viernes, 19 de junio de 2015

Ette aquí #63 // Funkdamentos y soultanes #33: The Turquinettes

Uno se imagina aquella época gloriosa del soul —de los años cincuenta a finales de la siguiente década— como una especie de hormiguero con una cantidad ingente de cantantes, instrumentistas, productores, compositores, arreglistas… en constante y ferviente movimiento, sin cesar de crear y grabar un tema tras otro. Fue una eclosión musical única y probablemente nunca volverá a darse otra igual. Surgió una miríada de sellos discográficos por todo Estados Unidos; algunos de ellos terminarían convirtiéndose en emporios, como Motown o, en menor medida, Stax. Muchas de las piezas que publicaron estas factorías alcanzaron el éxito y aun la gloria. Otras, la mayoría, fueron víctimas de su propia avalancha: quedaron sepultadas entre tanto oleaje, prematuramente malogrados. 

Como todo género de éxito, no tardó en bastardizarse. Empezó a fusionarse con algo de jazz, con algo de ritmos latinos y con algo de R&B. El resultado fue un ritmo imparable que el mundo conoce como funk. Y como ocurriera con su hermano el soul, se vio sometido a una producción masiva para intentar aliviar el hambre del insaciable público. De nuevo surgieron afamados mitos y un sinfín de oscuros e ignotos don nadie: de los que vendieron millones de copias y de los que se quedaron olvidados en los cajones sin ver la luz. 


El recopilatorio The Birth of Funk: Low Down & Dirty (HoS Records, 2014) muestra precisamente eso. Ahí aparecen figuras gigantes como James Brown, otras algo menos portentosas, como Eddie Bo o Huey “Piano” Smith y un buen puñado de nombres que nada dirán ni a tercera vista, como The Turquinettes. En los créditos del disco se lee que nadie sabe a ciencia cierta quiénes fueron The Turquinettes y al parecer todo apunta a que «Tell Me The Truth» es su única grabación. Se trata de una estupenda pieza de NOLA funk o funk de Nueva Orleans, respaldado por el combo de AFO Studios. Las voces femeninas la conducen como una locomotora a un tren, e incluso sus coros semejan el pitido de la máquina, mientras los espectaculares músicos de acompañamiento echan el carbón con sus intrumentos. El tema permaneció 31 años inédito, hasta que el sello Ace rescató el catálogo de AFO en 1993. Se sabe que lo compuso Elaine Coubrais; de ahí puede elucubrarse que también fuera una de las cantantes. 

 

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