La casa Tassel, construida por Victor Horta en 1893, fue la obra, puro Art Nouveau, que rompió la disposición clásica de las habitaciones en las oscuras residencias de Bruselas y la primera síntesis mundial del Modernismo.
Se encuentra en la calle Paul Emile Janson, 6. Aunque hay un cartel que la señala y explica, y una placa en el suelo que anuncia que es patrimonio de la UNESCO, no puede visitarse ni parece que tenga gran actividad.
Una foto del famoso hall con la escalera que asciende, sinuosa y moderna, sirvió para la portada del primer álbum de Mazzy Star, She Hangs Brightly (Capitol, 1990).
David Roback, su cabeza pensante, había empezado mucho antes en Rain Parade. Tras el primer álbum y la gira de rigor, dejó la banda para unirse a la bajista de Dream Syndicate, Kendra Smith. Formaron la banda llamada Clay Allison en 1983, pero un año después le cambiaron el nombre por el de Opal. En 1987 fue Smith quien abandonó. Es entonces sustituida por Hope Sandoval y se inicia Mazzy Star.
De ese álbum inicial, "Ghost Highway" es el tema más potente, o al menos el más enérgico, lo cual no podría ser de otra forma estando construido sobre el riff del "Really Got Me" de The Kinks:
Luché contra la ley, y la ley ganó. El espíritu rebelde que desde siempre ha palpitado en "I Fought The Law" ha hecho que sea fácil identificarse con esta mítica canción, sobre todo por parte de gentes proclives a andar fuera de la manada y outsiders con querencias reivindicativas. No es extraño, por tanto, que haya sido un tema muy versioneado por grupos punks (The Clash, Dead Kennedys, Ramones, Green Day). Un himno para ellos y para tantos otros.
Lo curioso es que es una composición de 1960, cuando las letras de las canciones no solían tratar temas así. Quizá los historiadores musicales podrían establecer en ella algún indicio de los posibles orígenes del punk, porque además de lo bien que se ajustaba el mensaje a la idiosincrasia del movimiento del imperdible, era puro rock & roll, y estaba cantando con la entraña. Tenía crudeza y actitud. Por supuesto, salió escondida originalmente en una cara B, la de la dulce y romanticona "A Sweet Love", de The Crickets, la primera banda de Buddy Holly antes de volar en solitario (y morir volando al poco tiempo, en 1959). The Crickets continuaron grabando discos. El tejano Sonny Curtis, uno de los miembros fundadores del grupo y que junto a Holly había teloneado a Elvis Presley en 1955, fue el compositor principal de los Crickets. Del mismo año que el 7'' es el álbum In Style With The Crickets (Coral, 1960), en el cual estaban ambas canciones de Curtis y otro de sus éxitos, "More Than I Can Say", sí, el que décadas después popularizase de nuevo Leo Sayer.
Una de las últimas versiones que se han hecho de "I Fought The Law" aparece en los créditos de cierre de la película Intermission, del muy recomendable director John Crowley. Esta adaptación está cantada por el actor Collin Farrell, uno de los protagonistas de la cinta: interpreta a un delincuente impenitente, un forajido sin solución. (Dadle una raqueta a Farrell y creeréis estar viendo a Andre Agassi.)
Para que se perciba aún más la importancia histórica de The Crickets, Los grillos traducido a la lengua cervantina, The Beatles se inspiraron en ellos para bautizarse artísticamente.
Larga vida a Sonny Curtis. El Salón de la Fama del Rock n' Roll preserva su nombre y el de su banda.
Nada tienen que ver musicalmente Field Music y The Haden Triplets. Sus puntos en común son que ambas bandas están formadas exclusivamente por hermanos (la primera) y hermanas (la segunda) y que este año han publicado sendos discos.
> Field Music, o sea, los ingleses David y Peter Brewis, lleva funcionando desde 2004. Curiosamente, ambos han tocado la batería alguna vez en el grupo de sus colegas The Futureheads. En Making a New World (Memphis Industries, 2020) ponen su art-rock —¿podríamos llamarlo rockocó?—, progresivo, de estructuras intrincadas y sofisticadas, al servicio de un álbum conceptual sobre los años posteriores a la Primera Guerra Mundial.
