martes, 1 de mayo de 2018

Letras sin acordes #16 // La banda sonora de un libro #20: Joe Pernice

—Por el futuro —dijo Jocelyn. 
—Por que venga ya —soltó James. 


Con la ocurrencia conviene no extralimitarse, y Joe Pernice es ocurrente, muy ocurrente. Este escritor de canciones antes de convertirse también en escritor de novelas es propenso a introducir escenas en las que siempre hay un elemento anecdótico cómico. Afortunadamente, aunque bordea el abismo en numerosas ocasiones, sabe detenerse a tiempo para proseguir con la historia. En cualquier caso, aunque sólo sea por leer la delirante conversación que mantienen dos personajes sobre los bigotes de Stalin y Hitler ya habrá merecido la pena adentrarse en Esta canción me recuerda a mí (traducción del editor español para It Feels So Good When I Stop). Y esa sonrisa que nos saca desde la primera página nos la mantiene entreabierta hasta el final. 

Esta su primera novela —escrita en 2009 y publicada aquí en 2017 por Blackie Books— trata de relaciones rotas, la soledad y otras amistades. Pernice, que se había estrenado anteriormente como escritor con un volumen de la colección 33 1/3 sobre un álbum de los Smiths, tiene toque literario, sin duda. Junto al ingenio verbal, destaca su habilidad para construir personajes: todos tienen un punto de interés, no hay ninguno que resulte anodino o literariamente insustancial; incluso cuando se trata de alguien real, la transmutación que hace de esa persona en un personaje de ficción (lo hace con Lou Barlow) es muy enriquecedora. 

Por supuesto, hay en ella críticas al negocio musical, y música, toneladas de música a lo largo de las doscientas y pico páginas. La condición de músico de Pernice la lleva soldada, lógicamente. Si bien a lo largo de la novela se citan muchos más artistas y muchas más canciones, el propio autor seleccionó algunos cortes para lo que sería la banda sonora:

 

Nota final: Se podría hacer otra buena playlist con una selección de temas de las bandas por donde ha pasado Pernice, desde Scud Mountain Boys, Chappaquiddick Skyline, Pernice Brothers, The New Mendicants o Roger Lion.

miércoles, 11 de abril de 2018

Música y política #25 // Y ellos se juntan #101

Con la libertad de expresión muy entredicho hoy día, un buen puñado de raperos se ha unido en una canción en protesta por la situación:

sábado, 17 de febrero de 2018

Cameos musicales #63: Ladies and Gentlemen, The Fabulous Stains

Una película de culto no es, necesariamente, una buena película. Las  películas consideradas de culto suelen ser casi siempre poco convencionales y de bajo presupuesto, y apenas las conocen unos pocos iniciados, que las encuentran interesantes por ciertos elementos extracinematográficos; es una peli de serie B con galones. 

Ladies & Gentlemen, The Fabulous Stains (Lou Adler, 1982) es una película de culto. Para empezar, nunca llegó a estrenarse en cines, lo cual da puntos para ser considerada en esa categoría; la fascinación por el perdedor, ya se sabe. Rescatada poco a poco de la sima del olvido, hoy día se la tiene por precursora de la estética y la ética riot grrrl por cosas como esta:  


No en vano el guion de la película es de Nancy Dowd, voz muy activa en las lides de la expansión del mensaje feminista de liberación de la mujer. 

Y sí, esa joven con un look tan Nina Hagen era Diane Lane en el que fuera su primer papel protagonista. Esa imagen rebelde —ella misma cantaba los temas punk en la película— la acompañó en las siguientes cintas que interpretó: Rebeldes, La ley de la calle y Calles de fuego, y que empezó a cambiar en Cotton Club. 

Las hermanas Corinne (el personaje de Diane Lane) y Tracy junto a su prima Jessica (interpretado por una jovencísima Laura Dern) asisten al concierto The Looters, un grupo punk inglés de gira por EEUU. Las tres adolescentes deciden entonces formar una banda, The Stains, y salir de gira con ellos, lo que les permitirá marcharse de casa y de la deprimente y deprimida ciudad en la que viven. Así que sin apenas saber tocar nada, se unen a la gira de The Metal Corpses —un remedo de Kiss; el cantante incluso saca la lengua como Gene Simmons, y lleva plataformas y la cara pintada—y los mencionados The Looters, interpretados, atención que aquí viene el datazo definitivo para lo de la peli de culto, por los mismísimos Paul Simonon (bajo), Steve Jones (guit.) y Paul Cook (bat.). No sólo representan el papel de los miembros del grupo, sino que, además, Jones y Cook aportaron varias canciones a la banda sonora. Como The Looters se les ve tocar en directo en un par ocasiones a lo largo de la cinta: el tema «Join The Professionals» en un pequeño garito (minuto 10) y después en sala grande (1 h 09’). 



