domingo, 2 de abril de 2017

Ellas llevan el ritmo #73

La remesa de mujeres que se ponen detrás de los tambores no deja de aumentar. A continuación, algunas de las que hemos podido ver sobre un escenario en los últimos tiempos:

> Emma Wigham, alma, faro y motor de Witching Waves. Es de golpe poderoso y entrega total. Además, es la cantante.

  Taboo, Madrid PopFest marzo de 2017

> Riley Jones lleva el ritmo de The Goon Sax, banda de Brisbane que practica un indi-pop de manual, que para algo el líder lleva el apellido de Robert Foster.

Teatro del Arte, 22 de septiembre de 2016


> Jaca Freer, del grupo totalmente femenino Colour Me Wednesday.

Taboo, Madrid PopFest marzo de 2016

> Claire, acompañante para dar profundidad al punk con casiotone del canario Grosgoroth, de quien debería hablarse mucho más.

Moby Dick, 24 de marzo de 2017

> Yanara Espinoza (Papaya) deja su habitual guitarra y se pone a aporrear de lo lindo y más que bien acompañando a Anntona. De hecho, ha sido la batería en la grabación del hilarante e inteligente último disco de este.

Moby Dick, 31 de marzo de 2017

> Sandra, en Caliente Caliente. Aún sin disco en formato palpable. Siempre sonriente, hace que parezca fácil tocar la batería. Y también canta.

Moby Dick, 24 de marzo de 2017

> El dúo Ultimate Painting suelen contar con un chico en la batería en sus conciertos, pero en el festival Tomavistas aparecieron acompañados de una chica a la que no me ha sido posible identificar.

Parque Enrique Tierno Galván, mayo de 2016

(Las fotos son cosecha propia, así que lamentamos la escasa calidad que tienen. En cambio, sirven muy bien para mostrarlas en plena acción y en su momento.)

viernes, 6 de enero de 2017

Strano mondo di tanti nomi #34: Dressy Bessy


Probablemente haber adoptado como apelativo artístico el nombre de una muñeca de los años setenta le haya restado credibilidad al trío Dressy Bessy. Además, timoneados por Tammy Ealom y John Hill, siempre han estado empeñados en desmarcarse del sonido más psicodélico y sesudo que practican sus camaradas de Elephant 6, colectivo al que pertenecen (de hecho, Hill toca la guitarra en The Apples In Stereo), a base de un bubblegum-pop acelerado, bullicioso y de pocos acordes, al que se entregaron con fervor hasta 2008. 

Fue aquel un mal año, azuzado por vientos contrarios para todo el mundo. Las bandas de segunda fila se vieron más afectadas por la crisis y los nuevos rumbos del negocio, así que los Dressy Bessy decidieron parar. Ocho años más tarde, completamente revitalizados y ahora en una discográfica confortable, han publicado KINGSIZED (Yep Roc, 2016), su sexto y más completo, consistente, sólido y efervescente álbum. Desde el redoble de batería inicial de Craig Gilbert, se suceden trece temas que te mantienen en vilo hasta el final, sin tiempo para dramas ni falsa intensidad. Tiene un ritmo frenético, unos guitarrazos tremendos y pocos discos habrá con un ejercicio de pandereta como en este. La fuerza del trío se ve ahora arropada por una constelación de invitados: Peter Buck a la guitarra, armonías de Rebbeca Cole (de Wild Flag) y Vanessa Briscoe-Hay (de Pylon), percusiones extra de Jason Garner (de The Polyphonic Spree), el bajo de Eric Allen (de The Apples In Stereo), Michael Giblin (de Split Squad) y Andy Shernoff (de The Dictators), y teclados aquí y allá de Scott McCaughey (de The Minus 5 y Young Fresh Fellows). Y todo encaja, todos empujan en la misma dirección, dan firmeza y aportan una energía que hace de este disco uno de los artefactos más llamativos de los últimos tiempos.


