viernes, 21 de agosto de 2020

5 sobre... #43: baseball

Es el béisbol un deporte de lo más peculiar y mucho más complicado de lo que parece. ¿Dar a una pelota con un palo? Pues bien, es tal su dificultad que el jugador que consigue batear una media de un 33% de los lanzamientos que le hacen los pitchers está considerado un portento. Nadie en la historia ha conseguido acabar su carrera deportiva con un 40% de aciertos al bate (el récord en una temporada se ha alcanzado dos veces con un 39%). Estos guarismos, en cualquier otra modalidad deportiva, serían inadmisibles. Un alero que no encesta ni la mitad de sus tiros, un tenista que no mete ni la mitad de sus primeros saques, etc., son peor que mediocres. En béisbol la mediocridad la marca la "línea Mendoza", es decir, conseguir un 20% de bateos o menos. El nombre proviene del jugador mejicano Mario Mendoza, muy buen defensa pero un colador con el bate, que acabó su carrera con un 21% de promedio. Antes de la era de Internet, en las ediciones dominicales de casi todos los periódicos de Estados Unidos, las secciones de deportes incluían un listado de los bateadores y sus promedios de bateo; como no había espacio suficiente para ponerlos a todos, los periódicos no publicaban la lista completa de bateadores y se detenían cuando llegaban a los del .200, donde con frecuencia aparecía el nombre de Mario Mendoza. La expresión the Mendoza line la acuñó un compañero suyo en los Mariners. Hoy día, cruzarla determina, simplemente, que eres un pésimo bateador. 

En Athens, a mediados de los años 90, Andres Galdames, John Troutman, Lori Carrier, Margaret MauricePaul Deppler pensaron que era una buena acuñación para el nombre artístico de una banda. The Mendoza Line tuvieron vida discográfica de 1997 a 2007; casi una decena de discos, alguno de ellos muy por encima de la línea Mendoza del pop independiente (por ejemplo, We’re All In This Alone). 



Si darle a la pelota no es sencillo, defender también tiene sus aprietos. Para empezar, es necesaria una gran coordinación corporal y después saberse coordinar con los compañeros. Yo La Tengo también tomaron su nombre de una anécdota beisbolera, en este caso relacionada con los problemas que puede haber en defensa. Durante la temporada de 1962, Richie Ashburn, el centerfield de los New York Mets, estuvo a punto de colisionar con el short stop Elio Chacón, cuando ambos trataban de coger una bola en el aire. Ahsburn gritó “I got it”, pero Chacón solo hablaba español así que al final Ahsburn tuvo que aprender a decirlo en español: “yo la tengo”. Unos cuantos partidos después, en una situación similar, Ashburn dijo ese “Yo la tengo” recién aprendido, sin percatarse que el leftfielder, Frank Thomas, no sabía español y terminó chocándose con él. Al final, todo el equipo tuvo que aprender la frase en español para que sus jugadores no terminaran chocándose entre ellos a la hora de correr a coger una bola.

Cumpliendo con lo que promete su nombre, mucho más allá han ido The Baseball Projectla superbanda formada por Peter Buck, Steve Wynn, Linda Pitmon y Scott McCaughey. Aún en activo, llevan cuatro discos de estudio más uno en directo dedicados en exclusiva todos ellos a cantar las hazañas del mundo del béisbol americano: sus leyendas, sus míticos registros y en general todo un anecdotario propio del abuelo Cebolleta. Es un deporte que se presta mucho a ello.



Dejando constancia de los discos de The Baseball Project, en los que cualquiera de sus canciones serviría para ilustrar el tema, destacaremos a continuación otras cinco compuestas por otros tantos artistas a los que alguna vez les llamó la atención el asunto beisbolístico.

Pavement - Major Leagues (en Terror Twilight, 1997)
El título se refiere a la liga de baseball o MLB en sus muy conocidas siglas. Amores de primera división para el último álbum que grabaron. Un bonito medio tiempo.


