lunes, 26 de diciembre de 2011

Género chico #18 // Preparados para un solo de órgano #7: Gruff Rhys


Gog no es nada dado a disfrutar de manifestaciones navideñas de ningún tipo, ni siquiera las musicales. Las canciones navidescas en general y los villancicos en particular le parecen de una estética dudosa y le producen un sarpullido que ni ponerse un disfraz de santaclaus encima, barba incluida.

Claro que cómo no prestar atención a algo que se llama Atheist Xmas EP (PIAS, 2011), tres temas de Gruff Rhys que para mayor flipe de la curiosidad contiene títulos como «Post Apocalypse Christmas» y «Slashed Wrists This Christmas»; separadas ambas por «At the End of the Line». Las dos primeras del EP, musicalmente, son la lógica continuación de su Hotel Shampoo de este año. La tercera, la de tonada más navideña, le tiene loco a Gog, con ese baile que se marcan el piano principal y un órgano largo y extendido como un fondo nevado.

Pasote de EP.

Gruff Rhys - Atheist Xmas EP by PIASGermany

sábado, 24 de diciembre de 2011

Parecidos razonables #18

El mítico pianista Geraint Watkins (acompañante de Van Morrison o McCartney, por ejemplo).

Mark E. Smith, o sea, The Fall.

El asombroso parecido le sobrevino a Gog el otro día, durante el concierto de Nick Lowe, pues Watkins era el teclista de la banda.

Es este el momento oportuno para sacar a colación (qué expresión más raruna) el nuevo álbum de The Fall, Ersatz G.B. [Cherry Red, 2011], otro artefacto sonoro marca de la casa. Y van más de veinte. La crítica más extendida hacia Smith es que desde 1979 lleva haciendo el mismo disco; y se dice que únicamente los fanes con doctorado en The Fall son capaces de diferenciar uno de otro.

¿Qué tiene, entonces, este nuevo que merezca la pena? Muy fácil: el seguidor de la banda no se sentirá defraudado; quien no conozca a The Fall, que empiece por este, se lo ponga a todo trapo y flipe; y quien lo conozca pero no sea fan, podrá escuchar cómo Smith le ha dado ahora mayor espacio a la electrónica o a los sonidos electrónicos como chapa y pintura para su dinamita sónica (probablemente le viene de su ayuntamiento con Mouse On Mars en 2007). Eso sí, hay temas que podrían estar en un catálogo de hardcore. Lo cual, a estas alturas de la vida de Smith, se diría que es casi admirable.

The Fall - Cosmos 7

Sólo en «Happi Song» baja el volumen y cede la voz a la teclista Eleni Poulou, que canta con el tono helado y despegado de Nico, en una pieza que, obviamente, recuerda a ciertos momentos de la Velvet Underground.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Las nuevas aventuras del llanero solitario #21: Memory Tapes

¿Por dónde empezar: por el recuento de nombres y su procedencia o por consideraciones acerca de cómo la actualidad musical sigue llena de referencias al pasado, en este caso los ochenta?

Qué pereza, de repente, enfrascarse en cualquiera de las dos opciones. Como buen vago que es Gog, queden pospuestas para dentro de un rato, cuando ya no haya más remedio que acometerlas. Vayamos a lo realmente interesante: Player Piano (Carpak, 2011) es un álbum de electro pop con más de un par de temas encantadores.

08. Sunhits - Memory Tapes

El sonido remite a la década de los ochenta, al tecno pop que se hacía por entonces, cuando aún era posible compaginar comercialidad y calidad, algo que en décadas posteriores se ha ido perdiendo porque la brecha entre ambas se ha ido ensanchando más que un roto en un pantalón. En resumen, que esto se está enredando de más: Memory Tapes suena a un cruce entre China Crisis y The Blue Nile.

Decir Memory Tapes implica nombrar a Davye Hawke, que es quien básicamente se encuentra detrás del proyecto. El disco que nos tiene aquí reunidos va detrás de Seek Magic (2009), ya como Memory Tapes, aunque este excomponente de Hail Social no lo tuvo claro al principio cuando se emancipó: que si unas grabaciones como Memory Cassette, que si otras como Weird Tapes… Al final optó por algo así como lomejordecadacasa.

Portada chula, además.

martes, 20 de diciembre de 2011

Rock 'n' actor #23: Matt Berry

Queda instaurado el siguiente premio anual: el mejor álbum con peor portada. El ganador de 2011, por mayoría absoluta —tan de moda estos días—, es Witchazel (Acid Jazz), del actor, cómico y músico inglés Matt Berry. En el fondo, una vez escuchados los trece temas, se comprende ese aire a otra época, a otro siglo o a otro mundo, de la cubierta y contracubierta.

