sábado, 26 de marzo de 2016

Cameos musicales #61 // La cara oculta #18: Nash the Slash

Roadkill, la fascinante roadmovie de Bruce McDonald, la serie B en todo su esplendor. Con una fotografía espléndida y con encuadres e imágenes espectaculares, el esfuerzo de la realización sirvió para conseguir el premio a la mejor película del festival de Toronto en 1989. Al parecer, McDonald, cuando recogió el galardón, tuvo la ocurrencia de decir que se gastaría los 25 mil dólares del premio en una pelota de hachís. 

La historia de Roadkill (del propio McDonald) es tan absurda como descacharrante; y los personajes parecen salidos de las familias más desectructuradas del planeta Tierra. La sinopsis viene a ser algo así: Ramona —interpretada por Valerie Buhagiar—trabaja en una promotora musical; la envían a buscar a los miembros de la banda de rock Children of Paradise, que han desaparecido y tienen que presentarse en varios conciertos que tiene firmados. Como ella no sabe conducir, tiene que tomar el tren y el autobús y finalmente acaba haciendo autostop y aprendiendo a conducir. En su camino a través de Canadá, conoce a los más extraños de personajes... Entre las historias que se van sucediendo, hay tiempo para ver alguna actuación en directo. Concretamente la de Nash the Slash, que supuestamente hace telonero de los ficticios Children of Paradise, interpretando su propia composición "We Will Be The Leaders". 


Jeff Plewman —como constaba en su carnet de identidad— también era canadiense, y, como podrá comprobarse en breve, sus excentricidades a la fuerza habían de avenirse con el también excéntrico McDonald. Como Nash the Slash siempre aparecía en escena con la cabeza cubierta de vendas, gafas negras y tocado con algún tipo de sombrero, ya fuera chistera, bonete o casco de obrero. No sólo era un notable multiinstrumentista (violín, chelo, etc.), sino que todo lo pasaba por el filtro de la experimentación y de la electrónica. Uno de sus proyectos más osados fue el mini-álbum Descomposing, que se puede escuchar a cualquier velocidad (33, 45 e incluso 78 rpm). Aparte de la curiosidad técnica en sí, el resultado es más que interesante


Además de intervenir en otras bandas (FM, por ejemplo) y de colaborar con diferentes artistas, como Gary Numan, mantuvo un vínculo constante con el mundo del cine, componiendo bandas sonoras —e él se debe la de Roadkill— o interpretando la música de películas mudas en salas de cine, a la vieja usanza. Y podría decirse que fue un pionero en llevar música en directo a espectáculos audiovisuales relacionados con el mundo del arte, como hizo en una exposición del pintor Robert Vanderhorst


Como curiosidad final, en Roadkill tiene una pequeña escena Johnny Ramone, del que no pueden alabarse sus dotes escénicas ni siquiera interpretándose a sí mismo: 


(Gracias a @srlansky por su ayuda con los vídeos.)

miércoles, 23 de marzo de 2016

Ellas llevan el ritmo #72 // El batería es el cantante #18: Steph Hughes, de Dick Diver


La esquizofrenia es tal desorganización neuropsicológica que acaba con el pobre que la padece viviendo una realidad paralela, una realidad alterada por el propio individuo a base de alucinaciones y psicopatías. Debe de ser terrible vivir en un mundo lleno de sombras que no existen, verse acechado por lobos de humo que nadie más ve. 

F. Scott Fitzgerald supo de sus consecuencias, pues su mujer, Zelda Sayre, fue hospitalizada por esquizofrenia en un sanatorio en Baltimore en 1932. Para estar cerca de ella, el escritor alquiló una villa en la zona residencial de Towson, al norte de la ciudad. Allí escribió Suave es la noche (Tender Is The Night, 1934). La novela tiene ciertas similitudes autobiográficas; narra la historia del ascenso y caída de Dick Diver, un joven y prometedor psicoanalista, y su mujer, Nicole, quien al mismo tiempo era una de sus pacientes. 

