cantantes. 

 

viernes, 12 de junio de 2015

Debut #99: Mihassan

Mihassan 
Con ellos se pasa bien 

Mihassan 
Con ellos se pasa bien
No les falta de nada: 
ni máquinas ni guitarras 

Mihassan 
Con ellos se baila bien 
El poder de la repetición 
Las letras iluminadas 

Mihassan 
Son mejores que las vitaminas 

Mihhassan 
Son mejores que las vitaminas 
Póntelos a todo trapo 
En directo te fulminan

Mihassan 
Todo les sale bien 

(Especie de reseña de Mihassan LP [La Resistencia, 2014] adaptando la letra de “Señorito”.)

jueves, 11 de junio de 2015

El porqué de mis peinados #23


La chica de la izquierda, chupa negra de cuero con chapa en la solapa y tachuelas en los hombros, collar con crucifijo cayendo sobre el escote y erizadas crestas punkies, era «Spanish Lisa», de quien poco más se sabe aparte de haber sido la protagonista del vídeo que hicieron The Stranglers para «Strange Little Girl» en 1982 y a la que pagaron 100 libras para que se dejara rapar el pelo al final:

miércoles, 3 de junio de 2015

El arte del calzador #25: Dostoievsky

 

El célebre escritor ruso Fiodor Dostoievsky tenía un apellido difícil de encajar, aparentemente, en la letra de una canción, pero lo cierto es que una vez pronunciado no es tan duro como parece a la vista. Quizá en español sí resulte algo más complicado, sobre todo porque hay que encajarlo en un contexto apropiado sin hacer demasiado el ridículo. Sin embargo, más allá de nuestras fronteras no es raro encontrárselo citado, desde Finlandia a Australia, pasando por México o Estados Unidos. 


> Belaboris - Odotus, en …Olipa Kerrran (1984). Al parecer Finlandia tiene uno de los mejores sistemas educativos del mundo. Por su parte, Belaboris, banda finesa de electropop que sacó un disco tan formidable como muy poco conocido, demostraron haber hecho los deberes. Al menos el nombre del escritor ruso se entiende perfectamente cuando cantan. 


> Iggy Pop – Louie Louie, en American Caesar (1993). ¿Versión del clásico de Richard Berry? Sí. Pero en la letra no se citaba a Dostoievsky, ¿no? Ya, pero Pop, que sí siguió escrupulosamente el patrón musical, se desentendió de la letra original y la adaptó a su propio mundo, por el que acababan de pasar Bush y Gorbachev: ha caído el muro de Berlín, pero todo sigue lleno de corrupción, sida, mendigos… 

oh baby i gotta go 
a fine little girl is waitin for me 
but i 'm as bent as Dostoevsky 


> The Go-Betweens – Here Comes The City, en Oceans Apart (2005). Un viaje en tren; por la ventilla el protagonista ve pasar estaciones, iglesias, ríos… El tren le está alejando de su amante. Llega la noche y se acerca a la ciudad de destino. Y en el vagón alguien lee: 

And why do people who read Dostoevsky always look like Dostoevsky? 



> Einstürzende Neubauten - Ansonsten Dostoyevsky, en The Jewel (2008). Sesudos estos alemanes, de toda la vida. «Así Dostoievsky» titulan este tema, en plan cita de tesis doctoral. Claro que luego se les oye exclamar «¡Sangría!» y a saber ya por dónde van los tiros: 



> The Butcherettes – Mr. Tolstoi, en Sin Sin Sin (2011). En México, el nombre de León Trotski es casi tan famoso como el guacamole; sin embargo, el dúo de Guadalajara prefirió dedicarle una especie de rock garajero cosaco a otro León, aunque de apellido muy parecido; y ya de paso mientan a nuestro escritor: 

Give me pride, Dostoevsky 


> Wild Billy Childish & the CTMF - Punk Rock Enough For Me, en Acorn Man (2014). El nombre de Dostoievsky aparece entre la ristra de personajes que Childish tiene por auténticos punk rockers.


> Ezra Furman - Restless Year, en Perpetual Motion People (Bella Union, 2015). Su aspecto de joven pero suficientemente preparado casa con la personalidad musical que despliega en este tema, con memorable línea final: Dostoevsky, dime store copy. [Aportación de Jaime Cristóbal.]

  

> John Grant feat. Tracey Thorn - Disappointing (2015), en uno de los arrejuntamientos del año, y en clave electrónica bailable. 



Les Très Bien Ensemble se sentían como el personaje más afamado del escritor ruso en En Attendant Raskolnikov.

Por último, no se olvide que —de nuevo Australia— The Birthday Party tomaron el nombre de la novela Crimen y castigo.