Por su parte, The Stains tienen una turbadora presentación en directo a la media hora (primer vídeo más arriba) en la que parecen una especie de The Slits; y repiten después con una actuación en un centro comercial (58’). También aparecen Black Randy and The Metrosquad ensayando su tema «I Slept In An Arcade» (54’). Y Black Randy hace doblete interpretando al personaje Mexican Randy.



sábado, 3 de febrero de 2018

Parecidos razonables #30: Morrissey y Kurt Russell

Fascinado por la interpretación de Mary Elizabeth Winstead en la tercera temporada de Fargo, he vuelto a ver Death Proof, de Tarantino, en la cual tenía un papel y yo no lo recordaba. (De hecho, su personaje en Fargo, llamado Nikky Swango, es muy tarantiniano ya desde el nombre).

El caso es que en un momento de la peli se me apareció Morrissey, cuando Kurt Russell conduce su coche mortífero contra el de las chicas, mientras suena el explosivo tema de Dave Dee, Dozy, Beaky, Mick & Tich:



jueves, 25 de enero de 2018

Últimamente se está muriendo gente que no se había muerto nunca #38: Mark E. Smith

Ha sido sorprendente la cantidad de manifestaciones de pesar que ha conllevado la muerte de Mark E. Smith. La revista Mojo lo ha tildado de «radical genius» y una banda en principio tan alejada musicalmente de The Fall como Saint Etienne ha afirmado que «The Fall taught us so much when we started out - about humour, modernity, anti-fashion, geography, DIY, urban folk». Ambas recogen muy bien la esencia de tan peculiar personaje. 

No es extraño que haya influido en muchos artistas. Tenía estilo propio, una personalidad descomunal (para lo bueno y para lo malo) y una imagen que emanaba un peligro atrayente. Distinto, iconoclasta, mordaz, admirablemente inconformista hasta el final y nada muelle. Su cara esquinada probablemente fue, y perdonadme la frase hecha, el espejo de su alma, lo cual también se reflejó en su música, porque The Fall eran absolutamente arrolladores en sus mejores momentos, demoledores, una apisonadora sónica. Y cuando se dice The Fall se está diciendo Mark E. Smith. The Fall fue su banda, su vida; por ella pasaron muchos músicos, pero siempre se mantuvieron firmes sus parámetros: potentes líneas de bajo y un ritmo detonante sobre el que Smith fraseaba. 

El primer disco suyo con el que me hice fue Perverted By Language. Hoy tendré más de una veintena, lo cual me ha servido para llegar a la conclusión de que The Fall no tiene ninguna obra magna, pero tampoco ni un disco malo. En las carreras ciclistas por etapas suele otorgarse un premio especial a la regularidad para aquel corredor que día tras día cruza la meta entre los primeros. No tiene por qué coincidir con el ganador absoluto de la carrera; se trata de un corredor constante, lo que no siempre viene a ser lo mismo. En esto de la música, si existiera tal galardón, se lo llevaría Mark E. Smith. Los discos publicados a lo largo de la carrera musical de The Fall tienen la mejor media aritmética en cuanto a calidad. Como he dicho hace un momento, tal vez no tengan una obra definitiva y sobresaliente, pero todos ellos son discos notables. 

Eso sí, Smith compuso tal cantidad de temas espectaculares que probablemente muchos otros artistas matarían por conseguir sólo la mitad de ellos. No sé si en la playlist que sigue a continuación —en riguroso orden cronológico— están sus mejores canciones; sí son algunas de las que a mí más me han llegado siempre y con las que Mark E. Smith me ha volado la cabeza tantas veces.

viernes, 5 de enero de 2018

Cosas de hermanos #82 // En Re de reedición #10: Animals That Swim

Podría ser una pregunta del Un, dos, tres… responda otra vez: «Por 25 pesetas, diga animales que nadan». Hoy día, algún concursante con gafas, barbas, pantalones de pitillo, camisa tipo leñador y en general pinta de sabelotodo respondería Hugh Barker, o Al Barker, o Hank Starrs (Jeffrey Barker para su padre y su madre). Los Supertacañones se aprestarían rápido a tocar la campana y a componer un pareado sancionador. El entendido musical protestaría, manotearía para esgrimir que no ha habido más Animals That Swim que esos tres hermanos londinenses. 


