jueves, 22 de noviembre de 2012

Ette aquí #40 // ...Y ellos se juntan #65: Gorevette

Pinzas. 
Bisturí. 
Procedamos a separar Gorevette en dos mitades: Gore- y -vette. 


La primera parte remite a las Gore Gore Girls; la segunda es la misma terminación que la de Corvette; es decir, Amy Gore, la líder e infalible guitarrista de la banda de Detroit, y la cantante Nikki Corvette haciendo juntas lo que mejor saben hacer: darle con ardor al rock garajero. 


Ayudadas por Lianna Castillo al bajo y por Al King a la batería, despliegan toneladas de actitud y de vatios en el EP Lustfully Yours (Strange Girl Recods, 2009). Amargas y dulces, duras y tiernas, desenfrenadas y modosas en poco de más de quince minutos… lo que duran tantas otras cosas buenas de la vida.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

¿Y tú de quién eres? #15 // Debut #66: Lou Doillon



Tal vez el apellido Doillon no diga demasiado a alguien que no sea un seguidor de la cinematografía francesa. La modelo, actriz y cantante Lou Doillon lo luce con orgullo, y por aquello de que en la France el segundo apellido no suele constar, se oculta el que le sigue, Birkin, este sí bien evocativo y lustroso. Porque Lou es hija de la mítica cantante y actriz Jane Birkin, tras su segundo matrimonio con el director de cine Jacques Doillon. Y, claro, es medio hermana de Charlotte Gainsbourg. 


Quede claro desde ya que mostrarse precavido y a la defensiva ante estos orígenes resultará injusto, porque Places (Barclay, 2012) es un álbum muy meritorio, sentido, con cosas que contar en las once composiciones de la propia Doillon. 


Se abre con «I.C.U.» (pronúnciese a la inglesa para detectar el juego de palabras), que no solo es una canción preciosa, sino que destila calidad musical con su crescendo y esa forma de entonar las líneas del estribillo, como a ráfagas. El álbum transcurre entre aguas de medios tiempos, cálidas y arregladas con gusto, que para algo está tras la producción el siempre elegante Étienne Daho. Ella despliega enorme personalidad; canta en inglés con una voz algo áspera, fuerte, segura, expeditiva, no es chica susurrante o con hilo de voz.

lunes, 19 de noviembre de 2012

5 sobre... #22: pizzas

Las pizzas son universales, tienen algo de viejas amigas, se encuentran casi en cualquier parte, gustan prácticamente a todos, son baratas y nos divierten que jueguen con la geometría, porque son redondas pero se comen en triángulos (ya, ya, existen pizzas cuadradas, pero a esas pobres les falta el alma de la pizza genuina). Algunos músicos, incluso, han compuesto canciones en su honor:

> Ariel Rot: «Confesiones de un comedor de pizza». Pieza instrumental del ex Tequila que se incluyó en su disco Hablando solo (Dro East West, 1997). A ritmo de swing, con un bajo y un órgano inmensos dándolo todo; claro que se trataba de Bruce Thomas y Steve Nieve, es decir, dos de los Attractions de Elvis Costello.



> Nick Heyward: «Pizza Tears». Uno más que decidió cabalgar en solitario, el otrora líder de los simpáticos Haircut One Hundred, aquellos de «Love Plus One» en los ochenta. Este era un tema mucho menor que grabó con su nombre en 1988. 



> The Cannanes: «Pizza Addict». Tema paradigmático del sonido lo-fi indie —yo me lo guiso, yo me lo como—, sin mayores pretensiones que pasarlo bien un rato los dos miembros fijos del grupo en las múltiples variaciones que tuvo la formación, Stephen O'Neil (voz, guitarra) y Frances Gibson (bajo). Tal vez su síndrome amateur tan elevado les impidió ser grandes; nunca grabaron en un sello medianamente importante en sus dos décadas de historia y seguir su dilatada pero dispersa discografía es un ejercicio de paleontólogo. Este delicioso «Pizza Addict», tan Beat Happening, fue uno de los dos temas de la cara B del single «Broken Bottles» (Bi-Joopiter, 1992). Para quien desee más información sobre la banda australiana, se recomienda este completísimo artículo. 


