domingo, 11 de abril de 2021

Cameos musicales #65: This Must Be The Place

El mundo no lo sabe, pero aquí es ver a Sean Penn interpretando a una decrépita estrella del rock gótico y recordar ipsofactamente aquel gag de Joaquín Reyes imitando a Robert Smith. Por eso se nos hace tan inverosímil Un lugar donde quedarse (This Must Be The Place; P. Sorrentino, 2011), que es como si Muchada Nui se hubiesen tomado en serio haciendo una peli. Y aunque no existiera aquel episodio de los de Albacete y The Cure, la peli de Sorrentino habría sido igual de inverosímil por mor de un guión tan ilógico y ridículo, enfermo de importancia, que convierte la road movie del viejo rockero gótico en un excéntrico artilugio tragicómico. 

Lo mejor, la música. La banda sonora está compuesta conjuntamente por David Byrne y Will Oldham; además de otras canciones que suenan por detrás: Vic Chesnutt, Iggy Pop… Hacia el minuto 35, el protagonista va a un concierto de David Byrne en Nueva York, con quien luego se queda unos minutos departiendo en otra escena. El tema que interpreta en directo lo grabó en su día con Talking Heads, y aquí sirve para dar título y contexto a la película. Como viene siendo habitual en Byrne, se hace acompañar de un nutrido número de excelentes músicos y prima un vigoroso componente visual.

lunes, 5 de abril de 2021

Auprès de ma blonde #8

En el Whisky a Go Go, Los Angeles, hacia 1978. Foto de Brad Elterman.

En Bangkok, 1977. Foto de Chris Stein.

Foto de Janet Macoska.






domingo, 4 de abril de 2021

Rock 'n' actor #36: James Taylor y Dennis Wilson

Siempre hay dos historias: una que queda y otra que podría haber sido. En el mundo del celuloide, los factores que terminan decidiendo el reparto de una película son múltiples: desde las agendas de los actores, al presupuesto con el que se cuenta para contratarlos, los caprichos y veleidades de los directores o las mil vicisitudes del proceso de casting. Probablemente habrá muy pocas películas en la historia del cine que hayan contado para el rodaje con los actores protagonistas en los que se pensó desde el primer momento. Podría decirse que hay tantas películas hechas como otras tantas películas que podrían haber sido. Se cuenta, por ejemplo, que Cary Grant renunció a actuar en La reina de África: él era la primera opción de John Huston, pero Grant no lo vio claro. Habría sido otra película, otra historia, simplemente. 

Otro ejemplo de hasta qué punto puede dar la vuelta un elenco y acabar convirtiéndose en una rareza sin par es Carretera asfaltada en dos direcciones (Two-lane Blacktop, 1971), de Monte Hellman. Para el reparto se barajaron nombres de famosos actores (De Niro y Pacino entre otros); sin embargo, al final se recurrió a actores no profesionales para la mayoría de los papeles, ya fuera por el prurito de realismo que ansiaba el director, o porque el presupuesto estaba demasiado ajustado. El caso es que los papeles protagonistas terminaron interpretándolos el cantautor James Taylor y el batería de los Beach Boys, Dennis WilsonNi en el sueño más surrealista habría cabido a priori una idea semejante. Pero, digámoslo ya, la decisión no pudo ser más acertada. La sensación de camaradería, de sólida e inquebrantable amistad que transmiten es casi poética. Sus diálogos se limitan a un puñado de frases; no necesitan hablar verborreicamente cuando están juntos, como los camaradas de verdad. Ni siquiera sus personajes tienen nombre, se les conoce como Conductor y Mecánico, nada se sabe ni se sabrá de ellos, ni de dónde vienen ni adónde van. Una fascinante road movie existencialista. 



El modelo cinematográfico lo había enmarcado un par de años antes
Easy Rider. Esa búsqueda del destino a través de una carretera entendida como un símbolo de libertad es parte inherente de la cultura popular norteamericana. Tras la Segunda Guerra Mundial, las calzadas no sólo de poblaron de bandas de moteros sino que también llamaron la atención de la Generación Beat, principalmente de Jack Kerouac, como plasmó en esa novela trascendental que es On The Road (1957). Desde entonces el rito cuasi iniciático no ha dejado de repetirse. 