> That Dog fue una banda de Los Angeles que estuvo activa de 1991 a 1997 y que volvió a reunirse en 2011. Estaba compuesta por Tony Maxwell, Anna Waronker (también en Ze Malibu Kids, e hija de Lenny Waronker, productor y presidente de la Warner), y Petra y Rachel Haden. Estas dos son hijas del contrabajista de jazz Charlie Haden. Y hay una tercera hermana, Tanya. Las tres, como The Haden Triplets, han publicado su segundo álbum, The Family Songbook (Thirty Tigers, 2020). En él desarrollan un cancionero en clave folk y country con sus voces prístinas y armonías angelicales. Hay mucha clase en la docena de temas. Y en todos ellos flota una tristeza que sobrecoge, incluso en la versión que hacen "Say You Will" de Kanye West.
«Holiday Hymn» de Orange Juice es una versión que hicieron del tema de Subway Sect. Los escoceses, que eran grandes seguidores de Vic Godard, se la oyeron al grupo en un concierto y al poco los de Collins la registraron en estudio. Lo curioso es que los Subway Sect jamás llegaron a grabarla. Lo hizo el propio Godard en solitario tiempo después, pero en realidad la de Godard es a su vez una adaptación de la originaria, que no llevaría, entre otros detalles, el saxo que incluyó Godard.
La de Orange Juice contiene toda la esencia de la banda: ese ligero toque soulero de fondo marca de la casa, los maravillosos ribetes que dibujaba la guitarra de James Kirk y la batería y el bajo convirtiendo todo en una fiesta.
En definitiva, podría decirse que existió antes la versión que el original; y que la adaptación posterior de Godard es muy inferior.
No somos por En Esta Quiero Humo unos degustadores del country y del género de la Americana, dicho así en general. Por lo tanto, poco tenemos que añadir a lo que musicalmente de dedica Steve Earle, sobre todo por desconocimiento casi absoluto de quien esto escribe. Más interesantes nos resultan sus facetas de activista político (ya desde lo de Vietnam, y presente en bastantes composiciones suyas), actor (The Wire; también es suya la versión de "Way Down The Hole" de Tom Waits para la cabecera de varias temporadas) y de escritor. Pese a este interés, y con el libro comprado hace años, no ha sido hasta recientemente cuando hemos abierto No saldré vivo de este mundo (El Aleph, 2011). El título, realmente llamativo y brillante, sale de una canción de Hank Williams, personaje presente en la novela en forma de fantasma, que se le aparece al empedernido yonqui Doc cada vez que está de subida.
Doc es un heroinómano que vive en el peor barrio de San Antonio ejerciendo como médico clandestino de la zona, aunque le retiraron la licencia. Todo cambia cuando llega una joven mexicana, Graciela, para que le practique un aborto. La chica acabará quedándose y ayundándolo; a Doc y a cuantos la rodean, porque empieza a manifestar curaciones y redenciones milagrosas con solo tocar a una persona. A Doc, por ejemplo, lo desengancha. Un cura irlandés se meterá por medio prevenido por los milagros de la chica, que además tiene un estigma en una muñeca. Y, mientras, Doc habla con el fantasma de Hank Williams. Esta historia se ambienta en la América profunda en 1963, año de la muerte de Kennedy. El retrato de la vida de un yonqui es implacable; y en general todos los personajes están muy bien perfilados. Hay cierta influencia literaria del realismo mágico hacia el final.
Si existen o no las casualidades, o si son otra cosa, poco importa. El caso es que justo cuando acabábamos el libro, nos enteramos de la existencia de Justin Townes Earle, primer hijo de Steve Earle, fruto de uno de sus numerosos matrimonios. Lo llamó así en honor de su admirado Townes Van Zandt. Justin Townes también se dedica a la música desde hace años y a un palo similar al del padre. Su último álbum es The Saint of Lost Causes (New West Records, 2019), impecable y muy ortodoxo, pero sin la intensa herrumbe ni rugosidad de las canciones paternas.
En 1965, el éxito de Micky y Los Tonys era tan grande que empezaron a llegar las ofertas de conciertos más allá de las sesiones del Price y hasta su incursión en el mundo del cine. La arrebatadora personalidad de Miguel Ángel Carreño, 'Micky' le llevó incluso a protagonizar Megatón ye-yé (1965), dirigida por Jesús Yagüe y coprotagonizada por María José Goyanes. La banda sonora de la película —compuesta íntegramente por Micky y Los Tonys— es todo un compendio entre rock clásico, el rock instrumental de The Shadows, la música surf y el ye-yé. Sobresalen muy especialmente los temas "I'm Over", "Sulpher Soap" (tocada en la película por Los Shakers), "Ya No Estás" o "Pretty Baby". Por cierto, Los Shakers (los españoles, que hay por todo el mundo conjuntos llamados Shakers) estaban comandados por los hermanos Ricardo y José Luis Sáenz de Heredia, sí, hijos del muy conocido director cinematográfico.
