viernes, 14 de diciembre de 2012

Strano mondo di tanti nomi #22 // Cosas de hermanos #38: Kakkmaddafakka


La portada repele más que un antimosquitos; y no queráis ver las fotos del interior… Encima el nombre de la banda no lo pueden pronunciar correctamente ni en Noruega, patria de este trío. Pero a Gog le recomendó la escucha no hace mucho el amigo bruselense de este blog y, oye, es que además lo produce Erlend øye. 

Los hermanos Axel y Pål Vindenes o son unos cachondos mentales o es que, definitivamente, en su país hace un frío de calzón de cuello alto, porque Hest (Bubbles, 2011) es un álbum para sudar, para sudar bailando, para no parar de bailar, desenfadado, divertido, hedonista. Los fuegos artificiales nos maravillan, aunque cuando acaban desaparecen sin dejar rastro y no retenemos nada de ellos; hemos pasado un buen rato contemplándolos, después nos limitamos a esperar a la siguiente ocasión. Pues algo de eso tiene este álbum: una vez ha terminado, no nos deja ninguna huella trascendente, pero mientras duró, ¡qué bien nos lo pasamos! 

Aprovecha ahora que vienen fiestas y ponlo en las reuniones familiares o en los saraos de la oficina. Quedarás como el guay que eres, todos se lo pasarán bien (es infalible, garantizado) y aunque puede que a tu tía la soltera se le suelte el refajo de tanto «mover el esqueleto» (es expresión suya), a cambio volverá a darte un aguinaldo como cuando eras un chaval. Y tu conciencia de exquisito catador musical quedará tranquila porque, oye, recuerda, lo produce Erlend øye.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

La cara oculta #12: Clinic


Ser cuatro y de Liverpool no garantiza nada. Más bien, ser cuatro y de Liverpool, hoy día, obliga al desmarque, al disfraz, al distingo. Así debieron de entenderlo Clinic cuando decidieron montar una banda en su ciudad. Optaron por enmascararse para pergeñar una imagen misteriosa que estimulara la curiosidad. Claro que de nada sirve ocultar el rostro si luego en lo musical no tienes nada que aportar, porque si no cualquier cofradía semanasantera podría grabar un disco. 

En el caso de Clinic, con o sin mascarillas cubriéndoles el rostro, lo que realmente resulta misterioso y atrayente es esa sonoridad suya tan peculiar, como si le pusieran música a la fibrilación cardiaca. Si los cirujanos operaran con música de fondo, esta debería ser la que sonara por el hilo musical del quirófano, porque es fría pero palpitante. 

Son cuatro y de Liverpool. Evidentemente, estos no han alcanzado ni alcanzarán ni la mitad de la montaña en la que se encumbraron sus afamados paisanos; son más bien un grupo de culto, de esos que despiertan una filia pétrea entre un pequeño círculo de seguidores, como los hay que ven partidos de segunda división todos los domingos. A veces este tipo de bandas menores consigue una empatía mayor con ciertos oyentes, y se convierten para ellos en una pequeña obsesión. A Gog, sin duda le sucede con Clinic, como en los ochenta le ocurrió con The Darling Buds, o con Swell en los noventa: su sola mención sirve para ponerle los pelos como Scorpions. 


Acaban de publicar su séptimo álbum, Free Reign (Domino, 2012). Queda ya lejos The Second Line, uno de los mejores temas de aquellla década, que hasta una marca de vaqueros acudió a ella para anunciarse, y es probable que estén dando vueltas más o menos a lo mismo desde hace quince años, pero suena este «King Kong» con su «ah ah ah ah ah ah» y apetece subirse al Empire State a gritarlo. 


Con el paso del tiempo también se están dejando ver más. 

lunes, 10 de diciembre de 2012

La bella y la bestia [enésima versión] #11 // Gastan gafas #56: Advance Base

Cuando a Owen Ashworth sus padres le regalaron por Navidad aquel teclado de juguete, nunca pensaron que años después continuaría metido en su cuarto dándole a los cachivaches con teclas y grabando canciones. Por si sus intenciones no estuvieran del todo claras para alguien, bautizó su primer proyecto musical como Casiotone for the Painfully Alone. Ahora lo ha cambiado por Advance Base, tal vez porque ha cambiado de casa, pero el concepto sigue siendo básicamente el mismo: baladas de perdedor, cantadas como con desgana y musicadas con pianos eléctricos, autoharp, omnichord y viejas cajas de ritmo. 