> For Stars - Baseball (en el CD single How It Goes, 2001)
A estos californianos se les cita escasamente y se les revisita aún menos, así que es esta una ocasión pintiparada para reivindicarlos. Estuvieron poco tiempo funcionando, pero ahí dejaron cuatro placenteros discos.

> Belle And Sebastian - Piazza, NY Catcher (en Dear Catastrophe Waitress, 2003)
Los únicos de la lista que no son estadounidenses, y se convendrá en lo curioso que resulta ver a los de Glasgow acudir a un legendario catcher de los Mets como fuente de inspiración. Canción acústica, aparentemente menor, con referencias ambiguas y mención al "Walk Away Renee" de The Left Banke, que al poco vesionearan con mucho éxito los Four Tops.


> Kanye West - Barry Bonds (en Graduation, 2007)
"And here's another hit, Barry Bonds", canta West. Los días en que jugaba Barry Bonds, en la bahía de San Francisco había gente en barcas esperando a recoger alguna pelota que sacara del campo de un batazo el muy bestia; lástima que el final de su carrera se viera enturbiado por un quítame de allá esos esteroides.
Y West marcándose otro home run con este disco. 



> Chuck Prophet - Willie Mays Is Up At Bat (en Temple Beautiful, 2012)
Qué buen tipo parece Chuck. Se le ve noblote. Y en concierto es un entregado intérprete. De ese electrificado y vibrante álbum, entre los mejores que ha hecho, sobresale este recuerdo a un bateador mítico de los Giants de San Francisco, ciudad de acogida del propio Prophet.

 

domingo, 7 de junio de 2020

Parecidos razonables #32: Bob Dylan y Juan Pardo

Es tal el parecido que dan ganas de decir que uno es el Dylan español o el otro el Pardo americano. Y cuidado con reírse del nuestro, que fundó Los Pekenikes, Los Brincos, hizo pareja artística en Juan y Junior y después grabó una veintena de discos en solitario, además de componer canciones para otros artistas.



Bob Dylan - New Morning (Columbia, 1970)


Juan Pardo - Bravo por la música (Hispavox, 1982)

lunes, 13 de abril de 2020

El arte de la versión #108

«Holiday Hymn» de Orange Juice es una versión que hicieron del tema de Subway Sect. Los escoceses, que eran grandes seguidores de Vic Godard, se la oyeron al grupo en un concierto y al poco los de Collins la registraron en estudio. Lo curioso es que los Subway Sect jamás llegaron a grabarla. Lo hizo el propio Godard en solitario tiempo después, pero en realidad la de Godard es a su vez una adaptación de la originaria, que no llevaría, entre otros detalles, el saxo que incluyó Godard. 

La de Orange Juice contiene toda la esencia de la banda: ese ligero toque soulero de fondo marca de la casa, los maravillosos ribetes que dibujaba la guitarra de James Kirk y la batería y el bajo convirtiendo todo en una fiesta.


En definitiva, podría decirse que existió antes la versión que el original; y que la adaptación posterior de Godard es muy inferior.

viernes, 10 de abril de 2020

Intangibles #8: No Middle Name

Partiendo objetivamente de unos estándares de calidad muy similares, ¿de qué depende de que un álbum tenga repercusión y otro no? ¿O por qué mientras unos acaban publicándose en formato físico, otros se mantienen colgados en el limbo de la red de redes (formato digital lo llaman)? Entre el manojo de factores implicados en el asunto, no estar en el sitio adecuado en el momento preciso quizá sea el más determinante. 


Tal vez eso sea lo que le ocurra a David Bailey con su proyecto No Middle Name, que incomprensiblemente tuvo que sacar su segundo disco en unas tristes y limitadas copias en casete (50) y, aún peor, CDr (100) hace tres años sin que apenas se inmutara el personal. Quizá si nos remontásemos una década y a Londres, ahora Fondness luciría como merece, en un colorido y pletórico vinilo o al menos en una edición de mayor enjundia. Y más importante, habría tenido mayor audiencia. Pero Bailey vive y graba en St Leonards-On-Sea, pequeña villa ubicada en la costa al sur de la capital, en paralelo a localidades de la zona más conocidas como Portsmouth y Brighton. Y pese a ser un disco profundamente melódico, y por tanto, atemporal, en ciertos momentos su sonido nos retrotrae a la efervescencia indie de mediados de los años noventa en Inglaterra. 