A quince mil kilómetros de distancia, en Melbourne, existe una realidad paralela de mismo nombre. La banda Dick Diver —que se bautizó así por el personaje de Fitzgerald, evidentemente— tiene la virtud de sanarte. El título de su tercer disco es Melbourne, Florida (Chapter Music, 2015), que como se ve traza en parte la misma línea cartográfica que acabamos de dibujar. Escuchando la algo claustrofóbica «Competition», con esos teclados lúgubres y ácidos, el precipicio para caer en la locura y la neurastenia estaría servido. Pero Dick Diver es básicamente una banda de jangle, como se aprecia desde el primer corte, la impecable «Waste the Alphabet». Le sigue una pieza delicada, en la que la batería de Stepnanie Hughes marca una senda por la que la voz y las líneas de guitarra pasean plácidamente hasta que al final entra una trompeta memorable. Y por si no hubiera sido lo suficientemente bonita, le sigue «Leftlovers», ahora con la voz solista de la propia Steph, que también cerrará el álbum. En «Beat Me Up» ya hay una presencia seria del sintetizador. Tras una especie de interludio —«Resist»— las guitarras y el bajo de Rupert Edwards, Alistair McKay y Al Montfort trenzan otra emocionante pieza llena de sentimiento y delicadeza. Como en «Private Number» (qué piano), o como el ritmo contagioso de «Tearing the Posters Down» o como cualquiera de los doce cortes que componen este vergel

En las letras hay referencias constantes a la televisión, sobre todo a la tele vista por la noche, cuando la soledad se hace más presente e inevitable y se necesita más que nunca de la compañía de una voz que nos aletargue. Apaguémosla; con Melbourne, Florida no la necesitamos, nos sentiremos bien acompañados y a salvo de la locura.

miércoles, 10 de febrero de 2016

El porqué de mis peinados #24 // Cosas de hermanos #77 // Género chico #74: Gomina


Llega un momento en que ya no es uno es el que se peina, sino que es la vida la que le peina a uno. Antes de que la caída del cabello se haga una realidad insalvable y llegue ese instante en que el cepillo se convierte en un objeto de adorno, suele haber un periodo de tiempo con pelazo por domar, donde la gomina puede ser el aliado que ayude a fijar el pelo. Lo más curioso es que parece que la gomina también fija las ideas, sobre todo las más reaccionarias, carcas y tradicionalistas, porque un hombre engominado, generalmente —insisto en el adverbio—, comulga con un patrón fachoide y conservador que pone los pelos de punta; eso cuando no es el look de tiburones financieros, pijos de jersey en los hombros y demás borjamaris. 

No sabemos si en Francia la asociación es la misma. La palabra existe tal cual para señalar ese gel untuoso. Y además da nombre artístico a un cuarteto de Caen, que practica un tecno-pop fresco y para nada engolado. En las cabezas de los hermanos Robveille (Julien y Nicolas), Peter Bannier y Nicolas Varin tampoco se ven rastros de fijador. 


Corren malos tiempos para el formato de 7’’. Fabricar un single cuesta casi tanto como un elepé; si le añadimos los demenciales gastos de envío, animarse a comprarlos es una decisión que requiere un bolsillo repleto. O un enganche feroz a alguna canción. «Stupid» es el sexto corte de su segundo álbum, Prints (2015); también es el hipnótico tema que eligieron como avance y que prensaron en la cara A de un 7’’ de color verde (hOOz, 2014). Comienza con un fogoso revuelo de teclados y sintes, como una ráfaga de viento alocado que surge de repente para ponerse a juguetear con papeles. Luego se sostiene una cadencia etérea durante más de cuatro minutos que te lleva flotando. El vídeo que le hicieron fue un acierto pleno, porque ese monótono y a la vez vertiginoso descenso en monopatín capta perfectamente su esencia: 



En la cara B, «She Falls», el rapero COEFF colabora con ellos. Pese al título en inglés, la letra del rapeo está entonada en la lengua de Balzac, mientras que la banda se limita a emitir un festivo tututututututu en los coros. La base del tema tiene una estructura repetitiva que recuerda mucho a Clinic, lo cual sólo puede ser bueno. De remate, «She Falls» no se encuentra en el álbum, que es como tienen que hacerse estas cosas. 