Toda la instrumentación, a excepción de la batería y el clarinete, corre a su cargo: desde la guitarra eléctrica al ukelele, pasando por todo tipo de teclados (pianos, órganos eléctricos, Korgs…), incluidos melotrón y acordeón, y cachivaches varios. Por etiquetarlo de manera que la gente se haga una idea de por dónde van las inquietudes musicales de Berry, podría decirse que practica un folk progresivo setentero, entre pastoral y espacial. Ya: leído del tirón acojona y echa para atrás. Realmente es un panorama de una riqueza musical hermosa y con saborcillo a castañas asadas en fogón añejo que merece una escucha.

Hay una melodía principal que se repite varias veces a lo largo del disco interpretada de maneras diferentes. Y en «Rain Come Down» hace unos coros McCartney.

1. An Awakening
2. Take My Hand
3. Accident At A Harvest Festival
4. A Song For Rosie
5. So Low
6. Look In My Book
7. The Pheasant
8. Woman
9. The Badger's Wake
10. Rain Came Down
11. From The Manger To The Mortuary
12. Into The Sky
13. Roosting Time

Fa-Gog-ritas: 4, 5 y 12


domingo, 18 de diciembre de 2011

Debut #44: The Blanche Hudson Weekend

La muy chula «The Bitterest Clash» recuerda a unos Blondie redivivos, pues es puro «Dreaming». Entonces te das cuenta de que el tema anterior, «Union Square Blackout», podría remitir perfectamente a «Union City Blue». La comparación con el grupo de Deborah Harry es aún más odiosa cuando al frente de esta otra banda también hay una como cantante rubia, Caroline McChrystal.

Así que en cuanto se te mete esta semejanza en la cabeza, resulta muy difícil deshacerse de ella, aunque lo cierto es que el resto de You Always Loved Violence (Squirrel, 2011), álbum de debut de The Blanche Hudson Weekend, no remite musicalmente al grupo neoyorquino, sino que es más rollo C-86; pero para entonces la asociación de ideas ya está fijada con laca. De esta otra hornada, destacan «River’s Edge» y «Permanent Ink».

Son de Leeds, y han surgido tras la escisión de The Manhattan Love Suicides. En ambos casos, nombres de banda con influencias cinematográficas: el anterior era el título de un corto del provocador Richard Kern. El nuevo nombre remite a un personaje de ¿Qué fue de Baby Jane? (R. Aldrich, 1962).

sábado, 17 de diciembre de 2011

Las cosas del directo #24 // Gastan gafas #43: Nick Lowe

Precioso y exquisito concierto anoche de Nick Lowe. Sobrado de clase para todo: desde su elegante atuendo negro, su pelo nevado y sus gafas pintonas, a una forma de interpretar la música que de cálida, tierna, sentida y excelenciosa podía hacer llorar. Le acompañaban un grupazo de teclista/organista, contrabajo, guitarra y batería.

El público —fiel y dinosáurico, incluso podría asegurarse que había camuflados milodones auténticos— le pidió dos bises. Tocaron éxitos de ayer y hoy (acaba de sacar álbum nuevo, The Old Magic). Cerró con versión acústica de Costello: «Alison». No tocó esta de su disco anterior, que a Gog le gusta toneladas:



jueves, 15 de diciembre de 2011

Preparados para un solo de órgano #6 // Música y política #16 // Karaoke #15: The Clash

Anda Gog estos días preparándose una recopilación con temas de ayer y hoy que contengan sónido de órgano, género este que practica más de lo que se pueda sospechar. No se resiste a un adelanto con esta cancionzaca de The Clash, «Washington Bullets». Ritmo tropical y vacilón para hablar de Allende, Víctor Jara, el Dalai Lama, ráfagas de plomo, Nicaragua, Castro… Y cuarenta últimos segundos gloriosos del Hammond de Mick Gallagher, el teclista habitual de Ian Dury.

lunes, 12 de diciembre de 2011

A mí no hace falta que me cambies el plato #21 // Con la boca #13

En 1971 Rita Gillian comenzó a trabajar de camarera en el primer Hard Rock Cafe que se fundó, en Hyde Park Corner (Londres). Y allí se quedó hasta su jubilación. Hoy día es una especie de embajadora de la empresa, y la tienen de aquí para allá celebrando en diferentes ciudades del mundo el 40º aniversario de la marca. Vestida de camarera y con más chapas en la solapa que un dictador, concede entrevistas en las que rememora los tiempos en que servía comidas a los famosos «de pelo largo» que se dejaban caer por allí.

Las comandas más excéntricas, según ella:

> Chuck Berry, que acompañado de una chica rubia pidió té y tostadas con mermelada. Los del HRC tuvieron que ir a Harrods a comprarlo todo.

> Paul McCartney pidió una hamburguesa vegetariana cuando entonces no se hacían.

En el primer caso, ¿sería mermelada de straw-berry? Y lo de llamar hamburguesa a un amasijo de lentejas es como decir que Garfield era un gato de raza.