La enigmática Carretera asfaltada en dos direcciones narra las peripecias de dos jóvenes que recorren el país a bordo de un Chevrolet de 1955 tuneado, con el que compiten en carreras ilegales para ganar el dinero suficiente con el que seguir viajando sin un destino concreto. Hellman contaba con un presupuesto exiguo, que prefirió gastar rodando todas las escenas en localizaciones reales a lo largo de la mítica Ruta 66. Aunque su idea iba más allá de captar la esencia del viaje en la carretera. Pretendía asimismo que ese periplo influyera en la vida de sus actores, que llegaran a ser partícipes de esa experiencia iniciática mencionada más arriba. Taylor y Wilson cumplieron sobradamente. 

El silencio, quebrado a veces por el ruido de los motores, es la auténtica banda sonora de la película, pues no tiene una composición propia definida. Eso sí, suenan numerosas canciones, sobre todo en el coche de otro conductor tan errático como los dos protagonistas, que comparte sus casetes con los sucesivos autoestopistas que va recogiendo: «Moonlight drive», de The Doors; «Me & Bobby McGee», de Kris Kristofferson;  «Stealin’», de Arlo Guthrie... De cuando Blablacar era otra cosa.

jueves, 1 de abril de 2021

Parecidos razonables #33: Brian May y Patacho

¡Qué pelazo han tenido y siguen teniendo! Melenas al viento mientras sus manos recorren los mástiles de sus guitarras, las que antaño fueran las de Queen y Glutamato Ye-yé.




Hoy día May y Patacho comparten también algunos alifafes y complicaciones de salud. Al primero, hace poco el corazón le dio un susto. El español tuvo que dejar un tiempo de tocar el instrumento con el que llevaba toda su vida: una complicada dermatitis le inutilizaba las manos. Diagnóstico médico: alergia a los metales, principalmente níquel, cobalto y estaño, así que ahora toca con cuerdas de oro de 24 quilates y trastes de un material no metálico.

sábado, 27 de febrero de 2021

El arte de la versión #110

Luché contra la ley, y la ley ganó. El espíritu rebelde que desde siempre ha palpitado en "I Fought The Law" ha hecho que sea fácil identificarse con esta mítica canción, sobre todo por parte de gentes proclives a andar fuera de la manada y outsiders con querencias reivindicativas. No es extraño, por tanto, que haya sido un tema muy versioneado por grupos punks (The Clash, Dead Kennedys, Ramones, Green Day). Un himno para ellos y para tantos otros.

Lo curioso es que es una composición de 1960, cuando las letras de las canciones no solían tratar temas así. Quizá los historiadores musicales podrían establecer en ella algún indicio de los posibles orígenes del punk, porque además de lo bien que se ajustaba el mensaje a la idiosincrasia del movimiento del imperdible, era puro rock & roll, y estaba cantando con la entraña. Tenía crudeza y actitud. Por supuesto, salió escondida originalmente en una cara B, la de la dulce y romanticona "A Sweet Love", de The Crickets, la primera banda de Buddy Holly antes de volar en solitario (y morir volando al poco tiempo, en 1959). The Crickets continuaron grabando discos. El tejano Sonny Curtis, uno de los miembros fundadores del grupo y que junto a Holly había teloneado a Elvis Presley en 1955, fue el compositor principal de los Crickets. Del mismo año que el 7'' es el álbum In Style With The Crickets (Coral, 1960), en el cual estaban ambas canciones de Curtis y otro de sus éxitos, "More Than I Can Say", sí, el que décadas después popularizase de nuevo Leo Sayer.


Una de las últimas versiones que se han hecho de "I Fought The Law" aparece en los créditos de cierre de la película Intermission, del muy recomendable director John Crowley. Esta adaptación está cantada por el actor Collin Farrell, uno de los protagonistas de la cinta: interpreta a un delincuente impenitente, un forajido sin solución. (Dadle una raqueta a Farrell y creeréis estar viendo a Andre Agassi.)

