En cuestiones artísticas, ni todo vale ni todo es una basura. Sin embargo, ante la novedad, está o quien aplaude la vulgaridad más zafia o quien censura cualquier asomo, en una dicotomía intransigente y áspera. Todo cuanto suponga un esfuerzo creativo por sí solo debería merecer, al menos, una consideración; después vendría un juicio crítico del que se entresacarían las propuestas valiosas y se desecharían las tomaduras de pelo. Hay que expurgar, pero con discernimiento.
Salen a flote estas reflexiones porque se viene observando últimamente, a raíz de la eclosión del actual movimiento más underground e independiente patrio, vítores y vituperios a partes iguales, guerracivilismo sin término medio. Antes que nada, parece incuestionablemente positivo que haya ganas de crear entre las nuevas generaciones y que de hecho estén creando, que se haya formado una cantera, una escena. Luego se verá qué es lo que consigue sobrevivir y qué no.
Esta nueva hornada tiene su campamento base en la red —bandcamps principalmente—, y algunos de los grupos han conseguido lucir algún tema en vinilo a través de los recopilatorios que publica periódicamente La Fonoteca desde 2011, su principal rastreador, en Madrid y Barcelona. (Un monumento y una lluvia de subvenciones es lo que debería recibir esta web por su ingente labor archivera del patrimonio musical español.) Y cuando los grupos publican, suelen hacerlo en formato de vinilo o casete en autoediciones o en minúsculos sellos independientes, a los que también habría que poner otro monumento.
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Un primer corte muy próximo al noise, con un parapapeo luminoso, ya arrebata. Y encima le sigue uno de los mejores temas que se han compuesto por aquí en el último lustro, «Por todas partes»:
Estás por todas partes, como el hierro y el latón
Por todas partes, sin llegarlo a parecer
Y basta con un instante, como el cielo y el dolor
que nos separa y que nos hace desiguales
Un poco más allá, «Amor y pedagogía», pop soleado con aires sesenteros. Cierra la primera cara la simpática «Moderna», la historia de una chica que lleva tatuada una pierna, tiene espíritu barroco y sale con un marciano. Más oscura, como cuando se tienen nubarrones en el ánimo, «No tenían aspirinas así que traje cigarrillos», con unos punteos de guitarra diáfanos. Y si queremos seguir hablando de guitarras, «Escándalo en la montaña» es otro ejemplo de cómo tratarlas.
¿Será CVEEC una de las bandas que permanezca y deje huella? Se verá; mientras, se disfrutará.
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