 Vale, la introducción puede parecer algo forzada y poco conseguida (incluso nada). La otra opción que teníamos era haber jugado con el número 3 y sus múltiplos: tres hermanos, tres palabras en el nombre artístico y tres álbumes y nueve singles publicados. Animals That Swim comenzaron en 1992 sacando ellos mismos 300 copias de «King Beer» y repitieron el movimiento meses después publicando otro 7’’, este de reminiscencias orbisonianas, pues «Roy» trata sobre una supuesta conversación con el fantasma de Orbison. Ambos temas entraron en lo que fue su primer LP —Workshy (Elemental Records, 1994)—, que llegó a rozar levísimamente cierto reconocimiento popular gracias al NME. Pero, pese a sacar dos discos más, Animals That Swim no cuajaron lo suficiente. Quizá lastró su progresión que se movieran por ese magma de transición entre el indiepop clásico y el brit pop, sin identificarse definitivamente ni con unos u otros; o que las letras, tan cuidadas, y algunos temas eran demasiado exigentes para el oyente medio; o que el uso de la trompeta ya no estaba de moda. 


Hoy día su elegancia y su fina intensidad nos siguen pareciendo arrebatadoras. Algo similar debe de pensar el sello One Little Indian, que últimamente ha reeditado en vinilo aquel maravilloso debut, que se acompaña con un segundo vinilo, que incluye dos de las caras B de la época —«Impossible» y «Me & Cpt. America»— y un increíble puñado de demos grabadas entre el segundo y tercer discos, y que sólo ahora salen a la luz. Según cuenta en el inserto Hank Starrs, el propósito de estas grabaciones era simplemente demostrarle a la compañía discográfica que tenían potencial. Y vaya si lo tenían, porque ahora no es sólo la oportunidad de volver a escuchar gemas como «Smooth & Steps», «Pink Carnations», «King Beer» o «Vic», sino que te sientes el más feliz de los piratas por descubrir tesoros como «Hidden Stars».

lunes, 1 de enero de 2018

Discos con portada con discos #81

 Varios - Break From the Norm [2001]

Boa Constrictor - On My Way To Die [2011]


When Nalda Became Punk - Indiepop Or Whatever! EP [Shelflife Records, 2014]

The Scool - Wasting Away And Wondering [Elefant Records, 2015]

domingo, 31 de diciembre de 2017

Arquitectura y moralidad #10: Jane Weaver

La mancuniana Jane Weaver continúa nadando en esa confluencia de entre ríos que tanto le gusta: las guitarras eléctricas y la electrónica. Con todo, el tema más esplendoroso de Modern Kosmology (Fire Records, 2017) es decididamente electrónico y casi se diría rompepistas. 

En el vídeo que le han hecho a esa «The Architect» se ven algunos edificios brutalistas y modernistas de Manchester, mientras Weaver desgrana la metáfora existencial que nos constituye: nos pasamos la vida trazando líneas y ángulos, que no impiden que tengamos que luchar y caer y perderlo todo.

sábado, 30 de diciembre de 2017

Preparados para un solo de órgano #40: Os Pontas

 
Van Os Pontas armados con viejos instrumentos analógicos de fabricación brasileña y un buen manojo de pedales y válvulas, adentrándose por la selva al son de un garaje instrumental primitivo. Las guitarras reverberan, el órgano convoca a su alrededor espíritus enloquecidos, y la percusión trae a veces ecos de antiguos nativos. 

Y sabor añejo ya desde la propia portada de Fuzz Jangle (Groovie Records, 2016).


viernes, 15 de diciembre de 2017

Debut #102

La pasión es uno de los motores más fiables para poner en marcha un proyecto. Que luego funcione o no es otro cantar. Pero esa chispa de la ilusión, de la satisfacción de empezar y volcarte en algo en lo que crees, lo enciende todo. El impulsor del novísimo sello afincado en Madrid Meritorio Records es una de esas personas movidas por el arrebato y el entusiasmo. Lo suyo son los discos de vinilo y el indiepop de origen australiano o como australiano, con su bien de jangle, que es hacia donde ha dirigido su primera mirada, ya sea publicando directamente o distribuyendo. Larga vida a este sello y a estas bandas que ahora empiezan. 

> Smokescreens – S/t (Meritorio Records, 2017) 
Un restallido de guitarra, unas notas de bajo y la batería haciendo una aparición triunfal. I can’t waaaaait. Así de fulgurante empieza el debut de la banda angelina Smokescreens. Y por esa senda continúa su álbum homónimo. Todo un tobogán por el que deslizarse y disfrutar con la seriedad que de niño se tenía al jugar. El cantante Chris Rosi y Corey Cunningham (de Terry Malts) unieron esfuerzos para grabar un disco que recordase, en lo posible, al sonido Dunedin. Para la grabación, echaron mano de Jon Green a la batería y la producción (Dum Dum Girls), fallecido poco después. 