Para que se perciba aún más la importancia histórica de The Crickets, Los grillos traducido a la lengua cervantina, The Beatles se inspiraron en ellos para bautizarse artísticamente.

Larga vida a Sonny Curtis. El Salón de la Fama del Rock n' Roll preserva su nombre y el de su banda.

domingo, 14 de febrero de 2021

Cosas de hermanos #87: Trastos

A veces tener detrás el empuje de una multinacional puede acarrear que del impulso acabes cayendo por un precipicio. Les pasó a Trastos, banda nuevaolera de principios de los ochenta compuesta por dos parejas de hermanos: los Crespo (Fernando Crespo al bajo y Tores a la guitarra) y los Lobato (Miguel Ángel cantando y Javier aporreando bombos y platillos), más el teclista Luis Carlos Esteban

Los produjeron mal, les obligaron a cultivar una imagen de banda para quinceañeras y obligaron a meterlos a empellones donde fuera hasta hacerlos aborrecibles para el resto de bandas de su generación.  

Sobre ellos he escrito en el blog de La Fonoteca. 



miércoles, 30 de diciembre de 2020

Cosas de hermanos #86: Field Music y The Haden Triplets

Nada tienen que ver musicalmente Field Music y The Haden Triplets. Sus puntos en común son que ambas bandas están formadas exclusivamente por hermanos (la primera) y hermanas (la segunda) y que este año han publicado sendos discos. 




> Field Music, o sea, los ingleses David y Peter Brewis, lleva funcionando desde 2004. Curiosamente, ambos han tocado la batería alguna vez en el grupo de sus colegas The Futureheads. En Making a New World (Memphis Industries, 2020) ponen su art-rock —¿podríamos llamarlo rockocó?—, progresivo, de estructuras intrincadas y sofisticadas, al servicio de un álbum conceptual sobre los años posteriores a la Primera Guerra Mundial. 

> That Dog fue una banda de Los Angeles que estuvo activa de 1991 a 1997 y que volvió a reunirse en 2011. Estaba compuesta por Tony Maxwell, Anna Waronker (también en Ze Malibu Kids, e hija de Lenny Waronker, productor y presidente de la Warner), y Petra y Rachel Haden. Estas dos son hijas del contrabajista de jazz Charlie Haden. Y hay una tercera hermana, Tanya. Las tres, como The Haden Triplets, han publicado su segundo álbum, The Family Songbook (Thirty Tigers, 2020). En él desarrollan un cancionero en clave folk y country con sus voces prístinas y armonías angelicales. Hay mucha clase en la docena de temas. Y en todos ellos flota una tristeza que sobrecoge, incluso en la versión que hacen "Say You Will" de Kanye West.

martes, 29 de diciembre de 2020

Y ellos se juntan #107: The No Ones



En estos tiempos en que la comunicación y la transferencia de información apenas son más complicadas que batir un huevo, no es de extrañar que surja una banda compuesta por gente no sólo de diferentes países, sino continentes. Es el caso de The No Ones, superbanda formada pese a que hay un océano de por medio entre los cuatro músicos. Conexión Estados Unidos con Noruega para un cuarteto que lo conforman ni más ni menos que Scott McCaughey, Peter Buck, Frode Strømstad y Arne Kjelsrud Mathisen, o dicho de otro modo, miembros de I Was A King, The Minus 5, The Baseball Project y REM (casi podría considerarse una entidad en sí misma a la unión McCaughey y Buck, una pareja de hecho musical metida desde hace unos años en múltiples proyectos). Por si no bastara todo ese pedigrí, además se asoman en algunos cortes Andrew Rieger (de los demasiado ninguneados Elf Power), Debbi Peterson (de The Bangles; repito: ¡de las Bangles!) o Patterson Hood (de Drive-By Truckers). 