Sin embargo, no hay razón para que este disco no sea más conocido. Fondness funciona de principio a fin como un estupendo álbum de pop, y tiene temas para quedarse enganchado en ellos durante días. Avanza incansable, sin desfallecer y sin que mengüe el interés, manteniendo al oyente siempre atento ya sea a base de canciones de pop excelsas o tirando del reverb y el fuzz y apelmazando los teclados en determinados momentos. 

Son once canciones compuestas, producidas e interpretadas por Bailey, a quien sólo secunda Claire Brock tocando la batería; más la voz de Samantha Whates en tres cortes. Y todo ello conforma una maravilla autoproducida de pop indie muy británica; que sean o no el momento adecuado y las circunstancias apropiadas, lo cierto es que está en el mundo para engalanarlo con gusto, clase y distinción. 

Escucharlo mientras –ojalá– algún sello discográfico por pequeño que sea piensa en reeditarlo en mejores condiciones, es hacerle justicia. 

sábado, 4 de abril de 2020

Sales en mi canción #100


Entendemos el amor, principalmente, como una manifestación sentimental que se siente por otra persona. Pero hay amores a todo y de todo. Existe un amor como pasión por algo que llena, colma, rebosa tu vida de tal manera que esta no sería la misma si no existiera ese objeto adorado, tal vez obsesivo. El que profesa Jaime Cristóbal por la música deja corto el de Romeo y Julieta, el de Dante y Beatriz, el de Narciso por Narciso, el de Ramón y Cajal (por la ciencia)... Cristóbal escucha música sin cesar, la colecciona, la compone, la interpreta, escribe sobre ella, habla sobre ella (su antológico Popcasting), la respira, la consume y le consume. 

Parece lógico, pues, que haya terminado componiendo una oda al amor por los discos, a su relación con ellos, a la música que tan feliz le hace. Seguirá amando a la persona con la que comparte su vida, pero es incapaz de desprenderse de ese otro amor. Así se lo declara a ella, y le ruega que lo entienda. Una preciosa y emocionante confesión: 

700,000 records couldn’t keep me away from you 
But 300 of those records are the songs that speak about you 
700,000 records could have sucked the life out of me 
But the fact is all those records are the things that set me free 
So that’s the matter with me; you can have me either way, oh baby 
But please consider the love I have for all these precious 



“700,000 records” es el tema que, además, ha servido como ariete de su primer álbum como J’aime, Love and Squalor (Jabalina, 2020). La canción, que lleva implícita su intención desde el título, rezuma, como el resto del álbum, esa clase y elegancia que Cristóbal siempre lleva pegada como una segunda piel. 

El telón de “700000 Records” lo levanta una caja de ritmos, a la que enseguida se le une un teclado. En ese momento aún no sabemos qué intenciones tiene: ¿es un teclado que está sonando alegre o triste? La voz de Cristóbal (más consistente y segura de sí misma que nunca) deshace la duda. En el estribillo nos aguarda una sorpresa: se le une la voz de Françoiz Breut y ya nada puede ir mal. Qué bien se imbrican las dos voces, cómo se acompasan y se acompañan. Cuando el tema se encamina hacia el final, Breut desgrana una retahíla de esos artistas que tanto significan para Cristóbal y que están presentes en su vida a través de sus discos, “all these precious":

The Pet Shop Boys, Ellie Greenwich, James Wilsey, Helen Merrill, Radio Futura, Iris DeMent, Sandy Denny, Gainsbourg, Johnny Thunders, Jacno, Tracey Keenan, Madonna, Eddie & The Hot Rods, Dolly Mixture, Tyrone Davis, The Shortcuts

Los nombres, explica el propio autor, son elección suya aunque los recite Breut, si bien metió a Helen Merrill como un guiño a la cantante francesa, ya que fue Breut quien se la descubrió a Cristóbal una mixtape que le grabó hace años. 