En el vídeo para el tema que abre A Shut-In's Prayer (2012), el protagonista es él mismo, pero sin gafas e interpretado por un entrañable monstruo azul, una tierna bestezuela que añora a la bella diosa de la que está obsesivo-compulsivamente prendado. Se martiriza viendo proyecciones de ella, hace pedazos sus fotos metiéndolas en una batidora, compone música en casa pensando en su amada y por fin sale a la calle para intentar recuperarla. 


(Por cierto, además del propio Advance Base, algunos más deberían pagarle un canon al creador de Tricky, el “monstruo de las galletas”, como Monstruos S.A., Herman Dunne, etc.).

domingo, 9 de diciembre de 2012

La influencia del centeno en la cultura popular #21

Camisetas, chapas, mandiles, tazas, corbatas... toda una variedad de productos inspirados en la familia Caulfield:





Resulta imposible imaginarse a Salinger, tan correoso él, comprándose algo relacionado con el merchandising de cualquier tipo; sin embargo, igual a Gog no le sentaría del todo mal meterse en uno de esos mandiles.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Dime qué lees y te diré cómo se llama tu banda #17: The Verlaines

El escritor francés Paul Verlaine fue poeta simbolista y, a la postre, símbolo para artistas de muy diferentes épocas y condición, el rock incluido. Tom Miller y Graeme Downes, por ejemplo. El primero, el cristalino guitarrista de Television, se rebautizó a sí mismo como Tom Verlaine; el segundo llamó a su banda The Verlaines. 

Escribió el Verlaine original: «Los dioses nos regalan el primer verso; los demás debemos conseguirlos nosotros con esfuerzo y tenacidad». Pues si algo ha demostrado tener Downes a lo largo de tres décadas de carrera musical es tenacidad. Hoy día es un ilustre catedrático en la Universidad de Otago (Nueva Zelanda), aunque también continúa activo musicalmente. 

Su canción de presentación, allá por 1983, fue «Death and The Maiden». De título con reminiscencias clásicas, era una declaración de intenciones sin ambages posibles: 

Do you like Paul Verlaine? 
Is it gonna rain today? 
Shall we have our photo taken? 
We'll look like Death and The Maiden 
Verlaine, Verlaine, Verlaine, Verlaine, Verlaine, Verlaine, Verlaine, Verlaine, Verlaine Verlaine, Verlaine, Verlaine, Verlaine, Verlaine, Verlaine, Verlaine, Verlaine, Verlaine 


Su trabajo mejor considerado, el más dramático, dicho esto en un sentido positivo, el más intenso, con las guitarras más briosas y ensambladas, es el segundo álbum, Bird-Dog (Flying Nun, 1987). Era pop rabioso de guitarras pasado por la oscuridad del post-punk y la propia complejidad de Downes; pop, al fin y al cabo, pero como si su autor no quisiera dejarlo todo tan fácil ni tan hecho. 


Este mismo año ha publicado Untimely Meditations (Flying Nun, 2012), que se abre con un tremendo tema, áspero, vibrante, con ese «fucking idiot» del estribillo machacándote el cerebro:



Es un álbum lleno de tensión, complejo, ajeno a los cánones convencionales, poblado por los fantasmas de Nietzsche, Shakespeare, Beethoven, Charlie Chaplin, Dante… Un carrusel sonoro, un tiovivo de sensaciones musicales, cabaretero y alucinado, en el que hay que prestar atención a los detalles —como la trompeta de «Dark Riff», el piano de «On the Patches» o la entonación a lo The Fall y los coros en el tema final— y al mismo tiempo dejarse empapar por el conjunto. Impresiona. 


Escribió el Verlaine original: «Hay que entrar en uno mismo armado hasta los dientes». Pues lo mismo sucede para entrar en este álbum.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Discos con portada con discos #50

El compositor francés André Popp en su serie Delirium in Hi-fi (1958). El segundo es la edición australiana. El tercero, todo un ejercicio de técnicas de grabación y experimentos sonoros, es el proyecto que realizó junto a Pierre Fatosme al año siguiente. 