El resultado ha sido The Great Lost No Ones Album (Yeproc Records, 2020). El irónico título corona un disco vibrante, enérgico, afianzado sobre sólidas raíces guitarreras. Las composiciones tienen nervio, transmiten saber y sudor. La portada es diferente según el formato; en la de edición en vinilo, los norteamericanos aparecen frente a lo que probablemente es su colección de discos.

Una pequeña historia del rock a través de una sola portada #12: Gil Scott-Heron


El poeta que clamó que la rebelión no sería televisada había publicado su esperado regreso a un estudio de grabación en 2010: I’m New Here (XL Recordings). Al año siguiente, justo un mes antes de su muerte, Jamie XX colaboró con él remezclando aquel álbum, al que titularon We’re New Here (XL Recordings). 

Para celebrar los diez años de aquel disco, ahora se publica de nuevo el álbum original, en una edición limitada que incluye un par de temas inéditos: una versión de "Handsome Johnny" de Richie Havens y un tema del propio Scott-Heron, "King Henry IV". Además, se acompaña de una selección de otras grabaciones de las sesiones originales previamente disponibles. Y al mismo tiempo, la misma discográfica ha publicado We're New Again de Makaya McCraven: A Reimagining, en el que el baterista y compositor de Chicago ofreció su propia interpretación del último álbum de Scott-Heron. La tipografía de la portada es muy reconocible.

sábado, 26 de diciembre de 2020

Dime qué lees y te diré cómo se llama tu banda #35

A principios de los años ochenta, la onda siniestra proveniente del Reino Unido se extendió por nuestro país como marea negra. El afterpunk (o postpunk) lo hacían punks que ya sabían tocar los instrumentos que se cubrían de oscuro y se forraban con arreos góticos y estética cementerial. Bandas como Joy Division, The Cure, Siouxsie & The Banshees, Bauhaus, Killing Joke o Echo & The Bunnymen sirvieron de fuente de inspiración y motor vital a un enjambre de jóvenes españoles con ganas de modernidad. Y fueron muchos, más de los que puedan parecer echando un simple vistazo a los recuerdos. Así lo atestigua Pablo Martínez Vaquero en lo que probablemente sea el libro definitivo sobre la escena siniestra en España: Negro oscuro (Editorial Milenio, 2019). 

El autor no se queda en los consabidos y archisabidos nombres por todos, ni en la manoseada Movida. Es un trabajo de investigación profundo; se ha molestado en indagar, en preguntar, en conocer y dar noticia de cuantas bandas de corte siniestro se formaron en España entre 1981 y 1985. Narra anécdotas relevantes y traza las relaciones que había entre ellas. Llama la atención que para bautizarse artísticamente recurrían principalmente al cine (Gabinete Caligari, Décima Víctima, Alphaville, Polanski y el Ardor) y a la literatura, que es en lo que vamos a detenernos ahora. Los que siguen son los que hemos entresacado de la lectura de Martínez Vaquero. 

> Agrimensor K: formados en San Sebastián en 1981, su líder, Nacho Goberna, era un entusiasta de Franz Kafka. El nombre viene del del protagonista de la novela El castillo, que además fue el título de la cara B de su primer single: 

 

> Perspectiva Nevski: surgidos en Madrid en 1982, aunque sus miembros tenían diferentes procedencias. El nombre provenía directamente de un cuento de Nicolai Gogol

 

> La Caída de la Casa Usher: de Madrid hacia mediados de 1983. Es casi innecesario señalar a Edgar Allan Poe y su cuento de terror homónimo.  

 

> Donación Agnelli: grupo de la periferia de Barcelona creado en 1983. El nombre lo extrajeron del vodevil de Dario Fo La mueca del miedo, protagonizado por Gianni Agnelli, a la sazón presidente de Fiat. De lo más parecido que ha habido nunca a Siouxsie & the Banshees. 