La canción ha terminado. Volvemos a darle al play, porque esas líneas nos parten el corazón pero hacen que amemos aún más de lo que ya amábamos la música.

domingo, 19 de enero de 2020

Faropedia #27

> Sandi Patti - Another Time... Another Place... (Word, 1990)
La foto se tomó en Pigeon Point, Pescadero, California.




> The Lighthouse Keepers - Lipsnipegroin (Phantom Records, 1992) 




> Jim Noir - Tower Of Love (My Dad Recordings, 2005)

sábado, 11 de enero de 2020

5 sobre... #42: el paracetamol

Tiempo de rebajas y gripes. Bajan los precios, suben las fiebres. Y aunque no hay mayor ahorro que no comprar, ni mejor remedio que meterse en la cama a sudar y beber agua, nos echamos a la calle en busca de supuestas gangas y nos atiborramos de analgésicos. ¿Dolor de cabeza, unas décimas, mal cuerpo, más mocos que un cesto de caracoles? Chutazo de paracetamol. 

> Fischer Z - Pretty Paracetamol (1979) 
El tema del que siempre, siempre, indefectiblemente, me acuerdo cada vez que tengo que tomarme un pastillazo de paracetamol, sobre todo si es de 1 gr. Fischer Z fueron un grupo más interesante de lo que la historia les ha otorgado finalmente. Sus tres primeros discos tuvieron cierta repercusión en su época, pero el tiempo se ha empeñado en enterrarlos bajo capas y capas de olvido. 

Pretty paracetamol you soothe my aching brow, 
I need you when my heard is spinning round 


> Distractions - Paracetamol Paralysis (1980) 
Temazo de estos punks mancunianos, aquí ya más cerca de la new wave. El tema fue cara B del single de presentación del álbum, aunque el corte se incluyó también en el LP. Una joya muy poco conocida. 



> The Moles - Tendrils and Paracetamol (1991) 
Apabullante. Para acompañar una marcha militar que termina en una explosión nuclear. 



> Catatonia - Goldfish and Paracetamol (1998) 
La voz tan peculiar de Cerys Matthews y una percusión metálica de fondo. Corte de su álbum más acertado. 


> Muph & Plutonic - Paracetamol 
Hip-hop y Australia no suelen ser palabras que coexistan en una misma frase. El dúo Muph & Plutonic lo consiguieron, y además con bastante naturalidad. Flow cadencioso, suaves cuerdas; rap de seda. 

It's like Panadol, Paracetamol 
These things, they clear in my brain



lunes, 6 de enero de 2020

Letras sin acordes #17 // ¿Y tú de quién eres?#32: Steve y Justin Townes Earle


No somos por En Esta Quiero Humo unos degustadores del country y del género de la Americana, dicho así en general. Por lo tanto, poco tenemos que añadir a lo que musicalmente de dedica Steve Earle, sobre todo por desconocimiento casi absoluto de quien esto escribe. Más interesantes nos resultan sus facetas de activista político (ya desde lo de Vietnam, y presente en bastantes composiciones suyas), actor (The Wire; también es suya la versión de "Way Down The Hole" de Tom Waits para la cabecera de varias temporadas) y de escritor. Pese a este interés, y con el libro comprado hace años, no ha sido hasta recientemente cuando hemos abierto No saldré vivo de este mundo (El Aleph, 2011). El título, realmente llamativo y brillante, sale de una canción de Hank Williams, personaje presente en la novela en forma de fantasma, que se le aparece al empedernido yonqui Doc cada vez que está de subida. 