La edición en vinilo es de color azul. En el precioso encarte interior puede apreciarse que los temas de Ealom son caramelos con más veneno que azúcar. La felicidad poppy de antaño ha dejado paso a cierta dureza y a un sentido más escéptico y crítico, y a Dressy Bessy les ha sentado mejor que fenomenal. Escuchado a todo trapo es un trallazo por la escuadra. 

lunes, 26 de diciembre de 2016

Como decíamos ayer #27 // Sales en mi canción #92: Wreckless Eric

Wreckless Eric pertenece a una generación de talentos que quizá no hayan cambiado el devenir de la música, pero le han aportado un poso y una personalidad que algún día habrá que calibrar convenientemente. Décadas después de sus primeros pasos y sostenidos desde entonces por una cohorte de fieles seguidores, el mentado Wreckless Eric, Nick Lowe, Elvis Costello, Graham Parker y Robyn Hitchcock continúan haciendo discos infalibles, preñados de clase, templanza y dominio. Nacidos todos ellos en Inglaterra entre 1949 y 1954, los cuatro primeros comenzaron en el legendario sello Stiff; por su parte, Hitchcock pertenecía a un círculo más cultivado y exquisito, pero por edad y similitudes musicales es compañero de estirpe. Representan la quintaesencia de lo británico; sin embargo, es curioso que todos hayan sentido en algún momento la llamada de las sirenas estadounidenses y allá que se ha ido. De hecho, la mayoría vive allí.

Wreckless Eric, afincado en Nueva York, ha publicado un soberbio álbum titulado amERICa (Fire Records, 2016), en el que traza una mirada crítica desde su atalaya de inglés emigrado. Por supuesto, es un disco ajeno a modas, personal, construido con sabio clasicismo y a la vez lleno de detalles en cada uno de sus cortes. Llaman especialmente la atención los efectos de los coros o las líneas de teclado (piano, órgano, etc.) que surcan los temas, como en «Several Shades of Green» o «Property Shows». 


El álbum —de portada desplegable en su edición en vinilo— se cierra con un paisaje conmovedor de unos Estados Unidos de trenes que lo cruzan y el panorama de sus típicos chalets, mientras resuenan en la memoria melodías de algunos de sus artistas a modo de paisaje musical:

Have a great day they say 
hope you like snow they say 
these colours don’t run they say 
fun fun fun 

Chuck Berry  
the Velvet Underground 
Jimmy Reed 
the Beach Boys and the Gold Star sound 

Judy In Disguise [tema de John Fred & His Playboys
Bobby Gentry’s Mississippi sky 
trains rolling by 
Sears bungalow homes

domingo, 11 de diciembre de 2016

Una pequeña historia del rock a través de una sola portada #8: Fudge


El canadiense Lee Rosevere se guarda este otro proyecto más rockero, juguetón e irónico, Fudge, para liberarse de su yo experimental, ambient y electrónico con el que suele convivir.

La portada del primer disco de Fudge era parodia del Wish You Were Here de Pink Floyd, y lo tituló Have a Brownie (2006). Para el tercero, reutilizó la portada del London Calling, aunque para el título juega con el de Sandinista. Y siempre añade en ellas la imagen de un dulce de azúcar al que hace referencia su nombre artísitico.

En realidad los discos de Fudge sólo existen en formato digital, aunque la descarga van acompañadas de estas portadas; suponemos que serían las mismas llegado el caso de publicarlos.

martes, 7 de junio de 2016

Ette aquí #67 // Productores #25 // ...Y ellos se juntan #98: Les Vampyrettes

Por estrambótico que parezca, apenas hay un grado de separación entre Marlene Dietrich y el Bono de U2. Ese punto de intersección que les une en la historia se llamaba Konrad «Conny» Plank


En puridad, es algo que pudo suceder pero que jamás llegó a consumarse, pues el productor e ingeniero de sonido alemán, que ya había trabajado en una grabación con Dietrich en los años cuarenta según se dice (no hay documentos que lo acrediten), se negó a producir un álbum de U2, cosa que sí aceptó después Brian Eno. La razón que esgrimió Plank fue escueta y tajante, e incluso podría afirmarse que resulta difícil encontrarla ambigua: «No puedo trabajar con ese sujeto», dicho esto en referencia al cantante de la banda. Y estamos hablando de alguien en cuyo currículo tenía haber puesto su mano mágica en discos como: Before and after Science (Brian Eno, 1978); Systems of Romance y Vienna (de Ultravox, 1978 y 1980); Die Kleinen und die Bösen, Alles Ist Gut y Gold und Liebe (la trilogía dorada de D.A.F., de 1980 a 1981); o Rita Mitsouko (el debut de Les Rita Mitsouko, 1984). Pero la lista se extiende prodigiosamente añadiendo por su mesa de mezclas los nombres de Devo, Echo & the Bunnymen, Einstürzende Neubauten, Ástor Piazzolla, The Damned, Nina Hagen… 