 

Castillo Interior: grupo tinerfeño formado en 1984. Si su inspiración artística provenía de Joy Division, su inspiración literaria salió directamente de una obra de Santa Teresa Jesús conocida como Las moradas o Castillo interior.
Es de las bandas desconocidas más reivindicables de aquella época. Abrazaron el afterpunk y con él alcanzaron cotas que deberían haber merecido mayor atención. Afortunadamente, no hace mucho se publicó El sueño dorado: Castillo Interior y la escena musical de Tenerife en los 80 (Los 80 Pasan Factura, 2017), libro que recoge su historia y aporta numerosa memorabilia, y que se acompaña de un EP de 10'' y un CD/CDrom con el disco más un vídeo. 


> El Primer Tercio: grupo mallorquín de 1985, cuyo nombre no alude a un tamaño de cerveza, sino que sale de la novela del escritor de la Generación Beat Neal Cassidy

 

> Crénom 1867: valencianos con un más que curioso y rebuscado nombre. ‘Nom, crénom’ (contracción de ‘Sacre nom de Dieu’) fueron las últimas palabras que pronunció, a modo de blasfemia, el poeta Charles Baudalaire en el lecho de muerte en 1867. Un "Me cago en Dios" y la espichó. Un grande. 

> La Náusea: de Benimanet (Valencia), en 1984 el cuarteto recurrió, obviamente, a Jean-Paul Sartre

 

> Teatro Negro de Praga: del barrio de Moratalaz (Madrid) a comienzos de 1982. El nombre alude a un tipo de representación muda sobre un escenario a oscuras, cuya puesta en escena se dio principalmente en Praga.

> Farenheit 451 / Trópico de Cáncer: en una onda menos siniestra y más apegada al synth-pop (bastante luminoso) fue el cuarteto que tomó su nombre de la novela de Ray Bradbury y que estuvo en escena entre 1979 y 1982. Cuando el proyecto se deshizo, el cantante (Jorge Grundman) y el batería (Óscar Bergón) formaron otra banda también de literario nombre, esta vez bebiendo en las páginas de Henry Miller.

viernes, 25 de diciembre de 2020

Discos con portada con discos #85


Rémy Mondey ‎– Dou Marie Dou [Aux Ondes, 7'']



The Beat - B.P.M... Beats Per Minute (The Very Best Of) [Co Feet Records, 1996]


Various - Wizzz! Volume 2 [Born Bad Records, 2008]


Various - W&LL Folk Vol. 1 [Woodsmen & Lady Log, 2015]


Los Bonsáis - ¡Fanzine! [EP 7'', Elefant Records, 2015]


miércoles, 23 de diciembre de 2020

En Re de reedición #12: Pylon


Larga vida a Pylon, ahora que New West Records reedita sus dos primeros discos. Gyrate (1980) y Chomp (1983) son documentos esenciales del nacimiento del rock independiente americano. Pero Pylon quedaron emparedados entre ese otro par de monstruos de Athens que fueron su colegas The B-52's y REM

Athens era un sitio muy aburrido, así que si querías divertirte tenías que montar tus propias fiestas, en las que solían tocar grupos de la zona; si el grupo no hacía bailar a la concurrencia, nunca más volvían a tocar allí. 

La voz exaltada de Vanessa Briscoe, un bajo implacable y el ritmo marcial fueron las señas de identidad musicales de Pylon, que habían aprendido bien las enseñanzas de Entertainment! de Gang of Four.


domingo, 13 de diciembre de 2020

Sales en mi canción #101: David Newton & The Mighty Angels

The Mighty Lemon Drops fueron una de las encarnaciones más visibles de aquel famoso casete C86 que puso en circulación el NME. Su “Happy Head” era el segundo de tema de la cara A. Y fue el que dio título a su primer álbum. 

David Newton, el guitarrista y cantante que los fundó en su Wolverhampton natal, mantuvo la banda en activo hasta 1993. Desde entonces no es mucho lo que se ha sabido de él. Llegó a colaborar con The Blue Aeroplanes. De sus andadas por diferentes grupos, Fonda es el más sólido y duradero. También tiene un álbum a su nombre (Portrait of A Woman, 2007), que pasó muy desapercibido. 