> Las Hermanas Benítez: «Sole, pizza, amore». Eran Beatriz, Beba, Petry, Carmen y Juanita y luego Hadee, hijas del ministro de Trabajo cubano Francisco Benítez, quien creara la primera ley para que no se trabajara más de 40 horas semanales. Comenzaron a grabar en los años cincuenta; en 1958 su famoso «Corazón de melón» se utilizó en la peli Sube y baja del gran Cantinflas. Al llegar a España en los sesenta, comenzaron a disgregarse y quedaron como trío Petry, Juanita y Hadee, que grabaron a la italiana esta definitiva canción sobre pizzas. 


> Para cerrar la serie, una fotografía sacada por el grupo Caveman durante su última gira. A su paso por Delawere, se vieron en un restaurante ante esta Banana Dessert Pizza, a base de plátanos, canela y azúcar morena. (Gog la ha cocinado hace poco reconvirtiéndola en una tarta tatin.)

sábado, 17 de noviembre de 2012

Todo el mundo quiere a PJ Harvey #12

Todo el mundo quiere a PJ Harvey; hasta Kurt Cobain dejó constancia de ello en la famosérrima lista de sus discos favoritos (pínchese en la foto para verla con más claridad):

jueves, 15 de noviembre de 2012

Sales en mi canción #50 // Género chico #36: Allo Darlin'

En 1998 se celebró en la sala Caracol el minifestival The Green Room Tour. Era la época en que Hefner parecía ser la promesa más firme del pop inglés. Su líder, el jovial gafotas Darren Hayman, terminada su actuación, se infiltró entre el público para seguir los bits bailongos de Cuba. Por dar coordenadas más precisas, Hayman se puso a bailotear exactamente al lado de Gog; este no pudo resistirse a dar un poco la paliza al artista —qué menos, puesto que había ido allí nada más que por verlo a él—, así que lo saludó y le hizo el típico y soso comentario de fan sobre lo mucho que le gustaba su disco. Hayman le contestó con modestia que a él realmente lo que le gustaría era sonar como Cuba, a lo que Gog, veloz como el rayo y pedante cual tertuliano, le apostilló que Cuba tendría «sound» (chunda chunda) pero que Hefner tenían «songs». 

Quince años después sólo los dioses saben qué fue de Cuba, cuya vida musical resultó más efímera que la de una mariposa. Hayman, en cambio, pese a los múltiples avatares por los que ha transcurrido su carrera, ha seguido haciendo canciones hasta hoy, a veces incluso compulsivamente (su época de una canción diaria durante un mes). Nunca ha alcanzado aquella fama que estuvo a punto de tocar; sin embargo, parece que cuenta con el número de fieles suficiente para poder continuar en el tajo y va camino de convertirse en un artista de culto en algún que otro círculo minoritario. 

Los recién llegados Allo Darlin’, por ejemplo, así lo ven. Acaban de dedicarle «Darren», canción no incluida en el segundo álbum de los australianos, pero lanzada en simpático picture disc de 7’’ (Fortuna Pop, 2012). Y menudo temazo, como se presiente desde el inicio con ese arranque tan trepidante: el bajo, un leve roce en los platillos, palmas y un Uh de la cantante que parece dar la salida a una carrera desenfrenada; y más adelante te enreda el punteo de guitarra y Elizabeth Morris, entregada, implorando se diría, al final:

I could stay here forever hanging out.... 
Listening to Darren 
Listening to Darren 
Listening to Darren 
Listening 

Allo Darlin' - Darren by Fortuna POP!

Para la cara B han recuperado la versión que habían incluido este mismo año en el Covers EP de un tema del propio Hayman cuando grababa como The French, «The Wu-Tang Clan», que queda como un juego de matrioskas, pues es, a su vez, un homenaje a la banda de rap del Dr. Dre.



Nota personal: Gog, cuando te lo pongas, recuerda que, pese a su tamaño, gira a 33 rpm.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Cosas de hermanos #34 // Debut #65: Opossom

Escena familiar en el hogar de los Nielson, allá en Nueva Zelanda. Ruban y Kody, cada uno a un lado de la mesa, mismo pelo negro enmarañado, cierto parecido fraternal, se cuentan sus nuevos proyectos musicales después de deshacer la banda de punk rock que compartían, The Mint Chicks: 

Ruban.— Me voy a ir a EEUU para montar una banda que hará una especie de funk futurista. Nos llamaremos The Unknown Mortal Orchestra. 
Kody.— Pues yo también tendré un grupo nuevo, Opossom, pero probaremos más con el indie pop con aires sixties y algo de psicodelia. Y me iré a vivir con Bic Runga, a la que produciré su cuarto álbum. 


Dicho y hecho. De The Unknown Mortal Orchestra ya hablamos aquí este año. Toca el turno, pues, del debut de Opossom. 
 