> Last Leaves – Others Towns Than Ours (Lost & Lonesome, 2017) 
Hay discos que requieren intimidad, tranquilidad, una escucha demorada pero activa, un regodeo en los detalles, en el tempo, en la profundidad del sonido. No funcionan igual en condiciones jaraneras y bulliciosas, no sirven para complementarse con otras actividades. Pero cuando te quedas a solas con ellos, no quieres que el momento se acabe nunca. ¿Un ejemplo? Compartir 37 minutos de tu vida con este álbum, de los australianos Last Leaves, es reconfortante, te emociona, te acompaña, te llena. Parece que Marty Donald cante para nosotros y nadie más, mientras que la banda —hay tres miembros de The Lucksmiths— acompasa y nos mece. Delicatessen para el espíritu. 

sábado, 9 de diciembre de 2017

Strano mondo di tanti nomi #35 / Gastan gafas #76: Car Seat Headrest


Tiene Will Toledo, con su carita de niño bueno, sus gafas de pasta y su atuendo atildado, pinta de fino empollón, de inteligente a la par que cool; pero se le intuye también un algo de geniecillo arisco, una cara oculta que lo hace aún más interesante. Subyace en ese otro lado oscuro cierto poso de tristeza y de alucinación, que expresa cuando canta. De hecho, representa un enorme contraste el de su voz grave y casi ronca, y su imagen pulcra. Canta arrastrando un poco las palabras, ahora más seguro y liberado, más apasionado, como poseído en no pocos momentos de Teens of Denial (Matador, 2016). Y continúan sus letras nada banales. 


El grupo ha conseguido un equilibrio perfecto entre lo contundente y lo melódico. En casi la mitad de la docena de temas, el minutaje sobrepasa los 6’. Y en los más largos, que podrán parecer aburridos al principio, siempre los remontan hacia el final con un clímax, un éxtasis, una entrega que te atrapa. Big ending ante todo. 

«Drunk Drivers/Killer Whales» lo resume todo. Una primera parte triste, dolorosa, pura congoja; y hacia la mitad, tras un susurro de órgano, el tema estalla pletórico, con ese arrebatado It doesn’t have to be like this del estribillo. 



Matador los ha puesto en el mapa y han apostado fuerte. En ellos, se notan ambición, ganas subir de nivel. Tienen talento y fuerza. Podría apostarse que van a llegar lejos. 

sábado, 2 de diciembre de 2017

5 sobre... #38: lava

La lava, vómito de la Tierra, se vierte, se arrastra, lo arrasa todo, se solidifica y se convierte en roca para siempre. Su forma de lengua viscosa e incandescente, su mística y su indestructibilidad hacen de ella la metáfora perfecta:

1. The B-52's - Lava (en The B-52's, 1979, Island Records)
Banda siempre en erupción; o cuando un volcán es una fiesta. Esos ritmos entrecortados, esas voces arrastradas, esas guitarras erizadas. Todo quema. Pura lava en acción.



2. Grandaddy - Lava Kiss (en Concrete Dunes, 1999, Lakeshore Records)
Muy lentamente avanza, va conquistando el terreno con parsimonia -la lava nunca tiene prisa-, y cuando menos se espera, un último estertor lo cubre todo. Pop espacial; poética espacial. Escuchar este tema es imaginar a un astronauta abandonado a su suerte en el espacio cotemplando desde su nave un planeta cuya superficie se ha coagulado por completo.



3. El Palacio de Linares - Lava (2016, en Ataque de amor, Pretty Olivia Records)
Tiene forma de nana, pero su alma es la de esos diminutos frascos que contienen un veneno mil veces mortal. Lava en el corazón de ella. El nuestro se queda petrificado con esta emocionante y preciosa miniatura.



4. Lidia Damunt - Lengua de lava (2012, en Vigila el fuego, Austrohúngaro)
Entre el folclore y el pop atemporal. Atávico pero moderno. Un raudal en el que se conjugan agua, tierra, aire y fuego. Entran ganas de salir corriendo, de huir sin mirar atrás para que no te atrapen tus fantasmas, esa lava que nos devora un poco cada día.


5. El Turronero - Eres lava de un volcán (1980)
Lo del álbum New hondo (reeditado en 2017 por Pharaway Sounds) fue un intento de mezclar a Camarón con el cosmic disco y Earth, Wind & Fire (de nuevo los elementos). O como si en Cádiz se hubiese instalado un Studio 54. Este tema, algo menos funk que el resto de cortes, tiene al cante de Manuel Mancheño surcando entre unas percusiones y unos teclados que no paran de hacer continuos arabescos. La suerte es hermosa y se tiene que buscar, dice.