Curiosidad para almacenadores de curiosidades: el nombre de Hard Rock Cafe era como se llamaba la cara A del disco Morrison Hotel (1970), de The Doors, y de ahí proviene.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Dime qué lees y te diré cómo se llama tu banda #13 // El arte de la versión #39 // Gastan gafas #42: They Might Be Giants

Decir que They Might Be Giants acaban de publicar un álbum de rarezas y descartes no es aportar mucho, pues cada uno de sus catorce o quince discos anteriores pueden ser considerados también así. Tal es el grado de friquería que han gastado siempre los Johns (Linnell y el gafotas Flansburgh). Su extravagante sentido del humor unido a su insobornable y ecléctico modo de entender la música ha hecho que se les tenga siempre por unos artistas imprevisibles y rarunos cual torero con bigote.

Este par de lectores cachondos del Quijote (tradúzcase el nombre de la banda y piénsese en molinos de vientos), siempre a su bola, practican un pop rock lleno de melodías contagiosas y experimentos sonoros. El caso es que Album raises new and troubling questions (Idlewild, 2011) es, en su sentido más ortodoxo, un saco recopilatorio en el que han ido a parar una veintena de piezas de diverso pelaje que tenían por ahí diseminadas y guardadas; pero algunas ya pueden figurar en un «grandes éxitos» que hagan.

Como curiosidad, destaca el asunto de las versiones, ajenas y propias. Entre las primeras, el conocido «Tubthumping» de Chumbawumba o el «Havalina» Pixie en plan sosegado y bañado con un acordeón al principio, tema que poco a poco se va retorciendo y distorsionando (publicado anteriormente en un tributo a los Pixies de 2007). Entre las propias, han rehecho a la moderna su viejo éxito «Istanbul (Not Constantinople)», que ahora queda ideal para la pista de baile de cualquier fiesta cool como «Electronic Istanbul (Not Constantinople)».

Electronic Istanbul

martes, 6 de diciembre de 2011

Hit instantáneo #14: The Black Keys

Con que el resto del próximo álbum de The Black Keys sea la mitad de bueno que el single que lo adelanta, el pasote está asegurado:

domingo, 4 de diciembre de 2011

Debut #43: Big Deal


Aquí hay talentazo. Incluso Gog se atreve con un augurio: el dúo chico/chica Big Deal (los ingleses Alice Costelloe + Kacey Underwood) tienen un porvenir como artistas que dará que hablar.

Lights Out (Mute, 2011) es un bellísimo debut de 41 minutos a base de guitarra eléctrica (él), acústica (ella) y voces (ambos), nada más. Ni una línea de bajo, ni una percusión; tan sólo alguna pequeña concesión a un leve teclado en un par de cortes. Así de crudo se lo montan, convencidos de que su sistema de juego es el único posible.

Los doce temas son de una belleza y una profundidad que ciegan, como la portada. Es muy difícil llenar tanto con tanta desnudez, pero ellos lo consiguen; a veces un pequeño rayo de luz basta para iluminar un todo. Esa simple luminosidad hace que sea un disco para escuchar demoradamente, para saborear en la intimidad, para ensimismarse.



1. Distant Neighborhood
2. Chair
3. Cool Like Kurt
4. Swoon
5. Homework
6. Talk
7. With The World At My Feet
8. Locked Up
9. Summer Cold
10. Visions
11. Seraphine
12. Pi

Fa-Gog-ritas: 1, 10 y 11.

Enorme debut. Enorme discazo.


sábado, 3 de diciembre de 2011

Sales en mi canción #39: Charo

Acoustic guitar, if you think I play hard
Well you could have belonged to Steve Earle
Or Charo or GWAR, I could sell you tomorrow.
(The Magnetic Fields, en «Acoustic Guitar»)

A ver, Steve Earle es un reputado guitarrista norteamericano; GWAR, una banda metalera y escatológica antecedente de los eurovisivos Lordi; pero esa Charo que cita Stephen Merritt, ¿quién leches es? Pues menuda sorpresa se ha llevado Gog: morrocotuda dicho a la antigua, to’ flipante a la moderna, para que nos entendamos todos.

Y es que lo que consta sobre ella en su entrada de la wiki no tiene desperdicio. Un resumencillo: la murciana María Del Rosario Mercedes Laura Jennifer Pilar Martínez Molina Baeza De Rasten se casó a los 15 años (hay serias dudas sobre su fecha de nacimiento, que ella oculta celosamente) con el entonces sexagenario Xavier Cugat en 1966. Había estudiado flamenco y era una reputada guitarrista clásica (véase el vídeo final), pero su ostentosa y explosiva presencia ocultó esos valores.

Grabó sus cuatro y más valiosos primeros discos con la Salsoul Orchestra. El primero de ellos contiene su al parecer afamado «Cuchi cuchi»; y además versionea desde el «Borriquito» a «Let’s Spend the Night Together». Muy recomendable la escucha para amigos de fricadas varias.