Doc es un heroinómano que vive en el peor barrio de San Antonio ejerciendo como médico clandestino de la zona, aunque le retiraron la licencia. Todo cambia cuando llega una joven mexicana, Graciela, para que le practique un aborto. La chica acabará quedándose y ayundándolo; a Doc y a cuantos la rodean, porque empieza a manifestar curaciones y redenciones milagrosas con solo tocar a una persona. A Doc, por ejemplo, lo desengancha. Un cura irlandés se meterá por medio prevenido por los milagros de la chica, que además tiene un estigma en una muñeca. Y, mientras, Doc habla con el fantasma de Hank Williams. Esta historia se ambienta en la América profunda en 1963, año de la muerte de Kennedy. El retrato de la vida de un yonqui es implacable; y en general todos los personajes están muy bien perfilados. Hay cierta influencia literaria del realismo mágico hacia el final. 

Si existen o no las casualidades, o si son otra cosa, poco importa. El caso es que justo cuando acabábamos el libro, nos enteramos de la existencia de Justin Townes Earle, primer hijo de Steve Earle, fruto de uno de sus numerosos matrimonios. Lo llamó así en honor de su admirado Townes Van Zandt. Justin Townes también se dedica a la música desde hace años y a un palo similar al del padre. Su último álbum es The Saint of Lost Causes (New West Records, 2019), impecable y muy ortodoxo, pero sin la intensa herrumbe ni rugosidad de las canciones paternas.

sábado, 4 de enero de 2020

Cameos musicales #64: Megatón ye-yé

En 1965, el éxito de Micky y Los Tonys era tan grande que empezaron a llegar las ofertas de conciertos más allá de las sesiones del Price y hasta su incursión en el mundo del cine. La arrebatadora personalidad de Miguel Ángel Carreño, 'Micky' le llevó incluso a protagonizar Megatón ye-yé (1965), dirigida por Jesús Yagüe y coprotagonizada por María José Goyanes. La banda sonora de la película —compuesta íntegramente por Micky y Los Tonys— es todo un compendio entre rock clásico, el rock instrumental de The Shadows, la música surf y el ye-yé. Sobresalen muy especialmente los temas "I'm Over", "Sulpher Soap" (tocada en la película por Los Shakers), "Ya No Estás" o "Pretty Baby". Por cierto, Los Shakers (los españoles, que hay por todo el mundo conjuntos llamados Shakers) estaban comandados por los hermanos Ricardo y José Luis Sáenz de Heredia, sí, hijos del muy conocido director cinematográfico. 

Volviendo a Megatón Yeyé, a continuación se lista el elenco al completo de artistas/bandas que salen tocando, el minuto en que aparecen (minutaje aproximado, es un cálculo propio hecho a ojímetro) y las correspondientes canciones: 

> Juan Erasmo Mochi - Yvonne (primera escena) 
> The Shakers - Sulpher Soap (18’15’’) 
> Micky y Los Tonys - I´m Over (21’) 



> Juan Erasmo Mochi - No comprendo (25’15’’) 
> Micky y Los Tonys - Pretty Baby (40’) 



> Micky y Los Tonys - Tú serás muy feliz (45’55’’) 



> Juan Erasmo Mochi - Pediré (51’30’’) 
> Micky y Los Tonys - Tú ya no estás (53’19’’) 



> Micky y Los Tonys - Un bel amour (70’) 
> Micky y Los Tonys - Sha-la-la (74’) 


Ese mismo año, Fernando Argenta tiene que dejar a Los Tonys para cumplir el servicio militar y entra en su lugar Francisco Ruiz, que acababa de abandonar Los Shakers. Por su parte, Micky siguió compaginando música y cine. En 1968, llegó a participar como actor en la película La vida sigue igual, protagonizada por un entonces emergente Julio Iglesias, pero ese es el capítulo de otra historia.

viernes, 3 de enero de 2020

Y ellos se juntan #105 // Cosas de hermanos #84

Una teoría puede ser una simple especulación, independientemente de que tenga o no aplicación práctica o demostración palpable. Hay campos abonados para que broten teorías como patatas. El álbum que salió de la colaboración entre Daniele Luppi, Parquet Courts y Karen O (Milano, 30th Century Records, 2017) da para exponer varias de ellas, aunque sólo sea por el placer de exponerlas. 