Popp compuso la afamada «Love Is Blue», que presentó en Eurovisión, por Luxemburgo, Vicky Leandro, y que después ayudó a popularizar más la bella y lánguida Claudine Longet con su versión en inglés.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Ellas llevan el ritmo #33: Cati Bestard

Cati Bestard, la batera de los geniales Doble Pletina, se ha ido unos días a Nueva York y ha aprovechado para tocar junto a otras dos baqueteadoras de Tres Drums, una de ellas la editora de la revista Tom Tom Magazine, Mindy Abovitz, y la otra, Kristin Mueller, que en palabras de la propia Cati, "es una crack". A Cati se la puede ver en primer plano tocando con un estilo impresionante:

martes, 4 de diciembre de 2012

Como decíamos ayer #15: Kid Creole & The Coconuts


El humor no es un valor que consideren demasiado en la academia hollywoodiense a la hora de oscarizar al personal. ¿Una peli sobre el hundimiento de un barco con miles de pasajeros a bordo? Oscar inmediato. ¿Un actor interpretando a un enfermo terminal de cáncer? Otro tanto. Y así. En realidad el humor no goza de una pátina de seriedad artística en casi ningún campo, excepto en el Club de la Comedia. La comedia siempre ha sido lo inferior, lo bajo, lo corrupto. ¿En pintura? Mejor hablemos de Rothko. ¿En literatura? Miguel Mihura, Rabelais, qué cachondos, los tíos, y ya. En El nombre de la rosa la acción la desencadena el monje ciego que considera la risa como un pecado. Pues intentad hacer reír a alguien y veréis que no es nada fácil. Es mucho más difícil hacer reír que hacer llorar. 

August Darnell nació en agosto, así que aunque parezca un chiste, de ahí su nombre. Sus padres, un dominicano y una canadiense, otros cachondos. De casta le viene al galgo, porque el propio Darnell, después de unos primeros proyectos musicales insatisfactorios, se rebautizó como Kid Creole inspirado por la peli de Elvis Presley King Creole (1958). Para la imagen, el estro le vino de Cab Calloway. Y en el plano musical, unas muy diferentes influencias conformaron una ensalada que aderezó con su desparpajo y su sonrisa profidén: música disco, ritmos tropicales (mambo, conga), ambientación de big band y coristas con bastante pierna a la vista, comandadas por su mujer, Addy Kaegi, que se ocupó de la coreografía y el vestuario hasta su divorcio en 1985. Todo ello conformaba una imagen un tanto frívola que siempre ha hecho que la crítica circunspecta desviara su atención hacia cosas más «serias» y nobles. 


El pelotazo lo pegó con su tercer álbum, menos logrado en conjunto que los dos primeros, pero que se abría con la irresistible «Annie, I’m Not Your Daddy». El año pasado regresó, fiel a sus preceptos musicales, con I Wake Up Screaming (Strut, 2011), que es uno de sus mejores discos si no la cima de ellos. Llegó diez años después de su anterior álbum de estudio. Contiene, al menos, tres temas pletóricos: «I Do Believe», que tendría que estar sonando en todas las fiestas del planeta; «Stony & Cory», el inicial, con esa inconfundible guitarra funky tan entrañable sobre picoteos de teclado; o «Attitude», de ritmo sostenido irresistible; y el resto del trabajo mantiene el nivel. Su hermano Dario le echa una mano.


Disco saladísimo, de estimable calidad, que hará pasar un rato grande a quien lo escuche. Ponedlo en el coche, mientras cocináis, en cualquier fiesta… o siempre que queráis combatir el aburrimiento y la desidia. A reivindicar con la cabeza muy alta. Y encima todavía podemos seguir usando el chiste que circulaba entonces: eso te queda más ancho que los pantalones de Kid Creole. 

lunes, 3 de diciembre de 2012

Hit instantáneo #22 // Cosas de hermanos #36: Pacific Air


El silbido y la alegre percusión iniciales ya te hacen poner tiesas las orejas. A los 48’’ aparece una batería trotona, feliz como un perro que sacan de paseo, y el tema te pinta una sonrisa en la cara aunque te resistas. 

Paparapeos, silbidos, chasquidos de dedos… esta efervescente canción de Pacific Air lo tiene todo para animarte incluso un lunes. Es el tema que abre el EP de los hermanos Lawhon, Float (Republic, 2012), que desde Los Angeles andan dando sus primeros pasos musicales.