Es un delirio escuchar la pronunciación inglesa que gasta la internacional murciana. Véasela en un programa televisivo junto a Dean Martin y Danny Thomas. Se los come vivos. Qué desparpajo tenía. Y atención al detalle de con qué finura y seguridad le aparta a Dino la mano de su trasero.



En Estados Unidos es muy conocida. Y sigue en activo. Hace poco, en la tele, aseguró que Lady Gaga es Madonna con diarrea. (El youtube está plagado de sus proezas.)

Una crack. Muy grande la Charo.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Las cosas del directo #23: Plastic d'Amour

El miércoles pasado, en la inauguración de una especie de tienda itinerante de Madrid de muebles vintage franceses, tuvo lugar un hecho inesperado: Alberto Matesanz y Blanca Lacasa, o sea, Plastic d'Amour, se reunieron de nuevo para la ocasión. Al parecer sólo se podía acceder con invitación a los dos pases que hicieron. Interpretaron temas propios, alternados con versiones de Moustaki, Brassens y Gainsbourg. Cuentan que cerraron con «Aujourd'hui», tal vez el tema con más fuerza de su cancionero.

Plastic dAmour - Aujourd Hui

Lamentablemente para los seguidores del grupo, no pueden hacerse conjeturas ni sacar conclusiones de ello, puesto que de momento no hay nada más que invite a pensar en una vuelta a los ruedos musicales; quede al menos reseñada aquí la ocasión extraordinaria.

[Fotos de Marcos Torres.]

martes, 29 de noviembre de 2011

Discos con portada con discos #37

Presidente: ¿Dónde fuiste Simón Jean? (La Produktiva Records, 2010)

Badly Drawn Boy: One Plus One Is One (XL, 2004)

domingo, 27 de noviembre de 2011

Las cosas del directo #22 // Debut #42

El Primavera Club es un juego. Quien comprenda eso disfrutará mucho más de un festival itinerante (itinerante sobre todo para los asistentes), en el que como si se tratara de una ginkana hay que intentar pasar unas pruebas para al final comprobar quién ha podido asistir a más conciertos. Primero debes canjear la entrada por una pulsera en un punto determinado; después comienza un de aquí para allá, de sala en sala, exasperante. Si se le permite el chiste a Gog, es un puro festival underground, pero más por la cantidad de veces que hay que montar en Metro.

Lo bueno que tienen los festivales es que es una buena manera de conocer directos de bandas a las que no irías a ver en condiciones normales. Y quien haya asistido a algún festival sabe muy bien que suele ocurrir que grupos en los que tienes depositadas ciertas expectativas patinan y te decepcionan, y al contrario, te sorprenden para bien grupetes por los que no hubieras apostado jamás aunque te pasaran el soplo de que eran un caballo ganador seguro.

En este último caso se encuentra Gog con Still Corners y Givers, de los que había escuchado sus discos de debut pero que no iba a desgranar en En Esta Quiero Humo. Ambos se lo han ganado ahora.

La inglesa Tessa Murray es el proyecto de diva que da alma a Still Corners. Extrañamente, han publicado Creatures of an Hour (2011) en un sello guitarrero por excelencia como SubPop, cuando su dream pop etéreo y vaporoso encajaría sin fisuras en el sello 4AD. Hay temas en el álbum expansivos y profundos, muy bien estructurados, perfectos para estados de acurrucamiento.

Still Corners - Cuckoo by subpop

Aunque el set a veces fue un poco deslavazado por los kilos de pregrabados que traían, tan necesarios para crear esos ambientes oníricos y flotantes, consiguieron enganchar al personal con una propuesta esforzada y creíble. Versionearon el «I’m on fire» springsteeniano en las coordenadas gélidas propias del palo que tocan.

El sorpresón fue ver cómo Givers, quinteto de Lafayette (Louisiana), daba vida a In Light (Glassnote, 2011), un disco muy plano y demasiado lastrado por el referente Vampire Weekend que no refleja el contagioso vitalismo y las excelentes dotes que la banda tiene en directo, donde lo parten. Comandados por un eternamente sonriente Taylor Guarisco, una maravillosa criatura nacida para la música llamada Tiffany Lamson (voz, segunda batería, percusiones mil y ukele) y el poderoso bajista Josh Leblanc, convencieron al público de que si se les había colocado en horario estelar era por algo. Lo dieron todo —la actitud, estúpido, la actitud—, y salieron por la puerta grande. Hicieron una lógica versión de The Talking Heads.




jueves, 24 de noviembre de 2011

...Y ellos se juntan #48 // Preparados para un solo de órgano #5 // Gastan gafas #42: About Group

El a priori lo tiene todo para molar:

El cantante de Hot Chip + el batera de This Heat + el teclista de Spiritualized = About Group se han metido en los estudios de Abbey Road para grabar su segunda colaboración juntos, Start & Complete (Domino, 2011).