Electric Hawaii (Fire Records, 2012) comienza con un aire de guateque sixtie, marimbas incluidas. Salvo la parte en la que han tomado unos RedBulls de más, como en «Cola Elixir», y el corte final, retorcido y lúgubre (recuerda a Sparklehorse), es uno de esos discos soleados y fiesteros; a veces con algunos efectos de producción de más, pero a cambio todo se desarrolla en apenas media hora. 

sábado, 10 de noviembre de 2012

jueves, 8 de noviembre de 2012

Género chico #35 // Plataneces #35: Stereolab

Si hoy día el cedé es un moribundo que se mantiene con respiración asistida, qué decir del cedé de 3’’. De hecho, nunca fue un formato muy extendido, pese a su apariencia de golosina musical. Más que de género chico habría que hablar de género miniatura. Gog sólo atesora tres ejemplares. Los dos primeros —REM y Danny Wilson— se los compró a finales de los años ochenta en una tienda de discos de Chicago. El último no fue hace mucho y en él vamos a detenernos ahora. 


Sala El Sol, noviembre de 2008, la que a la postre resultó ser la última gira que harían Stereolab por estos lares. En el tenderete del merchandising reposaba un simpático minicedé titulado Rose, My Rocket-Brain! (Duophonic, 2004), que se editó expresamente para la gira de 2004, también en vinilo de 7’’. El tema titular iba seguido de «Banana Monster ne répond plus» y «University Microfilms International». Las tres piezas eran inéditas y están entre lo mejor que dejó grabado la banda. Nada de descartes o de experimentos para alguna cara B. De hecho, «Banana Monster ne répond plus», con esos teclados espaciales y el aroma longue tan Stereolab, y «University Microfilms International», sostenida por una percusión excitante, engalan su cancionero como las que más.

Curiosamente el minicedé se publicó con una errata en la contraportada, pues el orden de las canciones aparece cambiado.


El error ha llevado a equívocos incluso a la hora de subir las canciones a YouTube. Esta que va a sonar no es la que se anuncia, sino la inicial:

lunes, 5 de noviembre de 2012

La influencia del centeno en la cultura popular #20 // Dime qué lees y te diré cómo se llama tu banda #16

Caulfield, Holden Caulfield. De los Caufield de toda la vida. De la costa este de toda la vida. Si El guardián entre el centeno es un mito literario en EEUU, aún lo es más en estados como Vermont, New Hampshire, Massachusetts o Connecticut. De por allí eran dos bandas musicalmente diferentes pero que compartieron idéntica inspiración para bautizarse en lo artístico: The Caulfields y The Caulfields! Un simple signo de exclamación los distingue.   

Todo lo que puede decirse del trío bostoniano The Caulfields! es que su álbum We Hope You Brought your Rock Shoes (2009) es un ejercicio de punk rock a piñón fijo a lo Green Day (curiosamente, sonido de la costa oeste).   

  
Por su parte, el cuarteto de Vermont dejó dos discos: Whirligig (A&M, 1995) y L (A&M, 1997); al segundo le engalanaron la portada con una foto del Atomium de Bruselas. En la información que puede rastrearse sobre The Caulfields, aparecen, perennes, las mismas influencias musicales —Elvis Costello y Joe Jackson—; escuchados entonces para dejar rascada la curiosidad, se comprende muy bien el significado de la expresión «a años luz». Uno de sus temas más conocidos fue Devil’s Diary.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Hubo un tiempo en que bastaba con una portada #13: hoy lo cuenta Luis (SurfinLou)


Cuando diferentes personas ya han escrito mucho y bien sobre el mismo tema, si le toca a uno volverlo a explorar conviene no repetirse. Así que como creo que lo que Gog pretende transmitir con estas colaboraciones solicitadas es no tanto loar grandes discos como recordar que hubo un tiempo (n. del a.: mejor) en que sus portadas asumían una trascendencia muy superior a la misión meramente estética actual, me propongo —confirmándolo, por supuesto— dar cuenta de que tal fase histórica comportó también lastimosas consecuencias negativas. 

Y por eso tardé tanto en conocer a Theo Hakola.