Float by Pacific Air Music

domingo, 2 de diciembre de 2012

Comerse un cocodrilo (en Dinamarca) #10: Choir of Young Believers


La voz, la buena voz, no es el instrumento más importante en el rock o en el pop. Si lo fuera, Rod Stewart no se hubiera hecho millonario vendiendo discos ni Los Planetas gozarían del prestigio del que gozan. Es más, una voz inmaculada, capaz de moverse por las escalas, de modularse, no casa del todo con estos géneros. Se podrá cantar como los ángeles, pero los ángeles no emocionan. Energía, estribillos, riffs, etc., son algunos otros valores más considerados. 

La banda danesa Choir of Young Believers, en cambio, está hecha para el lucimiento de su cantante, Jannis Noya Makrigiannis (1/3 griego, 1/3 danés, 1/3 indio). El resto de la formación, asentada en Copenhague, es muy cambiante. En Rhine Gold (Ghostly International, 2012) sobresalen también el bajo y los arreglos electrónicos; pero sobre todo dejan espacio y le dedican tiempo a esa voz, que se explaye, que se pliegue y despliegue. El aire soñador del nombre de la banda se reproduce en su música. Es un sonido celestial, dicho sea en su sentido de grandiosidad y ensoñamiento, aunque quizá sería mejor llamarlo espacial; un pop orquestal —caben el piano y los violines— de largos desarrollos, algo petulante en ocasiones, pero con personalidad propia y con el marchamo de inclasificable. Sedated, con sus truenos incluidos, podría ser el perfecto resumen de todo ello. 

Este es su segundo asalto; en su país son un fenómeno.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Sales en mi canción #51 // ¿Y tú de quién eres? #16 // Karaoke #18

Manuel Sánchez —guitarrista de Los Punsetes y el todo de Anntona— reflejó con gracejo en un tuit la frustración del artista cuando detecta en otros la genialidad que uno mismo no logra alcanzar: «Uno todo el día intentando hacer canciones y llegan los Espanto y TE MEAN». Fue a raíz de que saliera hace pocas semanas el espectacular adelanto del que será el inminente álbum del dúo logroñés: Rock n' Roll (Austrohúngaro, 2012). 

Ahora Espanto ofrecen un segundo tema como aperitivo, también con vídeo. «Hijos» les devuelve a la línea intimista habitual de la pareja, está sostenido por un piano y algún otro teclado; la letra, de tinte existencialista y generacional, cita a hijos de músicos famosos, al cineasta Zowie Bowie y los también músicos Rolan Bolan y Lisa Marie Presley, todos ellos de ilustre apellido.


¿Hay detrás de la letra una lectura social? Probablemente no, pero a Gog, al oír esos tres nombres, le vino a la cabeza la idea de que esta desastrada y desatrosa situación económico-laboral de hoy día conllevará que las nuevas generaciones no alcancemos el nivel de vida, prosperidad y bienestar al que llegaron nuestros mayores. Suele ser ley de vida, generalmente, que los hijos sobrepasen las condiciones y los logros de los padres. Los tres ejemplos citados en la letra de Espanto podrían servir como metáfora de que ahora no será así. Susceptible que está Gog con el asunto, ya ven ustedes.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Grafitis por el mundo #25


La calle San Dimas, a la altura de San Bernardo, en Madrid, se convierte en un callejón sin salida abrupto, que alguien ha tenido a bien ilustrar en blanco y negro con esa loa a la maría.

martes, 27 de noviembre de 2012

...Y ellos se juntan #66: Boomgates


Suena por enésima vez la última línea del estribillo de «Cows Come Home»: —‘Cause I’m hundred years old— y por enésima vez brota la emoción en Gog. Cómo está entonada esa línea, resulta exultante y triste al mismo tiempo. Muchas veces basta con un pequeño detalle —un acorde, dos notas, una palabra pronunciada de forma especial— para que una canción te atrape, te estremezca. Esta en concreto la cantan a dúo Brendan Huntley y Steph Hughes, dos de los componentes de Boomgates, que es algo así como una especie de supergrupo del indie australiano. Él está tras el micrófono en Eddy Current Suppression Ring y ella en Dick Diver; se les suma el guitarrista de Twerps, Rick Milovanovic. 