Asentado en California, ahora retoma las coordenadas musicales de sus inicios con un proyecto llamado David Newton & Thee Mighty Angels. Sólo por el tema que lo abre A Gateway To A Lifetime Of Dissapoinment (Parkfield Records, 2020) ya hay que maravillarse. 

El resto del disco discurre con brillantez. Las guitarras marca de la casa, su cálida voz y unos estribillos apoteósicos. “Avoid It”, “My First Band”, “Paint The Town”…  Así hasta el final. Una tremebunda sucesión de canciones bestiales. 

Eddie Argos se le suma para cantar una de esas canciones homenaje llenas de referencias musicales, cuyo título lo dice todo: “The Songs That Changed Our Lives”. De Bob & Marcia hasta el “Spanish Stroll” de Mink DeVille

Bob & Marcia, Young Gifted & Black 
The Jackson 5, I Want You Back 
Ambition by Subway Sect 
The John Peel Sessions by The Prefects 

These Are The Songs 
The Songs That Changed Our Lives 

Solid Gold Easy Action, Psychotic Reaction 

These Are The Songs… 

The Mekons, Where Were You 
(Eddie &) The Hot Rods, Do Anything You Want To Do 
Teenage Treats, Brickfield Nights, I Want To See The Bright Lights Tonight 

These Are The Songs… 

My Generation, Your Generation, (I Belong To The) Blank Generation 

These Are The Songs… 

Time Vision, Roadrunner by Jonathan Richman 

Jimmy Radcliffe slows things down 
You ask a girl to dance but you get turned down 
Maybe it just wasn’t your day 
Anyway 

These Are The Songs...

Spanish Stroll, Spanish Stroll 


 

Ojalá alguien saque una edición como se merece el disco, que de momento sólo tiene formato en CDr. 

viernes, 21 de agosto de 2020

5 sobre... #43: baseball

Es el béisbol un deporte de lo más peculiar y mucho más complicado de lo que parece. ¿Dar a una pelota con un palo? Pues bien, es tal su dificultad que el jugador que consigue batear una media de un 33% de los lanzamientos que le hacen los pitchers está considerado un portento. Nadie en la historia ha conseguido acabar su carrera deportiva con un 40% de aciertos al bate (el récord en una temporada se ha alcanzado dos veces con un 39%). Estos guarismos, en cualquier otra modalidad deportiva, serían inadmisibles. Un alero que no encesta ni la mitad de sus tiros, un tenista que no mete ni la mitad de sus primeros saques, etc., son peor que mediocres. En béisbol la mediocridad la marca la "línea Mendoza", es decir, conseguir un 20% de bateos o menos. El nombre proviene del jugador mejicano Mario Mendoza, muy buen defensa pero un colador con el bate, que acabó su carrera con un 21% de promedio. Antes de la era de Internet, en las ediciones dominicales de casi todos los periódicos de Estados Unidos, las secciones de deportes incluían un listado de los bateadores y sus promedios de bateo; como no había espacio suficiente para ponerlos a todos, los periódicos no publicaban la lista completa de bateadores y se detenían cuando llegaban a los del .200, donde con frecuencia aparecía el nombre de Mario Mendoza. La expresión the Mendoza line la acuñó un compañero suyo en los Mariners. Hoy día, cruzarla determina, simplemente, que eres un pésimo bateador. 

En Athens, a mediados de los años 90, Andres Galdames, John Troutman, Lori Carrier, Margaret MauricePaul Deppler pensaron que era una buena acuñación para el nombre artístico de una banda. The Mendoza Line tuvieron vida discográfica de 1997 a 2007; casi una decena de discos, alguno de ellos muy por encima de la línea Mendoza del pop independiente (por ejemplo, We’re All In This Alone). 