La realidad es que parece más un álbum de Alexis Taylor (el gafotas de Hot Chip), que lo compone todo, lo canta todo y se encarga de que su Wurlitzer y su Hammond pueblen todo el disco, acompañado de unos músicos de sesión.

En un solo día grabaron estos catorce bonitos medios tiempos de tintes espaciales y flotantes, un fluir sonoro sosegado y en calma, ambiental. El conjunto únicamente se ve sobresaltado por ese delirio improvisado de once minutos que es «You’re No Good», uno de los mejores temas junto a «Don’t Worry».

02 About Group - Don't Worry

martes, 22 de noviembre de 2011

Hubo un tiempo en que bastaba con una portada #11: hoy lo cuenta Polidori

La historia de una portada me manda hacer Gog que en mi vida me he visto en tanto aprieto.

Una entre decenas de miles. Menuda elección. ¿A qué apelar, al sentimentalismo, a la importancia histórica, a su calidad artística? Son muchos años de ver portadas, de manejarlas, de manosearlas para decidirse por una sola. Si al menos fuesen diez, o veinte. Cabrían entonces portadas sublimes, portadas cargadas de emociones y recuerdos. Pero sólo puede quedar una, cual highlander mandoble en manos.

Tendré entonces que descartar los paisajes oníricos de Echo & the Bunnymen, el Avalon de Roxy Music, aquella cessepeada portada de Golpes Bajos, el escorzo del Deep de Peter Murphy, la bolchevique Construction Time Again de Depeche Mode, los ídolos cinematográficos de The Smiths (y su legado en Belle & Sebastian), la motera Steve McQueen de Prefab Sprout, la rotundidad del One True Passion de Revenge, el chandaleo arreglao pero informal del Walking Wounded de Everything but The Girl, las trendies (así, en general) de Björk, la neoyorquina (lástima del Loriga) Foreign Land de la Rosenvinge, la roja pasión de To bring you my love de P.J. Harvey, o por qué no esa oda a la maternidad del Simple Pleasure de Tindersticks. Tantas y tantas inolvidables...

Son muchas las portadas con historia, y muchas las historias sobre portadas. Como aquella en la que mi hermano, el que fuera mi “líder espiritual” (todos tenemos alguno) y experto en el arte de comprar discos por sus portadas, consiguió que el huraño encargado de La Metralleta (para los profanos, una tienducha de discos de segunda mano a la que acudíamos todos los compradores compulsivos de discos de parco bolsillo, incluido un tal Paco Clavel) se tragara que un vinilo con una sugerente rubia de aspecto sofisticado (y de cuyo nombre no puedo acordarme) era en realidad un disco de la novia de Elvis Costello, con el que, sin por supuesto serlo, consiguió un ventajoso trueque por un plástico sin duda más valioso.

Pero Gog quiere que cuente la historia de una sola portada muy especial para el que suscribe, así que habrá que afinar y pensar en aquellas que han marcado mi trayectoria como aficionado enfermo de música. Y si hay un momento y un lugar que han hecho de mí el melómano que soy, ése no puede ser otro que el Manchester (Madchester) de finales de los setenta y principios de los ochenta; y más en concreto una banda que marcó definitivamente mi paso de la despreocupada e inocente infancia a la atormentada adolescencia: nada más y nada menos que Joy Division.

Todo comenzó con un viejo número (cuántas veces me he arrepentido de no haberlo conservado) de una magnífica revista de la época, Sur ExpreS, en la que se publicó, allá por mediados de los ochenta, un especial sobre lo que vino en llamarse “neorromanticismo”, y cuya mirada se adentraba desde los albores del movimiento romántico del XVIII y XIX (el de verdad) hasta los rostros de líderes de bandas de polvos blancos en la cara y pelos lacios tan del gusto del momento, sublimados en el que sería uno de mis artistas favoritos de todos los tiempos, David Sylvian, el conspicuo y atildado frontman de Japan.

Dentro de la vorágine de nombres y pelos encrespados aparecía, de forma sucinta, la historia del mártir por excelencia del “movimiento”, aquel Ian Curtis que lideró la desaparecida Joy Division, y que se suicidó por una mezcla de hastío vital, desequilibrio emocional, empanada sentimental y hartazgo en su condición de epiléptico. Y para ilustrar su historia aparecía, en todo su esplendor, la portada de un maxisingle (qué arcaico queda ya esto) con un ángel recostado y exangüe en blanco y negro, sobre fondo negro infernal y unas rotundas letras mayúsculas blancas, enmarcado todo en un discreto cuadrado también blanco. El título, uno de los más espléndidos que para una vibrante a la par que dolorosa canción de desamor se haya escrito jamás: “Love will tear us apart”. Ese vinilo, esa portada, fue mucho más que una portada para mí. Llegué a fotocopiarla para forrar con ella la carpeta que osé llevar, como un estandarte, durante los primeros años de mi aventura universitaria. Fue, además, un disco difícil de conseguir, un pequeño trofeo que guardé con esmero; uno de esos discos “de importación”, con lo que eso conllevaba. La imagen en sí, elegante, sobria y discreta, ofrecía un verdadero contraste con el brillo sonoro del tema, que camuflaba una letra cuya intensidad era la habitual en las composiciones de los Joy. La portada original de la época, aún en vida de Curtis, era un simple cartón de color hueso con el nombre de la canción y el número de serie del sello Factory (“A Factory Record- Fac 23”) en una discreta tipografía mecanografiada.