La muy merecida fama se la había ganado, fundamentalmente, a lo largo de los años setenta. Por describirlo de una forma un tanto rimbombante, el krautrock no habría sido lo que fue sin Conny Plank. Podría decirse que fue el alma de aquel sonido motorik desde su estudio de Colonia, su espíritu y su máximo valedor. Alentó a los grupos para que experimentaran y les facilitó equipo y cacharrería para ello. Su buen quehacer profesional empezó a hacerse notorio cuando produjo los primeros discos de Kraftwerk; cuando dos de los integrantes del combo de Dusserldorf —Klaus Dinger y Michael Rother— partieron peras con Florian Scneider y compañía para fundar Neu!, Plank les produjo a estos también los tres primeros elepés. La imbricación entre el dúo y el productor resultó tan sólida que tiende a considerársele a Plank el tercer miembro de la banda (igual que los veinte quinto-Beatle que existieron, que estas son cosas que le gusta mucho decir a la crítica musical). 

Con quien sí llego a formar parte oficial de un grupo (o algo parecido) fue con Holger Czukay, otrora fundador de Can. El proyecto se llamó Les Vampyrettes, con el cual sólo dejaron una grabación homónima en forma de 12’’, con un tema por cara: Biomutanten/Menetekel (Not On Label, 1980; reeditado en 2013 por Grönland Records en 10'').



Les Vampyrettes es un 12’’ radical, no sólo por su experimentalismo feroz, sino porque el primer corte ocupa únicamente 2 cm del total del espacio disponible en la cara A. En ambos temas la voz está muy tratada y se suceden multitud de inesperados sonidos que no sabes de dónde vienen, como si estuvieras en medio de un bosque sonoro en lo más oscuro de una oscura noche.



domingo, 15 de mayo de 2016

Discos con portada con discos #79

Los Corraleros - Síguela, síguela [Discos Fuentes, 1967, Colombia


VA - Full Up: Best of Studio One, volume Two [Heartbeat REcords, 1967


Bill Fury - s/t [See For Miles Records, 1984] 


The Cramps - Blues Fix [Big Beat Records, 2014, EP 10''


Poison Idea - Record Collectors Are Pretentious Assholes LP [Taang!, 1991


VA - I Was A Teenage Caveman: Raw Savage Sixties Punk [Teenage Caveman


Alternative TV - How Much Longer b/w You Bastard [1977, 7'']

[Nota: Gracias a Murky por estas aportaciones al tema.]

viernes, 13 de mayo de 2016

La influencia del centeno en la cultura popular #28 // Cosas de hermanos #79: Airport Girl

Los aeropuertos y los aviones son espacios cerrados con mínimas opciones de distracción y están colmados de tiempo muerto, lo cual los convierte en lugares idóneos para la lectura. Aunque hoy día los objetos tecnológicos están copando el antiguo paisaje de lomos y portadas, no hay aeropuerto en que aún no se vendan libros y revistas. Suponemos que en el de Nottingham, patria chica de Airport Girl, sucederá lo mismo. 

Airport Girl es (o era) el combo de los hermanos Rob y Sean Price, pero el número de miembros oscila entre 6 y 8 en ocasiones, así que viajar juntos les saldrá siempre por un pico. En algún aeropuerto debieron de toparse con la chica que inspiró el nombre a la banda. Su breve obra discográfica está publicada en dos de los sellos más exquisitos a la hora de hablar de indie pop: Matinée —Honey, I’m an Artist (2001)— y Fortuna Pop —Slow Light (2007)—. En medio de ambos discos, grabaron un single para el sello Where It's at Is Where You Are (más conocido como WIAIWYA): el 7" Salinger Wrote / Emmaweg House (2004). 