A saber qué pasará cuando estalle la burbuja del vinilo. Probablemente este formato pequeño acabe por extinguirse. Mal camino lleva, desde luego. Disfrutemos de una joya como esta mientras se pueda.

martes, 5 de enero de 2016

5 sobre... #36: ciencias

El último premio Nobel español en Ciencias fue Severo Ochoa, alumno de aventajado de Ramón y Cajal, allá por 1959. Desde entonces no se ha vuelto a lograr la gesta. Según el último informe PISA, España ocupa más allá de la trigésima plaza en matemáticas y en ciencias de entre 44 países. Afortunadamente, de vez en cuando aparecen noticias de los avances que consiguen algunos científicos españoles, muchos afincados en el extranjero. Vayan aquí un puñado de canciones en honor de todos ellos.

> Parade - Nickel chromo
El níquel es un elemento químico de número atómico 28; el cromo, 24. Ambos metales juntos se usan para conseguir una aleación llamada nicromo, resistente a la corrosión y de gran resistividad, lo cual la convierte en un material idóneo para compuestos electrónicos. El tema retrata un escenario postapocalíptico en el que las bandas han escrito en las paredes: "Nikel Chromo manda". Según explica el propio Antonio Galvañ, la sinapsis electrónica entre esos dos componentes alude a un cerebro artificial cobrando conciencia de sí mismo. Algo así como un poco Terminator todo.


> Hidrogenesse - Dígito binario duduso
Ballesteros y Segarra, con esa capacidad suya para percibir el futuro y anticiparse, rescataron la figura del Alan Turing antes de que lo hiciera a lo grande el cine hollywoodiense con The Imitation Game (2014). Dos minutos y medio de bits que recrean la neurosis y la obsesión digital que consumieron al matemático, entre otras cosas.


> Antonio y Carmen - La tristeza de ser electrón
Los hijos de Rocío Dúrcal y Junior. A los niños les pusieron toda la maquinaria de una multi a su servicio, pero las composiones que hicieron para ellos están muy lejos de un pop infantil. La idea, se supone, iba dirigida a un público menor de edad, pero el resultado fue un pop atemporal que cualquiera puede disfrutar. Parade, por cierto, la versioneó.

Qué triste vivir en una nube 
El electrón se aburre por definición



> Nacha Pop - Una décima de segundo
Uno de los grandes temas de los Vega. Aquí equiparan una relación sentimental con la geometría. Aparentemente triste, sin embargo desprende una euforia reconfortante cuando sube de tono. Canción sin estribillo propiamente dicho pero de estrofas memorables.

Y es que no hya nada mejor que imaginar,
la física es un placer. 
Es que no hay nada mejor que formular, 
escuchar y oír a la vez. 
Mide el ángulo formado por ti y por mí.
(...)
Somos coordenadas de un par. 
Incógnita que aún falta por despejar.  



> Alicia Granados - No soy un guarismo
Por imposible que parezca, la voz hecha y desgarrada que canta esta autoafirmación personal en modo yeyé era la de una niña de trece años, que un año antes había ganado el festival de Benidorm, por delante del Dúo Dinámico

lunes, 28 de diciembre de 2015

Pero qué listas son #7: discos internacionales de 2015

Es sabido, como cantaban Ellos, que las listas van de listas, pero por si a alguien le pudiera resultar de cierto interés, he aquí listados los discos de 2015 que más le han gustado a Gog en el apartado internacional. No pretende ser una lista de lo mejor del año, porque no ha escuchado todo lo que se ha publicado; sólo son unos cuantos discos destacados de los que él se ha comprado. El orden no obedece necesariamente a una estricta calificación. 

1. Special Interest - Your Clumsy Grace 
¿Punk-pop? ¿Pop-punk? Yo quiero desayunar lo mismo que ellos. 

2. Sandra Holy - Filter 
Vuelve la canadiense con su dream pop de alta costura, esta vez con menos envoltorio y más sustancia. 

3. Tryp Advisor Loneley Hearts Club - s/t 
Si el petróleo fuera como la cantera escocesa, sería inagotable. 

4. Lustrous - Schafrencementerypoetic2plus 
Folk marciano, como si a Funkadelic les diera por tocar el clavicordio y encima resultara hipnótico. 

5. The Nameless - No Names 
Los de Gill Stephanous han conseguido un álbum de guitarras como hacía tiempo no se escuchaba. 