Si darle a la pelota no es sencillo, defender también tiene sus aprietos. Para empezar, es necesaria una gran coordinación corporal y después saberse coordinar con los compañeros. Yo La Tengo también tomaron su nombre de una anécdota beisbolera, en este caso relacionada con los problemas que puede haber en defensa. Durante la temporada de 1962, Richie Ashburn, el centerfield de los New York Mets, estuvo a punto de colisionar con el short stop Elio Chacón, cuando ambos trataban de coger una bola en el aire. Ahsburn gritó “I got it”, pero Chacón solo hablaba español así que al final Ahsburn tuvo que aprender a decirlo en español: “yo la tengo”. Unos cuantos partidos después, en una situación similar, Ashburn dijo ese “Yo la tengo” recién aprendido, sin percatarse que el leftfielder, Frank Thomas, no sabía español y terminó chocándose con él. Al final, todo el equipo tuvo que aprender la frase en español para que sus jugadores no terminaran chocándose entre ellos a la hora de correr a coger una bola.

Cumpliendo con lo que promete su nombre, mucho más allá han ido The Baseball Projectla superbanda formada por Peter Buck, Steve Wynn, Linda Pitmon y Scott McCaughey. Aún en activo, llevan cuatro discos de estudio más uno en directo dedicados en exclusiva todos ellos a cantar las hazañas del mundo del béisbol americano: sus leyendas, sus míticos registros y en general todo un anecdotario propio del abuelo Cebolleta. Es un deporte que se presta mucho a ello.



Dejando constancia de los discos de The Baseball Project, en los que cualquiera de sus canciones serviría para ilustrar el tema, destacaremos a continuación otras cinco compuestas por otros tantos artistas a los que alguna vez les llamó la atención el asunto beisbolístico.

Pavement - Major Leagues (en Terror Twilight, 1997)
El título se refiere a la liga de baseball o MLB en sus muy conocidas siglas. Amores de primera división para el último álbum que grabaron. Un bonito medio tiempo.


> For Stars - Baseball (en el CD single How It Goes, 2001)
A estos californianos se les cita escasamente y se les revisita aún menos, así que es esta una ocasión pintiparada para reivindicarlos. Estuvieron poco tiempo funcionando, pero ahí dejaron cuatro placenteros discos.

> Belle And Sebastian - Piazza, NY Catcher (en Dear Catastrophe Waitress, 2003)
Los únicos de la lista que no son estadounidenses, y se convendrá en lo curioso que resulta ver a los de Glasgow acudir a un legendario catcher de los Mets como fuente de inspiración. Canción acústica, aparentemente menor, con referencias ambiguas y mención al "Walk Away Renee" de The Left Banke, que al poco vesionearan con mucho éxito los Four Tops.


> Kanye West - Barry Bonds (en Graduation, 2007)
"And here's another hit, Barry Bonds", canta West. Los días en que jugaba Barry Bonds, en la bahía de San Francisco había gente en barcas esperando a recoger alguna pelota que sacara del campo de un batazo el muy bestia; lástima que el final de su carrera se viera enturbiado por un quítame de allá esos esteroides.
Y West marcándose otro home run con este disco. 



> Chuck Prophet - Willie Mays Is Up At Bat (en Temple Beautiful, 2012)
Qué buen tipo parece Chuck. Se le ve noblote. Y en concierto es un entregado intérprete. De ese electrificado y vibrante álbum, entre los mejores que ha hecho, sobresale este recuerdo a un bateador mítico de los Giants de San Francisco, ciudad de acogida del propio Prophet.

 

NOTA: No es España país para las cosas del béisbol, pero al menos Coz grabaron "Bate de béisbol" en 1982. Para amigos del jevi carpetovetónico.

domingo, 7 de junio de 2020

Parecidos razonables #32: Bob Dylan y Juan Pardo

Es tal el parecido que dan ganas de decir que uno es el Dylan español o el otro el Pardo americano. Y cuidado con reírse del nuestro, que fundó Los Pekenikes, Los Brincos, hizo pareja artística en Juan y Junior y después grabó una veintena de discos en solitario, además de componer canciones para otros artistas.



Bob Dylan - New Morning (Columbia, 1970)


Juan Pardo - Bravo por la música (Hispavox, 1982)