Y es que, díganme Vdes., en 1982, tiempos de sofisticados neo-románticos, elegantes y vanguardistas synth-poperos y gélidos y distantes after-punks... ¿quién coño iba a mirarse dos veces esa mierda de portada? Bien, pues yo. Yo la miré. Pero sólo una vez y no supe ver lo que había detrás. Sólo vi una foto virada a naranja-atardecer-revolucionario, que presentaba una formación musical con reminiscencias estéticas de lo que en mi ingenuidad me parecía banda popular de país del Este de mediados de siglo, presidida por... un acordeón. Un acordeón, sí. Justo más o menos cuando lo cool, para los que no éramos jevis era la música fría, sintetizada, industrial y deshumanizada. Y por ello moderna y futurista. O en su defecto el siempre introspectivo after-punk, capaz de reconciliarle a uno con todos sus problemas, fueran cuales fueran (era tan sólo cuestión de reconocer que eras un tipo torturado y que nadie te entendía, como Ian Curtis, Steve Kilbey o Adrian Borland; mucho más barato que un psicólogo infantil, dónde vas a parar). Pues eso, que un tipo enrrollado no iba a comprarse un disco en el que saliera un acordeón. ¿Es que me iba a volver tuno o algo? 

En fin, lo dicho, que la portada me disgustó profundamente y no supe intuir, cuando me di de bruces con ese disco (que aún recuerdo dónde fue), lo que pudiera tener de pista de lo que había dentro. Ni —en el caso de que entonces supiera ya quién era, que no lo tengo nada claro— acerté a leer la parte de los créditos que ponía «Produced by Martin Hannet». Eso hubiera ayudado, oh, gran señor de las texturas primi-ochenteras. Así que, si como decía por aquellos tiempos (en pareado que ha perdurado hasta hoy en mi pequeño mundo) un entonces amigo mío, él compraba los discos «más que nada, por la portada», yo prescindí de ese principalmente por la misma razón. Y años después me di cuenta de mi tremendo error. Porque, sin ser ni de lejos el mejor disco de post-punk de la historia, si es de los más ingenua y particularmente personales. Y a la vez eclécticamente compulsivo. Para etiquetadores impenitentes, quitémonos ya de encima la obligación descriptiva, que pasaría por una onda Wire y adláteres, con algo de Joy Division, Gang Of Four, ritmos poco habituales, postales radicales de visionario expatriado y demás blablablá de crítico musical. Sí, incluidas las guitarras afiladas y/o cortantes. 

 Y —ya bien etiquetado— pasemos a lo que íbamos; que un tiempo después, con bastantes más años y tecnología a cuestas y por tanto mayor información en la cabeza y al alcance de la mano, hallábame yo en el doloroso y oneroso proceso de recuperar y reconstruir una gran parte de mi colección de vinilos de los 80. La había vendido a finales de década por mi penuria económica post-adolescente y credibilidad absurda en el advenimiento del compact disc. Y entonces fue cuando me lo volví a tropezar. Esta vez ya no se me escapó, aunque seguía sin haberlo escuchado. Y al hacerlo caí en la cuenta de que, cuando creía que «Missiles» de The Sound era la única canción del post-punk que había reflejado hasta el fondo la patada en los cojones que suponía la tensión psicológica y física y la frustración de unos años mucho más oscuros para una generación de lo que los recordamos ahora, estaba equivocado. Porque dentro de Yellow laughter (RCA, 1982) venía «Soon come violence». Y aunque ya no estábamos en los 80, los tenía suficientemente frescos para que aún se me pusieran algunos pelos de punta. 



Además, resulta que donde yo había visto la foto de una banda verbenera lo que había eran unos jóvenes combatientes cantando La Internacional (que en la primera mitad del siglo XX tenía un valor, creánlo) y que Orquesta Roja era el nombre dado por los nazis a una organización clandestina de la resistencia diseminada por toda Europa. Y que tras la banda estaba un americano de Spokane de raíces finlandesas y suecas, residente en Francia después de haber sido sindicalista mientras trabajaba montando ojos de muñecas de juguete en Barcelona, licenciado en Ciencias Políticas, que había descubierto tarde el rock a través de los Clash... y que ni siquiera era muy joven. Iba ya por los 25, así que el nervio y la tensión presentes en canciones como «Soon come violence» o «Je cherche une drogue (qui ne fait pas mal)» ni siquiera derivaban de su rabia adolescente, sino de haber llegado tarde. Y de que Theo Hakola era justo eso, nervioso y tenso. Era, es, uno de esos personajes inquietos y fantásticos —de los que algunos dan en llamar francotiradores— cuya trayectoria multi-artística nunca alcanza a romper del todo pese a su variedad, continuidad y talento. Novela, teatro, música, performance... Un personaje. Este fue su primer grupo. Después vino Passion Fodder y muchas cosas más. Pero diría que nunca más esa crispada tensión. 