Cows Come Home

La descripción del palo que practican Boomgates es muy sencilla: pop de guitarras a la australiana. El resultado de Double Natural (Bedroom Suck, 2012) también es muy sencillo de resumir: melodías contagiosas engarzadas entre rasgueos de guitarra llenos de entusiasmo y excitación. Sin embargo, no debe de ser tan sencillo alcanzar una plenitud tal, porque si no habría miles de discos así de pluscuamperfectos. Desprende encanto, tiene ese pellizco de inspiración que pocas veces se consigue, es nostálgico y familiar, optimista y fraternal. Es una espiral incesante de riffs, que nos hace olvidar durante un rato tantos sinsabores, tantos amargores.


Cuentan que se han juntado nada más que para pasar un buen rato. Not every beginning has an end cantan en «Any Excuse». Esperemos que este sea uno de esos casos y que no tenga final esta historia. Larga vida a Boomgates.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Cameos musicales #42: Ned Kelly (1970)

Ned Kelly fue uno de esos bandoleros de leyenda que se transforma en héroe popular entre los estratos menos pudientes de la sociedad, en su caso por luchar contra la élite colonial australiana en el siglo XIX. Hoy día no sólo tiene entrada propia en la Wikipedia (esa fueste del saber moderno), sino que se ha llevado su vida al celuloide en varias ocasiones. 

En la primera de ellas, un terne y barbilampiño Mick Jagger le dio vida en la película Ned Kelly (Tony Richardson, 1970). En una de las escenas de cantina el propio Jagger, acompañado por un flautista, canta «Wild Colonial Boy», una pieza del folclore tradicional irlandés mal vista entonces por las autoridades. 


Hay que decir que, vista hoy, Jagger no sale malparado de su interpretación, pese a que tanto el director como él renegaron de la obra en su día. Jagger ha llegado a decir que jamás la ha visto. 

Johnny Cash le dedicó una canción al bandolero incluida en su álbum A Man In Black (Columbia, 1971).

viernes, 23 de noviembre de 2012

Gog, reportero #3: una mixtape de Jaime Cristóbal


Pensó Gog que para un nuevo capítulo de esta sección podría estar bien preguntarle a un músico por sus canciones predilectas en determinadas circunstancias. Pensó Gog que si hay un músico que sabe de canciones ese es Jaime Cristóbal, media naranja de Souvenir, capitán absoluto de J’aime, pinchadiscos ocasional y alma completa de Popcasting, su programa radiofónico en formato podcast. Pensó Gog que sí, que Jaime Cristóbal probablemente completaría esa lista. 

Para valorar como merece lo que viene a continuación, se hace necesaria una rotunda aclaración: Jaime Cristóbal no es un viejo amigo de Gog ni nada parecido; de hecho, ni siquiera se conocen personalmente, tan sólo mantienen una cordial y esporádica relación a través del correo electrónico para hablar sobre música. Así pues, todo el esfuerzo que ha realizado Cristóbal es fruto de su generosidad, de su amabilidad y de su desinteresada predisposición, llevado, sin duda, por lo que en él es un desmedido amor a la música, porque lo que jamás pensó Gog es que no se iba a limitar a contestar el cuestionario, que se implicaría así en las respuestas, crearía una mixtape con las canciones seleccionadas por él, las subiría a Internet y, atención, las grabaría en una casete, tuneada a mano a manera de collage, para regalársela al atónito Gog. Convendremos en que el mundo iría mejor con más gente así; ¿o no? 

Sobre su sapiencia musical y su maestría no hay más que leer y escuchar lo que viene a continuación. 

 
> Una canción de este año 

JAI PAUL • jasmine (demo) // una canción de este año debe sonar a este año, y uno de los pocos sonidos realmente característicos, nuevos, de la música contemporánea es esa cualidad amortiguada, como de música que se oye tras la pared, o de cinta de cassette que ha perdido todos los agudos... Jai Paul funde ese sonido hipnagógico tan ‘indie’ con una canción de música negra que suena a unos 80 distorsionados, con algodón en la boca y los oídos. Un refinamiento del viejo lo-fi para una canción que me parece soberbia y narcótica. 

> Una canción de los 80 

NADIA CASSINI • obsessed // «la» canción de los 80 habría sido imposible de elegir. “Una” canción de los 80 resulta un complicado placer. ¿Por qué esta maravilla de 1983 producida por Bobby O? Seguramente porque la descubrí en los 00s y por tanto no la he desgastado después de 30 años. O porque precede a «West End Girls» por unos meses, como un familiar oculto que nadie conocía. O porque synthpop y melancolía mezclados me derriten el alma. 