> Teoría 1 - No hay canción mala si en ella interviene Karen O 
Su voz tiene una personalidad única. Por su timbre y su forma de interpretar. En Milano pone la voz en tres temas, y además es la compositora de ellos. No se entiende, por tanto, que su nombre no figure también al frente del proyecto. “Talisa” no es sólo uno de los mejores cortes del disco, sino que lo es de toda la carrera de la líder de Yeah Yeah Yeahs (qué es del grupo, por cierto). 

> Teoría 2 - Los proyectos en común no suelen pegar tanto como una simple banda 
Los hay, que conste, hay supergrupos que han llegado a cuajar sólidamente, aunque la impresión es que la mayoría de las veces se derriten con los primeros calores de la primavera. Tienen un problema adicional que los hacen antipáticos: obviando el orden alfabético, ¿dónde los colocas en la discoteca? 
Añadido/Hipótesis: La importancia de un nombre bien puesto es fundamental. En el caso que nos ocupa, el álbum probablemente quedó diluido a falta de un nombre artístico común y no todo ese Daniele Luppi & Parquet Courts. Podría haber sido tan fácil como Luppi Courts o algo así.  

> Teoría 3 - Lo más interesante de las listas con “lo mejor del año/década” muchas veces está en lo que no traen 
Las listas son volubles, inconsistentes, inanes y caprichosas. Y engreídas, porque se basan en el secreto principio de que nada como mi gusto personal. Claro que son peor aún cuando van de listas o cuando se muestran como un listado de tendencias. Prácticamente ninguna recogió este disco, que pasó demasiado inadvertido para lo buenísimos que es. 


Es un disco fraternal. En todos los sentidos. En el literal porque también intervienen un par de hermanos: Lorenzo Luppi a la trompeta; y los Savage, Andrew y Max, por parte de los neoyoquinos. En el figurado, porque es un disco entrañable, afectuoso, con el que te sientes bien. Y qué maravillosamente encajan la mencionada genialidad de Karen O, con la supuestamente anárquica marcialidad de los Parquet Courts y el lado más pop y cinematográfico de Luppi. Un disco surgido del talento de tres artistas en su apogeo.

domingo, 29 de diciembre de 2019

Últimamente se está muriendo gente que no se había muerto nunca #40: Sue Lyon


Una mirada rebosante de tristeza, acumulación de sinsabores y bipolaridades. La foto del personaje probablemente sea irreconocible para casi todos. Era Sue Lyon, muy lejos de las iconográficas estampas de la película que tanto la hizo famosa como la enterró. Ha muerto a los 73 años. 

Deja un single grabado, con el que se acompañó a la legendaria cinta: Lolita Ya-ya w/b Turn Off The Moon (MGM, 1962). Dos canciones puro sixties, orquestadas con profusión y clasicismo, y con entrañables arreglos de vieja escuela. En la cara A Lyon se limita a un acompañamiento vocal repetitivo, ya-ya, ya-ya




La gema está en la cara B, en la que la voz surca entre la orquesta a base de modulaciones y con una calidez que reconforta



La versionearon mucho después The Primitives. Sigue teniendo sabor añejo, aunque lógicamente está pasada por un filtro más electrificado.


domingo, 22 de diciembre de 2019

Discos con portada con discos #84

 The Bunch - Rock On (Island, 1972)

 Varios ‎– It's All Platinum (Phillips, 1975)

 Bebu Silvetti ‎– Super Disco Sound (Hispavox, 1976)

The Small Faces - S/t (Bellaphon, 1978)

Neil Diamond - 20 Diamonds Hits (MCA, 1979)

Varios ‎- Slash The Early Sessions (1983)

Varios ‎– Hellomoto (2004)

Varios ‎– The Ultimate Jazz Archive (2005)

The O Voids - S7T (Lost Space, 2007)

Varios Absolute Soul Weeender_Crimson 2007

 11 Cool Million ‎– The Tom Moulton Session 2010

Varios ‎– Jump Start Music (2010)

Varios ‎– When Shapes Mix Together (2011)

The Sums - Start At The finish (Nowhere Music, 2015)

sábado, 21 de diciembre de 2019

A mí no hace falta que me cambies el plato #51: Mattiel

Foto tomada en 5180 S Atlanta Road, Smyrna, Georgia.