La “internacional”, que es la que nos ocupa, salió mucho más tarde, evidentemente bajo la influencia de la ola hagiográfica posterior a su muerte. Así, era más pertinente darle al disco un motivo más fúnebre, y de ahí la portada, que tiene mucho que ver con la celebérrima Closer, el elepé póstumo del grupo, en la que aparecía un pétreo cortejo fúnebre que parecía acompañar al difunto Ian, recientemente desaparecido.

Nunca supe si mi afición por los cementerios vino por esa portada, así como esa querencia por la asfixia existencialista del bueno de Curtis, pero sé que esa imagen pesó tanto o más en mi ánimo que la espléndida y tantas veces traída y llevada canción. Todavía hoy me sigue llamando la atención cuando repaso mi viniloteca, o cuando la veo impresa en camisetas en algún concierto de esos que me retrotraen a aquellos otros de antaño.

Tanta y tanta música, querido Gog.


Joy Division - Love Will Tear Us Apart por hushhush112

[Autor del texto: Polidori]

lunes, 21 de noviembre de 2011

5 sobre... #15: muñecas hinchables

Por uno de esos azares azorosos que suelen sobrevenir de vez en cuando, Gog se ha topado este año con dos textos —extraños, inquietantes, personalísimos— con un mismo leitmotiv: la relación erótico-obsesiva de sus protagonistas con unas muñecas.

El primero, escrito por el uruguayo Felisberto Hernández, fue el relato «Las Hortensias». Resulta desasosegante y perturbador leer cómo Horacio, el personaje principal, da instrucciones precisas a un fabricante de muñecas para convertirlas en «mujeres».

El otro, del gran Ramón Gómez de la Serna, es un capítulo de la novela El incongruente (Blackie Books, 2010). Ramón era un maravilloso escritor aunque no un excelente novelista. Era un fraseólogo, todo lo tapizaba con frases ingeniosísimas y llenaba las páginas de greguerías, que eran como grafitis literarios pintados en las hojas blancas de un libro. En El incongruente se encadenan las andanzas sentimentales de un soltero empedernido, Gustavo, una especie de don Juan surrealista. Una de estas aventuras transcurre en un pueblo habitado por una sola persona y multitud de muñecas de cera; Gustavo se enamora de una las muñecas y está a punto de casarse con ella.

Y ayer, para terminar de cerrar este círculo casuístico o casualístico y decidirse Gog a convocar aquí el asunto, le aparecieron reordenando cajas viejas casetes grabadas por él en lo que debió de ser otra vida. En una de ellas estaba «Muñeca hinchable» de la Orquesta Mondragón, lo cual le llevó a Gog a meditar un rato sobre que este no es un tema demasiado tratado en la música.

En el cine sí ha sido un tema mucho más utilizado. Por quedarnos con una de aquí aunque esté grabada en París: la increíble, oscura y terrorífica Tamaño natural (1983), de García Berlanga.

En Aterriza como puedas, al asunto se le dio un giro más: un muñeco hinchable.

sábado, 19 de noviembre de 2011

A la tercera va la vencida #15: The Donkeys

The Donkeys han descubierto el pop y la psicodelia; o al menos, si no se trata de un descubrimiento per se, de lo que sí se trata es de que ahora han incorporado estos elementos a esa línea de sus dos primeros discos que iba a través de los parajes sonoros a lo Creedence y The Band.

Hay un ciento de detalles en Born With Stripes (Dead Oceans, 2011) que merecen la atención. Ese auuuuu de los coros en el primer tema secundando un punteo de guitarra feliz:

The Donkeys - Dont Know

O ese otro riff felicísimo que baña el siguiente corte («I Like The Way You Walk»), tema que si lo hubieran firmado unos tal Wilco el mundillo musical que tanto los ensalza estaría con la baba caída. La pandereta de «Bloodhound». «Born With Stripes» suena a unos The Faces redivivos; aquí con un solo de guitarra exaltado y un teclado vacilón sosteniendo la melodía. En «Kaleidoscope» aparecen los primeros síntomas de psicodelia, desatados definitivamente en el último corte de la cara A –«West Coast Raga»– y en el que cierra el álbum –«East Coast Raga»–, ambos con su bien de sitar y doce cuerdas. E idénticos patrones disfrutables en la cara B, con otra enorme canción incrustada en medio («Oxblood»), o la preciosa «Valerie», en la que parecen Ray Davies cantando con The Eagles.