6. Conundrum - Who's In Trouble? 
35 maravillosos minutos que se ponen sin parar una vez tras otra. 

7. Action/Reaction - Interstellar 
Mientras el mundo anda entretenido con Star Wars, el verdadero lado oscuro de la fuerza está haciendo de las suyas.

8. G.I.F. - Debuting 
Electrónica industrial capaz de fundir una central nuclear. 

9. My Witty Valentine - There Are Many Places To Go, but My Legs Are Broken 
El reverso perverso de "Mis botas están hechas para caminar". Estas chicas llegarán lejos. 

10. Pete R & The Visionary Souls - All Our Careful Plans 
Le han bautizado como el nuevo Springsteen; lo cierto es que su rock para la gente del pueblo suena sincero y vigoroso.

domingo, 27 de diciembre de 2015

En Re de reedición #6: Lee Robinson Machine

Lee Robinson fue un inglés de Birmingham que vivió como pez en el agua en el underground madrileño, más concretamente en los aledaños de la calle Pez, donde tenía su cuartel el sello de Ajo y Javier Colis, Por Caridad Producciones. Y en Madrid murió en 2001 a los 44 años.

Si bien pasó por muchas bandas, más y menos (o nada) conocidas —como Fortunate Sons, The Great Outdoors, The A-10, Yage, C’mon Babies o Sin City Six—, Munster Records, en colaboración con Light In The Attic, ha reeditado su único disco en solitario, que firmó como Lee Robinson Machine. Family Album lo publicó Por Caridad Producciones originalmente en 1997 en cedé (fue la era dorada de los cedés), así que ahora sale en vinilo, con portada nueva, acompañado de numerosas fotografías de la época, letras de las canciones y textos del que fuera co-productor, Javier Piñango, y de los responsables de esta nueva puesta en escena, Eva e Íñigo Munster

 Portada de la reedición en vinilo (2015)

La estampa de Lee Robinson recuerda a la de otros ilustres perdedores, del tipo Johnny Thunders o Nikki Sudden, almas geniales varadas en las alcantarillas de la vida. Por la retahíla de variados adjetivos con que Piñango le dibuja en los insertos, Lee debió de ser todo un personaje, excesivamente excesivo y pendular: histérico, alunado, emocional, tan encantador como odioso, imposible, generoso, brillante, torpe, nervioso y borracho. Y un genio si se escucha este álbum. 

Grabado en un ocho pistas (Fostex Model 80), el mismo en el que grabaron por aquel entonces  Mil Dolores Pequeños, el disco es un compendio apabullante de blues psicótico (hace versiones de Willie Dixon y Elmore James), country alternativo, discopunk, ambiente a lo Suicide, new wave, rocksteady alucinado, experimentos sonoros, todo ello sacado de un Casiotone, una guitarra y un tambor. Hombre orquesta, tocó y cantó todo cuanto se oye en el disco, con la pequeña aportación de Colis y del propio Piñango de algún teclado extra; además, él mismo diseñó el disco de cabo a rabo

Al igual que los mentados Thunders y Sudden, su apariencia dura y la aspereza del sonido contrastan con la ternura que derrochó Robinson en sus canciones, tanto en la composición como en la interpretación (I’ll Be Your Lover” te llega hasta las lágrimas). Emocionante tesoro el que acaban de poner en nuestras manos.

Portada original en la edición en cedé (Por Caridad Producciones, 1997)


miércoles, 23 de diciembre de 2015

Grafitis por el mundo #44: Gante

Werregarenstraat es un pasaje que une las calles de Hoogport y Onderstraat en la ciudad belga de Gante, a pocos metros de su centro histórico. Como puede verse en el vídeo, no hay un palmo en toda la callejeula que no esté cubierto de arte urbano.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Ette aquí #66: The Fabergettes


Poca información hay sobre este cuarteto de Sydney. Sabemos que ellas se llaman Natty Martin (voz, guitarra y pelazo) y Bec Allen (bajo y coros); ellos, Brendan Walsh (guitarra coros) y Nick Franklin (batería). También que tocan o han tocado en otras formaciones: Cuthbert & the Nightwalkers, Catcall, Palms y Metal Babies, siguiendo el mismo orden. 