¿Haber entendido eso en su día hubiera cambiado mi opinión sobre la compra del disco? Pues no necesariamente, la portada seguía siendo igual de fea y las tentaciones en que gastar el dinero disponible muchas. Pero al menos la de la foto no era una banda de verbena y le habría dado un par más de vueltas a la carpeta antes de despreciarlo tan olímpicamente. Que las pretensiones intelectuales eran casi tan importantes como las estéticas, en aquellos añorados años de descubrimiento. Ahora esas cuestiones me preocupan ya menos. Aunque, insólitamente, sigo comprando discos a ciegas, me da más igual darme el lujo de despreciar por prejuicio estético y perderme algo «imprescindible». Hay tanta música... Pero la adolescencia era otra cosa, y por siempre me quedará la espinita de no haberme podido deprimir a gusto y autocompadecerme a discreción con la banda sonora de Yellow laughter cuando tenía la edad para ello. 

Culpa de la portada, vean si tenían importancia. 


Y ya para acabar, si se me permite, me atrevo a añadir algunas notas complementarias diversas al pie, visto todo ya desde bien entrado el siglo XXI: 

1. Y luego resultó que encima eran arties, experimentales y cool. Hubiera quedado como un rey ante mis amigos. 
2. Me repateó el acordeón... y no tanto después iba a estar botando como un saltamontes espídico con los Pogues. Coherencia post-teen donde las haya. 
3. Si hubiera enfocado este texto desde el punto de vista más normal de «mi portada favorita» o «la portada que más recuerdo», probablemente hubiera hablado del maxi americano de Atmosphere de Joy Division (esa nieve...), de Architecture & morality de OMD (esa geometría racionalista tan vanguardista entonces), de Heaven up here de Echo & the Bunnymen (esas portadas paisajísticas fotográficas, mis favoritas sin duda alguna), de Non-stop erotic cabaret de Soft Cell (ese submundo pringoso entonces sólo intuido, poco después deseado y algo más después experimentado) o de From the lions’ mouth, de The Sound, que es fea y descontextualizada de cojones (aunque no poco cool, que era lo grave...) pero significó mucho para mí. 
4. Y aunque no soy nada fan, hubiera tenido que reconocer que el artefacto discográfico más bonito de la historia, por lo que se refiere al contenido, es sin duda Tusk, de Fleetwood Mac. Claro que a ver quién pagaba hoy día cuatro carpetas superpuestas... 
5. Seamos sinceros del todo; los prejuicios no son tan malos. Ese del acordeón me perjudicó entonces, pero es el mismo que décadas después ha preservado mi salud y me ha permitido quedar a salvo e impertérrito ante la invasión de Manu Chao y sus herederos macaquistas. 
6. Recomiendo fervientemente una inmersión en la nueva ola y el after-punk franceses. No son muy conocidos, pero hubo grupos y discos muy interesantes. 
7. Gracias por leer hasta aquí, que se dice en los anuncios de venta en internet.

[Autor del texto: Luis (SurfinLou)]

jueves, 1 de noviembre de 2012

Hoy llego tarde #9: Magic Bullets


Hay dos motivos de máxima felicidad para Gog reunidos en Much Ado About EP (Mon amie, 2012): lo ha grabado y mezclado Monte Vallier —el bajista de los nunca suficientemente reconocidos Swell— y suena como si Orange Juice y Aztec Camera siguieran en activo. Es decir, pop de guitarras reflexivo pero contagioso, compuesto por espíritus sensibles dotados para lo bello. El quinteto de San Francisco Magic Bullets muestra una anglofilia total y transmiten toda esa energía optimista a base de guitarras animadas, percusiones bailongas y melodías para pasear en bicicleta una mañana soleada de domingo. Siete maravillas, veintitrés gozosos minutos, que no salen del reproductor. 

«Unlearned»

«Awful»

Lamentablemente, la banda se ha separado después de la última gira este verano. Dejan atrás tres discos de estudio más que Gog tampoco conocía y que se pondrá a escuchar cuando Much Ado About EP quede bien exprimido. 