La portada del álbum tal vez no es demasiado afortunada. Estos cuatro chicos de San Diego no son cool, ni atienden a patrones moderniquis. No les mueve otra cosa que hacer música disfrutando ellos mismos. Son unos clásicos. Tocan con exquisitez y sapiencia. Es su tercer y más afortunado intento. Y el mundo no se enterará.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Ette aquí #31: The Masterettes

The Masterettes existieron pero no. Cuatro amigas del insti en Queens, siguiendo la estela de sus compis The Masters, decidieron formar una de esas bandas vocálicas de chicas de la década de los sesenta, a la que llamaron The Masterettes. La novedad era que el abandono de una de ellas coincidió con que su banda hermana The Masters andaban a la greña, así que uno de ellos, Herb Rooney, les dejó para unirse a las entonces tres chicas. En contra de lo que pudiera suponerse, él no fue la voz principal arropada por los coros de las chicas, sino que pasó a formar parte del coro. La voz solista la llevaba Brenda Reid, que tenía una fuerza arrolladora y en cuya garganta cuajó el tema que Leiber y Stoller compusieron para el grupo, el famoso «Tell Him», después de verlos en una audición. Eso sí, Leiber y Stoller les sugirieron otro nombre artístico, The Exciters, con el que grabaron aquel tema en 1962 y entraron en la historia.



Como The Exciters tuvieron una larga carrera; les duró hasta bien entrada la década siguiente. Y aunque siempre serán recordados por el tema con el que debutaron —se ha incluido en numerosas bandas sonoras—, lo cierto es que consiguieron varios éxitos más en las listas de nothern soul («Do Wah Diddy Diddy», por ejemplo).

Por si aún queda alguien por aquí que quiera leer el final de la historia, Reid y Rooney se casaron. Se separaron en los ochenta; él montó una empresa de cosméticos, mientras que ella años después volvió a poner en marcha unos nuevos Exciters con miembros de su familia.

martes, 15 de noviembre de 2011

Género chico #17 // Las nuevas aventuras del llanero solitario #20: J'aime

Ha concluido la hermosa colección de singles del sello Jabalina. Hablando de ello el otro día Gog y un amigo, coincidían en que no parece haber sido suficientemente ponderada esta aventura comercial y que de haberse publicado el mismo producto en otros lares, tal vez habría obtenido un reconocimiento más amplio. El contenido de la colección gustará más o menos, pues aunque les une la temática, la puesta en escena, como no podía ser de otra forma, es muy variada; pero quedará para el futuro como un cancionero ibérico muy digno y curioso.

El caso es que para Gog coincide el final de la colección con el single que más le ha gustado de todos. Jaime Cristóbal, el responsable mayor del dúo pamplonica Souvenir, se presenta en solitario aprovechando la coyuntura, aunque la otra parte, Patricia, colabora en alguno de estos cuatro temas con coros y tocando el autoharpa. Llevado de su querencia por lo francés, se ha bautizado J'aime, que viene que ni pintado como broche final de la colección.

Sin embargo, como suele ser ella la que lleve la voz cantante y aquí es él el que lo hace, su probablemente menor destreza con la pronunciación francesa, o simplemente para diferenciarse más de la banda madre, le ha hecho decantarse por el inglés en tres temas y en español en el último.

Para hacerse una idea de por dónde ha decidido adentrarse Cristóbal en lo musical, diremos que todo está muy vestido con el pedal steel y el lap steel. O sea, predominan los ambientes fronterizos y desérticos.

«My Cigarrettes» se presenta con unos rasgueos iniciales bellos y seguros que atrapan a la primera. La otra canción de la cara A, «Combex Doll», contiene un monocorde pero hipnóptico y sugerente teclado (*).

El vinilo es de color gris.

Es este también un buen momento para volver a recomendar el instructivo blog «radiofónico» de Cristóbal: Popcasting.

(*) Nota: se trata de un teclado Microkorg XL replicando el sonido de un Wurlitzer. El propio Jaime Cristóbal se ha encargado de facilitarle a Gog los datos técnicos. Muchísimas gracias por la aclaración.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Las nuevas aventuras del llanero solitario #19 // El porqué de mis peinados #16: Eleanor Friedberger

En cuanto abre la boca Eleanor Friedberger, y eso ocurre desde el primer segundo del álbum, ya sabemos de quién se trata, por si había alguna duda: la vocalista de los extraños y sinuosos The Fiery Furnaces.