Comparten un amor infinito por el doo wop y el pop garajero de los sesenta. Apenas han publicado un par de 7’’ —imposibles de localizar ya—. Big Bruiser (Not On Label, 2013) contiene cuatro temas, prensados en un vinilo coloreado. El otro es Ding Dong/I Cry (Marineville, 2013), sus dos mejores piezas, que se pueden descargar gratuitamente en su bandcamp junto a otro par de temas. 


La última noticia de la banda en su Facebook lleva fecha del 28 de enero. Subieron unas cuantas fotos de uno de sus conciertos, pero desde entonces parece un proyecto muy parado.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Discos con portada con discos #78

 Blondie - Heart of Glass/Fade Away (And Radiate) [Chrysalis, 1978, 7'', edición italiana]

Shabby Tiger - s/t [RCA, 1976]

Blowfly - Disco [Weird World, 1977]

Dwarves - Invented Rock & Roll [Recess, 2014]

Oblivians - Never Enough [Sympathy For The Record Industry, 1994]

Oblivians - Six Of The Best [Sympathy For The Record Industry, 1995]


Oblivians - Best Of The Worst (93-97) [Sympathy For The Record Industry, 2000]

Betty Davis - Crashin From Passion [P-Vine, 1995, edición japonesa]

Varios - Buttshakers!! Soul Party Volume 7 [Mr Luckee Records, 2012]

Varios - Saint and Sinners Vol. 3 [Sheik Records, 2012, edición española]

Varios - Saint and Sinners Vol. 2 [Sheik Records, 2012, edición española]


Transex - The Heart Of The State [White Zoo, 2012]

miércoles, 16 de diciembre de 2015

El arte de decir que no #5: Selvática


Que Manu G. Sanz y Paula Vilas sienten atracción por las palabras esdrújulas parece evidente. Tras dar por concluida su aventura musical como Indómitos —gloriosamente, por cierto, con la publicación del arrebatador y bellamente oscuro Demos 2008-2010 (Discos de Kirlian, 2015)— han reiniciado ahora, una vez asentados en Río de Janeiro, la carrera como Selvática, junto a otros tres músicos del underground gallego.

Aunque en teoría es un nuevo esdrujulear, sigue intacto el acento sobre la intensidad y el ritmo abrasador con que este par suele acometer las cosas. Un mundo extraño (Discos de Kirlian, 2015) es un pequeño vendaval, de los que mejor no haber ido a la peluquería ese día, porque el despeinado está asegurado después de haberse escuchado la docena de arrasadores temas que lo componen. Tres son los muelles en los que toma impulso: los principales, los teclados de Vilas, lacerantes y crispados, junto a la batería violenta de Iban Pérez, que dotan de una energía huracanada a las canciones. Y luego las propias composiciones de Sanz, por las que desarrolla toda una fantasmagoría existencial que desemboca en ese mundo extraño y negacionista suyo. Será casualidad y probablemente ni siquiera ellos mismos serán conscientes del siguiente dato (o sí), pero el caso es que en diez de las once canciones con letra hay expresada alguna negación.


En directo en la sala Charenton de Vigo el 25 de diciembre de 2015.

El quinteto se completa con el bajo de Israel Ruiz y una guitarra más, la de Luismi G. Almuíña. Y en Galicia se han reunido para grabar a saco ecos de post-punk mezclados con ramalazos pop y guitarras surferas. Desde los primeros punteos del instrumental que abre el disco —y qué bien que se recuperen los instrumentales— se percibe que en ese álbum va a ver algo que merece la pena. En el resto de cortes alternan la voz principal tanto Manu como Paula (seis y cuatro respectivamente, y una a dúo), lo cual no sólo termina de rematar el paralelismo con Triángulo de Amor Bizarro (mismo origen gallego, mismo palo musical), sino que le confiere una variedad muy saludable al disco. «Ella es especial» será su himno por siempre, el tema que los seguidores devorarán a base de pogo en sus conciertos. «Qué más da» y «No eres real» son buenos ejemplos de esos teclados devastadores de los que hablábamos. «Nadie como tú» es una canción doble, si puede decirse así, pues va decreciendo hasta el punto de que parece que va a terminar cuando de repente resucita y se levanta con fogosidad durante otro minuto y pico. El desquicie en plan free jazz de «La fuerza animal» es incontenible. En «Selvática» te hiela un teclado fúnebre, muy apropiado para un funeral, y el tema acaba derivando hacia algo así como si se liaran a martillazos. Y no satisfechos del todo, cierran el álbum con otra tormenta sónica, que además es la que lo da título.