El guitarrista gasta gafas.

martes, 30 de octubre de 2012

Comerse un cocodrilo (en Dinamarca) #9 // Género chico #33: The Felines


Asta (bajo), Ditte (guit.) y Mei (bat.), copenhaguenses y residentes en el barrio de Nørrebro, son las tres deliciosas componentes de The Felines. Bjierre, Melgaard y Long Bao con sus respectivos apellidos. La primera le da al bajo; la segunda, a la guitarra; la tercera, a la batería. Concepto, pues, básico y esquemático, sin florituras que impidan demostrar su amor incondicional por el garaje sesentero, la música surf y el punk rock. 

Su primer concierto lo dieron en marzo del año pasado. Unos meses después grabaron sus primeros cuatro temas en la ciudad sueca de Mälmo, que ha publicado en forma de EP de 7’’ el sello español Hey Girl! Records (¡un aplauso bien fuerte, por favor!).



«Daddy Walk», «The Sneak», «Boots» y «Black Joe» son cuatro pildorazos descoyuntantes que nos hacen felices a nosotros y que harían sentirse orgullosos a The Pandoras, The Cramps, Link Wray y The Sonics. 

Qué ganas de verlas. Ya podían traerlas al PopFest. Y si no, habrá que ir pensando en una escapada a la tierra del queso Havarti.

domingo, 28 de octubre de 2012

Sales en mi canción #49 // Cameos musicales #41

Los tres discos que grabó Joe Strummer con los Mescaleros son muy fáciles de apreciar y de degustar si uno se olvida de quién fue Strummer y de qué grupo fue miembro. En realidad, el comentario anterior resulta injusto, porque a poco que se rastree por la discografía de The Clash —«The Magnificent Seven», «Car Jammin’», sus querencias por el reggae, etc.— se puede comprender perfectamente que derivara hacia ese cóctel de folk-rock y rocabilly pasado por la world music que practicó con la mentada banda. 

De hecho, ya había dejado diseminadas más señales casi una década antes del primer álbum con los Mescaleros. Finiquitados The Clash, se dedicó a componer bandas sonoras y a interpretar pequeños papeles en el cine; o ambas cosas a la vez. Para I Hired the Contract Killer (Kaurismäki, 1990), por ejemplo, compusó e interpretó, acompañado por The Pogues, «Afro-Cuban Bebop», e hizo un cameo con «Burning Lights», acompañado por un bonguero:

 

Para Global a Go-go (Hellcat, 2001), el segundo álbum de Joe Strummer & The Mescaleros, el concepto y el mensaje eran más explícitos que los exabruptos del actual ministro de educación. El tema homónimo proponía llegar con la música a cualquier parte del planeta: 



This tune is going out to Marconi 
To all corners of the globe 

Como muchos otros músicos: 

For some anti-gravity mixing 
With two dub plates of U-Roy 
[…] 
Buddy Rich in Burundi 
Quadrophenia [The Who] in Armenia 
[…] 
Big Youth booming in Djkarta 
Nina Simone over Sierra Leone 
Wild sound of [Master Musicians of] Joujouka in Nevada - hey, Joujouka 
Everywhere, everywhere Bob's [Dylan] bringing it all back home. 
[…] 
Cos tonight Bo Diddley's in Finland Station - hey, Bo Diddley 
Sun Ra's in Omaha 
The Skatalites in New York City - hey, Skatalites 
The Stooges rule over Habana 
The Bhundu Boys rock Acapulco - hey, hey Bhundu Boys 
[…] 
Ali Farke Toure's in Oaxaca - hey, Farke Toure 
And Baaba Maal's all over Stalingrad 
[…] 
We calling out for Ronnie [Spector] and da-do Ron, Ron, Ron 

Y nos queda la duda de a quién se refería en la línea «Oh, send the rock steady out to Freddy», aunque a primera vista parece muy obvio. 

Se supone que el efecto que causarían todos ellos sobre la tierra sólo podría ser beneficioso. Bendito ingenuo, Joe; si levantaras la cabeza y vieras cómo está el patio…

viernes, 26 de octubre de 2012

...Y ellos se juntan #63 // A mí no hace falta que me cambies el plato #33: RZA + The Black Keys

El rapero RZA y el dúo The Black Keys se alían para interpretar juntos uno de los temas de la banda sonora de The Man With The Iron Fists (2012), una de samuráis dirigida por Robert Diggs, o sea, el propio RZA. Además, a la canción le han hecho vídeo exclusivo, en el que los tres se enzarzan en una pelea en un restaurante chino cuando la camarera, al llevarles la cuenta, sólo les pone una galleta de la fortuna para compartir. La guerra de comida en la que se enfrascan tiene su culmen en el momento queso de tetilla (en 3’12’’).