> Una canción para planear el atraco a un banco 

MINK DEVILLE • Gunslinger // con Willy DeVille sacando su lado más callejero y alardeando de ser más duro que Jesse James y de tener la pistola más peligrosa de la ciudad, ¿quién no atracaría un banco en su compañía? Una canción de rock rabioso de 1978, producida por Jack Nietzsche, magistral toda. Le dan ganas a uno de ponerse a pegar tiros... 

[Breve intervención de Gog: es una genialidad pensar en un tipo como DeVille para atracar un banco. Eso sí que sería una banda.] 

> Una canción para impresionar a una chica 

THE COUNTS • Enchanted Sea // los misteriosos Counts versionan el hit menor de los Islanders y le instilan un cierto veneno; es una canción romántica pero con algo también de bruma hipnótica y un punto de desasosiego... si consiguiese que una chica entendiera la belleza inherente a esa niebla sofocante que a veces puede envolver al amor, sería mía... o más bien yo sería suyo. 

> Tu canción francesa favorita 

LIO • baby lou // compartiría palmarés con otras 12 o 15, pero «Baby Lou» tiene algo que unifica todas las esencias en un solo frasco: mi canción favorita francesa tenía que ser de Serge Gainsbourg, y esta lo es, y además la grabó Lio: los 60 y los 80 en uno. Los arreglos son magistrales: orquesta, dibujos de guitarra. Su voz, la mejor. La melodía, de las mejores y peor conocidas de Gainsbourg. La melancolía, exquisita y a granel. 

> Una canción infalible cuando pinchas 

THE CRAMPS • Human Fly // tienen algo estas siete pulgadas de primitivismo rockanrolero que nunca falla. Será el simplismo máximo del riff, el ‘drone’ del fuzz de Bryan Gregory, o la batería troglodítica, pero es la canción que pinchando siempre funciona, no importa lo que venga después o lo que haya sonado antes. Curiosamente, el punk y rock entre 1976 y 1982 siempre funciona como transición entre las canciones más oldies y las más modernas. 

> Una canción mientras te vistes para salir de fiesta 

NICOLA ROBERTS • lucky day // la combinación perfecta de frivolidad comercial (Nicola R) y emoción propia de la música independiente (Dragonette, que firman y producen la pieza). Canción redonda, letra anticipatoria... ah, y pocas cosas dan más placer que cantar ese «are you gonna take this golden opportuniteeee?» mientras sacas a la veinteañera que todos tenemos dentro (yo al menos sí). 

> Una canción mientras conduces 

JOHN PHILLIPS • topanga canyon // Phillips es uno de los mejores compositores americanos, aunque no se le dé a veces toda la importancia que merece. Esta canción es pura languidez dorada, sacada del mejor disco crepuscular post-sixties. «Sometimes I drive out to Topanga / And I park my car in the sand». Vale, la canción es el bello lamento de un yonqui, pero es que a mí me gustaría coger mi coche y llegar hasta Topanga y recoger a John Phillips, y ayudarle a salvarse. «Oh Mary, I'm in deep waters / And it's way over my head / Everyone thought I was smarter / Than to be this dead». Dos razones más: a) oí la noticia de su muerte en 2001 mientras conducía; b) las pedal steel guitars son para escuchar mientras viajas. 

> Una canción para arrullar a un bebé 

VASHTI BUNYAN • rose hip november // de nuevo debo remitirme a la realidad. Sonó en casa recientemente mientras sostenía a mi bebé en brazos y funciona... puro placer exquisito. ¡Hasta la flauta me parece que queda bien, que ya es difícil! 

> Tu canción del verano 

KEN GRIFFIN • ebb tide // de este verano, desde luego. Casi un breve suspiro, comienza y ya está terminando, envolviéndote entre frescas olas de órgano, con la magia de la marea baja al amanecer. Este verano pasado ha sonado en mi reproductor, y sobre todo en mi cabeza, innumerables veces. 