Dicen que la selvática es una flor que se da en Brasil con el calor y el sudor del sol. Celebremos este florecimiento, porque el aroma que nos trae Selvática es fresco y conmovedor.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Debut #101: Expert Alterations


Las corrientes de aire son una fuerza motriz central de tiempo y clima. Las corrientes artísticas actúan de manera similar y esparcen, a lomos del viento de las influencias, las semillas de toda creación. 

Quince mil kilometros distan entre la ciudad neozelandesa de Dunedin y Baltimore. En esta última se rodó la serie de television por excelencia —The Wire— y de allí es el trío Expert Alterations, aunque imaginamos que no de barrios tan marginales como por los que patrullan McNulty y compañía. Por los poros de Patrick, Alan y Paul transpiran los aires del sonido Dunedin, esto es, la guitarra jangle, líneas de bajo mínimas y una batería de fiesta permanente. He ahí tal cual lo que se encuentra encerrado en el animoso You Can’t Always Be Liked (Kanine, 2015). Tan sólo un ligero teclado se atreve a hacer algún acto de aparición, como en «Psychic Surgery». Los otros diez cortes se suceden a galope bajo las riendas de los tres instrumentos mencionados. De entre todos, brilla especialmente «The Past And You», tan lleno de alegría y pena: un ritmo que acelera el corazón y una letra que convoca los fantasmas de una relación pasada rota. Ese contraste entre un sonido alegre y vivaz y unas letras pesimistas es tal vez la otra característica destacada. Escuchas gloriosos parapapeos mientras se narra un fracaso personal tras otro: 

I can see why you turned back on me 
Because I was nothing but cruel 
And I’m such a stupid fool 
Papapapapapapa 

El pasado y Expert Alterations con todo el futuro por delante.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Se aceptan fantasmas #19

La antigua sede de Telefónica, en la madrileña calle de Ríos Rosas. La del atentado de terrorista de ETA, hoy todo un monumento a la fantasmagoría urbanística española.





viernes, 27 de noviembre de 2015

Las nuevas aventuras del llanero solitario #47: Caliza

Nuestros pasos a través del espeso bosque llamado redes sociales van dejando un rastro a modo de migas garbanciteras con las que se podría recomponer un buen pan quien se molestara en ir recogiéndolas. Viene a cuento esta reflexión porque algo así me ha ocurrido por azar con Elisa Pérez, conocida principalmente por llevar las baquetas de Cosmen Adelaida. Y es que llamó la atención que a lo largo del año pasado recomendara vivamente por Twitter al menos dos temas que en principio poco tenían que ver con su labor a la batería. Los temas en cuestión eran «Anna» de Trio y uno de Oppenheimer Analysis, es decir, loops, krautrock, cajas de ritmo, electrónica fría… todo lo cual era extraordinario viniendo de una percusionista. ¿Se traía algo Elisa entre manos? 

Este año comenzó a extenderse a la velocidad ya no del rayo sino de Internet un nuevo y misterioso proyecto musical llamado Caliza. Los primeros temas colgados en la red nos pusieron tiesas las orejas —ese hit anti-verano llamado «Verano no» y después uno antinavideño, «Apuesta»—, y ante el entusiasmo suscitado (el entusiasmo que pueden llegar a generar los cuatro gatos que hay interesados en el indie patrio) y las ganas de conocer la identidad de la artista, se prefirió mantener el secreto de quién andaba por detrás, aunque pronto se rumoreó que era alguien conocido de la escena indie. Ahora podemos unir ambos puntos y cerrar el círculo.

Caliza es Elisa Pérez haciendo synthpop, o algo así como pop sintético industrial echando mano del garageband y un teclado. Su primer álbum no ha tardado en aparecer. No sólo eso; Medianoche/Mediodía (Discos Walden, 2015) es una enorme sorpresa. El año, sin él, no hubiera sido igual. 