Las licuadoras lo aceptan todo. No tienen ningún problema en pasar por sus hélices apios con arándanos, o brécol con plátanos, o apios con arándanos, brécol y plátanos. No les importa porque saben que el producto resultante no depende de ellas, sino del arte de equilibrar sabores de quien se pone a echar ingredientes al vaso de la batidora. 

Mattiel Brown es una de esas personas capacitadas para mezclar lo que le salga de la gana y encima obtener un resultado muy original y genuino. Ella es el núcleo principal sobre el que se asienta la banda de Atlanta que lleva su nombre a secas, Mattiel, y que van ahora por su segundo álbum, el maravillosamente ecléctico y enriquecido Satis Factory (Heavenly, 2019). 

¿Qué es lo que combina para su batido musical? Pues en la receta hay que poner, entre otras cosas, spaghetti western, blues narcótico, aromas de pop sixtie francés, psychobilly, rock alternativo, espíritu garagero, imitaciones velvetundergroundianas, power pop melódico y energético, country, rockabilly… No lo revuelve todo a la vez, claro, sino que posee la sabiduría del druida que sabe la cantidad exacta de muérdago y de baba de sapo que hay que poner en una poción o de la chef que sabe hasta dónde puede llegar el sabor del cardamomo o el jengibre en un plato. Como ellos, Mattiel conoce el secreto. 

Además, desborda actitud y personalidad, y contiene cierta excentricidad lírica cargada de un humor muy peculiar. “Gonna marry myself and get a divorce” es una de las líneas más afortunadas del disco (en “Je Ne Me Connais Pas”, con estribillo también en francés). O cuando se pregunta para qué pensar en comida cuando todo lo que tienes es algo para regurgitar, como canta en “Food For Thought”. 


Acompañan a tan singular personaje, Jonah Swilley (batería) y el extraordinario músico Randy Michael. Los palpitantes dibujos de guitarra que traza en el tema inicial (“Til the Moment of Death”) entusiasman; como lo que hace con el órgano en otro de los cortes más vitalistas y memorables (“Berlin Weekend”). 

Para rematar, voz especial, toneladas de temperamento, un estilo propio, todo es afortunadamente entretenido y original aunque a veces las referencias sean muy evidentes.

domingo, 15 de diciembre de 2019

Ellas llevan el ritmo #80 // ¿Y tú de quién eres? #30: Automatic


Un bajo, una batería y un sintetizador. Nada más. No, no hay guitarra. Además, bajo palpitante, espeso; batería seca, metronómica; sinte oscuro, crujiente. Es decir, lo que en otra época era el post-punk. 

Las baquetas son cosa de Lola Dompé. Las cuatro cuerdas las pulsa Halle Gaines (a.k.a. Halle Saxon). Las teclas y los botones los estruja Izzy Glaudini, que también es la voz cantante. Un trío en formación diríase casi militar: los teclados en primera línea, en avanzadilla al ritmo de los tambores, mientras el bajo cubre la retaguardia. 

El entretenidísimo Signal (Stones Throw, 2019), su estreno discográfico, está grabado en un estudio de su ciudad, Los Angeles. El asunto adquiere relevancia cuando sabes que el nombre del trío sale de una canción homónima de otra banda femenina angelina, The Go-Go’s. Y aún queda por señalar otro dato determinante para dejar asentada la época en la que se miran y el género que practican: el motor percusivo, la mencionada Lola Dompé, es hija de Kevin Haskins, o sea, el batera de Bauhaus

En Signal desarrollan once temas que se le pasan al oyente en un instante. Cabe preguntarse si toda esa oscuridad es más pretendida que natural, pero son once cortes sólidos y sugestivos, con la suficiente cantidad de momentos brillantes, todo ello a cargo de una banda consistente perfectamente acompasada.