La cara A narra una historia de amor indie entre chico y chica en la que el nombre JD Salinger pone una nota intelectual. Musicalmente, es una montaña rusa; en los tres minutos que dura, les da tiempo a desarrollar subidas y bajadas, acelerones y frenazos, remansos y acumulaciones, una sucesión de rasgueos delicados frente a muro de guitarras. 

La cara B es bien diferente. Se trata de un tema instrumental envuelto en una leve atmósfera reggae y comandado por una melódica, que podría sonar en cualquier tenderete del mercado de Portobello. 


Este single resultó un puente de transición entre el pop naíf de sus comienzos y el pop más barroco de una historia que a la postre no parece que vaya a tener continuación.

sábado, 7 de mayo de 2016

En Re de reedición #7: The Wild Poppies


Seguimos leyendo libros, viendo películas, escuchando discos, etc., con la esperanza de que nos topemos con algo que haga saltar de nuevo los resortes de la emoción. Porque la vida es (o debería ser) la búsqueda permanente de algo que nos emocione una vez más. Cierto que con cada año que pasa va resultando más complicado que eso ocurra. Nos resabiamos, estamos más de vuelta de todo, portamos un bagaje mayor sobre los hombros que nos impide disfrutar como antes. Pero si perseveras, ese momento volverá a suceder; y lo más maravilloso de todo es que siempre acaecerá cuando menos lo esperes. 

¿The Wild Poppies? ¿Quiénes son? Ah, quiénes eran. Una banda neozelandesa de la segunda mitad de los años ochenta a la que acaban de reeditar un álbum. La edición en vinilo tiene buena pinta: doble vinilo de color verde. A ver a qué suena esto… Ploc… Schrrr… ¡Atiza, qué bueno! ¡Ahí está! Desde el primer rasguido de guitarra, la atención se dispara, el estómago se contrae, algo en tu interior duele y da placer al mismo tiempo. Ha vuelto a acontecer. Cuando termina el disco —Heroine—, estás extasiado, felizmente relajado, profundamente emocionado y, no es ninguna exageración, tienes los ojos acuosos; es lo que tiene la emoción, que puede llegar a manifestarse de forma física. 


Hay que escuchar y sentir este disco. Describir y adjetivar fastuosamente aquí el jangle pop de The Wild Poppies, sus melodías, sus guitarras, sus coros, no llegarán a transmitir esa sensación física tan gozosa. Es el síndrome de Stendhal ante algo tan hermoso y cautivador como Heroine. Un tema como «I Don’t Need You» te rompe por dentro y te salta las lágrimas; es la cima de toda una acumulación de canciones cálidas y sentidas: «Colourdrift» (qué juego de guitarras y qué acierto el de las voces introduciéndose por los resquicios que quedan), «Walkabout» (una guitarra distorsionada como un mugido lúgubre y otra de punteos prístinos), «This Person»… 

Respecto a la edición, hay que aclarar que existen dos. Ambas parten de la colaboración entre el sello norteamericano Manufactured Recordings (subsidiaria de Captured Tracks) y la española Pretty Olivia, la promotora de la idea original de rescatarlo. Han respetado la portada original, añadiéndole un subtítulo The Wild Poppies Complete Collection (1986-1989), encarte con fotografías de la época y un texto de Nick Taylor (guitarra) y han incluido un segundo disco que compila por vez primera el 7’’ Where Is Wellington? / Stare at the Sun (que no entró en el elepé), el EP Out of Time y demos posteriores, algunas inéditas hasta ahora. El segundo disco, lógicamente, no es tan intenso y perfecto como el anterior, no sólo porque no es una obra concebida en conjunto sino porque hubo un cambio estilístico determinante. Heroine es de 1987. Pronto se mudaron del Wellington kiwi al Oxford inglés, donde compartieron piso y experiencias con gente de Ride y Swervedriver, así que se deja notar la influencia del shoegaze a partir de entonces. El resultado final dos años más tarde podría resumirse con la fórmula “New Zeland meets Spacemen 3”. Es muy interesante, pero no tan perturbador como el álbum oficial. 

Ambas ediciones se diferencian en que la americana la ha sacado en cedé y en vinilo negro, mientras que la española, sólo en vinilo y de color verde. Y es que ha llegado la primavera y todo brota y florece. Las amapolas, este año, más que nunca.