Desde el primer corte, Caliza despliega esa capacidad suya para producirnos desconcierto y poner a prueba nuestra ambivalencia. Es como si sus canciones nos rodearan con una soga y tirasen de ambos lados en direcciones opuestas: mientras nos anima con ritmos sintéticos bailables, nos hiela el alma con unas letras donde vierte su pesimista visión de la existencia, demasiado real como para que no nos afecte. «Verano no», gélida como una estatua, con un martilleo machacón y una tristeza palpitante que te horada el ánimo hasta verte hecho un trapo con el bajón, es el mejor ejemplo: 



Y así al menos hasta «Schadenfreude». Después, en la segunda mitad, el disco se zambulle musicalmente en la placidez del ambient, sólo alterado por las nervudas pulsiones de la inquietante «Misterio», pero siempre con esas letras prestas para una pesadumbre honda y serena: 

Es el final, es el final, no parecía que fuera a llegar. 
Es el futuro, es el futuro, ¿quién iba a decir que estaría tan sucio? 
Este es mi hogar, este es mi hogar, sea lo que sea este lugar. 
Voy a dormir, voy a descansar, no hay nada que hacer en el futuro, en el final.

Tremendo disco. Lo lleva al directo acompañada por el bajo Laura, de Rusos Blancos. Ha sido Discos Walden el sello que se ha encargado de publicarlo. No podía haberse puesto Elisa en mejores manos, pues se trata discográfica más interesante del país para referencias nacionales, con un ya antológico catálogo de novedades que nos ha descubierto y que ha editado con un gusto inmejorable. Con ese buen gusto y el mejor hacer que tiene su capo, ha pergeñado para la ocasión un vinilo numerado que se acompaña de pegatinas para que cada cual tunee la portada a su antojo. 

viernes, 20 de noviembre de 2015

¿Y tú de quién eres? #25 // Cosas de hermanos #75: Minuit


Las parejas sentimentales que forman un dúo musical es un género en sí mismo. Los ha habido en todas las épocas y los sigue habiendo: Iker & Tina Turner, Chrisma, Everything But The Girl, Mates of States, The Rosebuds, Souvenir, Klaus & Kinski... Rizando el rizo, hasta se da el caso de bandas formadas por varios emparejamientos —léase Abba, Fleetwood Mac o The Mamas & The Papas—, con el subsiguiente lío. Aunque a veces, incluso con la ruptura como pareja de por medio, se mantiene el combo, que una cosa es el amor y otra los negocios. 

Catherine Ringer y Frédéric Chichin se enamoraron hasta las trancas en 1979; al año siguiente ya estaban dando conciertos juntos como Les Rita Mitsouko, ella a la voz y él a la guitarra y los sintes. Extravagantes al máximo, consiguieron llamar la atención con su look a base de anoraks fluorescentes o bolsas de plástico de Félix Potin (como ponerse aquí unas de Galerías Preciados) y su ecléctico synth-pop, que en ocasiones aderezaban con ritmos latinos, pizcas de jazz o lo que hubiera por encima de la mesa en la que cocinaban sus ideas. Dejaron un porrón de elepés y tres retoños, de los cuales dos siguen ahora los pasos musicales paternos como Minuit, si bien se presentan con los apellidos paternos por separado: Simone Ringer y Raoul Chichin.

Están empezando, por lo tanto su obra es aún exigua; de momento se reduce a un EP en formato digital y un vídeo. Evidentemente es poco material para juzgarlos, pero se entrevé la misma genialidad e irregularidad que tenían sus padres, que siempre fueron más de buenas canciones que de discos redondos. Así, el tema que abre el EP de Minuit te atrapa de inmediato y no hay duda de quiénes son hijos, musical y biológicamente hablando: 



En los tres temas siguientes hay que escarbar un poco para encontrarles la originalidad. Tienen menos chispa y son mucho más acomodados; en ninguno falta un pequeño solo de guitarra. Al final vuelven a bordarlo en «Sur Les Berges», una pieza mayúscula de pop francés de suntuosa instrumentación.