> Una canción para cocinar 

THE KREW KATS • jack’s good // para cocinar, música instrumental o rock and roll. Es una de mis reglas. Así que si vienen dos por el precio de uno, mejor que mejor. Una gema de la recopilación «Phantom Guitars», recopilación beat instrumental y twang británico de los primeros 60, que he elegido porque siempre me recuerda a mi cocina cuando la escucho; hay un vídeo por alguna parte de Patricia y yo bailando esta canción allí. 


> Una canción mala que te guste o que te guste de tan mala 

BERT LOWRY • Portland Rose Song // dentro del paralelo multiverso de los Song Poems, también llamados Vanity Records, hay muchas delicias para amantes de lo bizarro con encanto. Pequeños lugares en los que las buenas intenciones fueron canalizadas por ineptos musicales que, si no ‘elevaron’, al menos sí ‘desviaron’ canciones destinadas a ser mediocres a una realidad extraña, grotesca a veces, pero con un ‘charme’ inimitable. A veces el arquero erra el tiro, sí. Pero, ¿cuántas además perfora su propio pie? En el espectáculo de los errores, lo extremo puede ser exquisito. 

> La canción que más veces has intentado que te guste pero que nunca acaba de gustarte 

GNARLS BARKLEY • Crazy // no tengo nada contra Dangermouse, pero nunca acaba de convencerme casi nada de lo que hace. Con Cee-Lo Green, tres cuartos de lo mismo. Esta canción es todo buenos exteriores, pero el interior está vacío... qué buen sample, sí, piensa uno... pero es que ahí empieza y termina la idea, ahí acaba la canción. Todo lo bueno lo aporta el original, «Nel Cimetero di Tucson», de Giancarlo Reverberi. Es la que suena, por tanto, en mi mixtape. 

> Una canción infravalorada 

LOS BICHOS • Wishin’ Shift // es posible que los que vivimos la explosión de rock, glam y pop de Los Bichos conforme sucedía en esta pequeña ciudad tengamos un recuerdo idealizado, y que ni Josetxo Ezponda fuese para tanto, ni sus canciones clásicos injustamente ignorados. Pero yo juro que desde que los oí en los 40 en 1989 (sí, sí, destacados como «disco rojo») incrédulo de que ese grupo pudiese ser de Pamplona, hasta la salida del Bitter Pink en 1991, un doble LP que marcó mi entrada en muchas cosas nuevas, los noventa entre otras, no dudé ni un instante de que eran el mejor grupo de España. El casi epitafio agridulce de Wishin’ Shift, la gran canción del disco que se quedó en nada, poesía y guitarra que muerde, sigue hechizándome como la primera vez que la escuché, solo en mi cuarto, en la oscuridad. Como él mismo solía firmar en sus dedicatorias, «Josetxo, keep on rockin’...» 

> La canción que todo el mundo debería conocer 

ERNEST RODGERS • Willie The Chimney Sweeper // de un viejo 78 rpm del año 27, aparece en numerosas recopilaciones dedicadas a canciones sobre drogas. Pero más allá de ese, digamos, MacGuffin musical, tenemos una canción que describe un sueño maravilloso y a la vez espeluznante, con ese punto que tienen con frecuencia estos viejos discos de pizarra entre la sicofonía y el canto primitivo capturado en una lámpara mágica. Una de las melodías más tristes que he oído nunca va narrando cómo Willie el deshollinador conoce en su trance a la reina de Saba, que le regala un coche con luces de diamante y un volante de oro, para seguir visitando a las bailarinas de hula en Honolulu, o guiñar a Cleopatra montado en un cocodrilo en las aguas del Nilo. «Poseyó un millón de vacas y un millón de ovejas, poseyó un millón de barcos en el profundo océano, y un millón de dólares en monedas pequeñas, lo sabía porque las había contado miles de veces». Una joya entre la canción infantil y el realismo mágico de las Basement Tapes de Bob Dylan que merecería ser un estándar. 

> La canción de tu vida 

THE GO-BETWEENS • Rock and Roll Friend // tantas alianzas musicales en mi vida que han desembocado en amistades hacen que esta hermosa cara B sea la banda sonora ideal. En un par de ocasiones lo fue literalmente, tocándola en concierto a dúo con Charlie Mysterio, hace ya demasiado tiempo. Y después, en la letra, tantas sensaciones familiares, el olor a tu música, los amigos, el reproche que se torna reconciliación... todo en nombre de la música.

[El enlace directo a la mixtape aquí.]