Esta vez ha querido volar sola. Y lo hace con canciones más cadenciosas, de estructuras menos enrevesadas, que las que construye en el grupo con su hermano. Sigue habiendo ese pianillo desenfadado y garboso que también les identifica, pero las ambientaciones son menos nerviosas y están más floreadas. Ese piano está, por ejemplo, en «Scenes from Bensonhurst», que es una de las canciones más bonitas que ha cantado (y en este caso, compuesto) Friedberger.

Eleanor Friedberger - Scenes from Bensonhurst by MergeRecords

Ponemos también el pulgar hacia arriba por los toques funky de «Roosevelt Island» y por los punteos tropicales de «One-Month Marathon» (otra preciosidad) que iluminan a la letanía monocorde del teclado. «I Won’t Fall Apart On You Tonight» es lo más parecido a un hit que tal vez pueda crear esta gente.

Los fanes del grupo lo disfrutarán. Quienes no los conozcan, si consiguen acoplarse al tono de voz de Friedberger, se llevarán una grata sorpresa con Last Summer (Merge, 2011).

Y ese pedazo de flequillo que le cubre la cara sigue intacto.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Las nuevas aventuras del llanero solitario #18 // Faropedia #11 // Sales en mi canción #38: Mark Nevin

Puede quedar un poco viejunillo ponerse a hablar de un antiguo semihéroe de los 80, pero es que el continente que rodea al álbum Stand Beside Me In the Sun (Raresongs, 2011), de Mark Nevin, está provisto de un puñado de ingredientes que se cocinan mucho en este blog.

El faro de la portada es la primera señal.

Además, se trata de un regreso en solitario, pues Nevin era el líder de The Fairground Atraction, un grupo de un solo éxito junto a Eddie Reader (con gafas de lectora), pero qué éxito:



Sus muy esporádicos discos desde entonces no significa que Nevin esté algo desvinculado del mundillo musical. Nada de eso: compone habitualmente canciones para otros artistas, desde Morrissey (entre 1991 y 1993) a Carole King.

Y finalmente, en Stand Beside Me In the Sun hay un tema dedicado al líder de The Kinks. Así que aunque todo el contenido del disco, un folk sencillo y amable, no emocione demasiado a Gog, por esa estupenda pieza costumbrista titulada «I Know Where Ray Davies Lives» merece la pena darle una escucha completa: He lives round the corner from me / Up in Highgate, dicho esto mientras el protagonista de la canción está viendo un partido de fútbol en un pub y Davies le pregunta si está libre el asiento de al lado o mientras se tomá un capuchino en un café del barrio. ¡Quién pudiera verse en una así!



Por cierto, Jeremy Messersmith también se acordó el año pasado de The Kinks:

She weaves a beat through Kinks and Deep Purple covers (en «Knots»)

Y aunque parezca mentira, los carpetovetónicos Coz hicieron otro tanto de lo mismo en la indescriptible «Ivonne»: Me hablaste de los Kinks y de la libertad.

lunes, 7 de noviembre de 2011

A mí no hace falta que me cambies el plato #20: Matthew Herbert

Del cerdo, hasta los andares. Parece que los ingleses tienen una opinión parecida al respecto. Algunos, incluso, creen que los cochinos pueden servir como materia musical. Quizá el caso más conocido sea el álbum de Pink Floyd Animals (1977), donde no sólo aparecía en la portada un cerdo volando entre las chimeneas de una fábrica (*) sino que al gorrino le dedicaban tres de los cinco temas.

Ahora ha sido el geniecillo de la electrónica Matthew Herbert el que ha hecho música partiendo de la temática porcina, en una gesta radical (experimental se queda corto) consistente en grabar el ciclo vital de un cerdo —desde que nació hasta que un año después 16 chefs lo cocinaron y un centenar de comensales se lo zamparon—, con sus gruñidos y oinks oinks capturados en la pocilga y entremezclados con pasajes musicales electrónicos compuestos para la ocasión por Herbert. Eso es One Pig (Accidental, 2011). Podríamos discutir si llamar música a esto no es una generosidad descabellada; lo que Gog puede asegurar después de escucharlo es que hay piezas emocionantes (el nacimiento, por ejemplo) y que hay algo fascinante en todo ello que te anima a prestar atención al menos una vez. Otro asunto es quién puede querer comprarse algo así.

Tranquilos los preocupados por los derechos de los animalillos: las estrictas leyes inglesas al respecto le prohibieron grabar la muerte. Eso sí, durante el banquete —cada uno de los chefs se encargó de guisar una parte; el experto porcino Fergus Henderson, por ejemplo, se encargó de la cola— quedó bien registrado cómo el personal le daba a las mandíbulas para triturar la carne del animal y deglutirla.

Parece que a partir de ahora habrá que distinguir entre música para carnívoros y para vegetarianos.

(*) Adenda: Una amable comentarista, mucho más sabia que Gog, ha precisado que la portada del álbum de Pink Floyd no es una fábrica, sino la central eléctrica de Battersea (Londres), que también sale en el Help! de los Beatles.