Volviendo a Megatón Yeyé, a continuación se lista el elenco al completo de artistas/bandas que salen tocando, el minuto en que aparecen (minutaje aproximado, es un cálculo propio hecho a ojímetro) y las correspondientes canciones:
> Juan Erasmo Mochi - Yvonne (primera escena)
> The Shakers - Sulpher Soap (18’15’’)
> Micky y Los Tonys - I´m Over (21’)
> Juan Erasmo Mochi - No comprendo (25’15’’)
> Micky y Los Tonys - Pretty Baby (40’)
> Micky y Los Tonys - Tú serás muy feliz (45’55’’)
> Juan Erasmo Mochi - Pediré (51’30’’)
> Micky y Los Tonys - Tú ya no estás (53’19’’)
> Micky y Los Tonys - Un bel amour (70’)
> Micky y Los Tonys - Sha-la-la (74’)
Ese mismo año, Fernando Argenta tiene que dejar a Los Tonys para cumplir el servicio militar y entra en su lugar Francisco Ruiz, que acababa de abandonar Los Shakers. Por su parte, Micky siguió compaginando música y cine. En 1968, llegó a participar como actor en la película La vida sigue igual, protagonizada por un entonces emergente Julio Iglesias, pero ese es el capítulo de otra historia.
Por ese arte que tiene la casualidad para las casualidades, lo descubro justo un día antes de que me llegue el disco de Dragon Inn 3, con fotografía de Trevor Alexander, tomada probablemente en Japón.
El adverbio de duda utilizado en la frase anterior es fruto de una lógica aplastante, sin que se necesite de dotes sherlockholmescas: el disco se fue grabando entre 2011 y 2018 en diversas localidades estadounidenses y también, en algún momento, en el país nipón. Además, el autor de la fotografía tiene una serie colgada en su web que ha titulado “Japan by night”. No está exactamente la misma captura que la de la portada, pero…
Dentro, tecnopop a todo color, bailable y disfrutable. Incluye versión de "Juliet" de los Bee Gees.
El legendario grupo de pub rock, que retomó su actividad musical en 2007, ahora aparecen versioneando temas ajenos. Arriba a la derecha en la portada figuran los nombres de algunas de las bandas que adaptan. Súmense otros artistas consagrados del tipo Bowie o Velvet Underground.
La maestría no siempre es compañera del reconocimiento masivo. A Cherry Wainer tampoco pareció importarle demasiado a tenor de lo feliz que se la veía siempre que actuaba. Había aprendido piano de niña en su Sudáfrica natal, una vena más jazzistíca que clásica. En Inglaterra entró a formar parte de la banda Lord Rockingham's XI, con la que logró su único #1 en las listas británicas con este tema:
Wainer pronto empezó a trabajar por su cuenta, actuando en algunos programas de televisión. Se conoce la mayor parte de su carrera por álbumes instrumentales con su órgano Hammond, en los que la acompañaba su marido, Don Storer, a la batería.
«Peter Gunn», uno de los mejores temas instrumentales de todos los tiempos, estaba en su repertorio:
Esta es quizá una de sus actuaciones más estelares, acompañando a la cantante de jazz Ernestine Anderson en 1967. El tema estaba compuesto por el pianista Bobby Timmons, miembro del combo del baterista Art Blakey, The Jazz Messengers.
El último premio Nobel español en Ciencias fue Severo Ochoa, alumno de aventajado de Ramón y Cajal, allápor 1959. Desde entonces no se ha vuelto a lograr la gesta. Según el último informe PISA, España ocupa más allá de la trigésima plaza en matemáticas y en ciencias de entre 44 países. Afortunadamente, de vez en cuando aparecen noticias de los avances que consiguen algunos científicos españoles, muchos afincados en el extranjero. Vayan aquí un puñado de canciones en honor de todos ellos.
> Parade - Nickel chromo El níquel es un elemento químico de número atómico 28; el cromo, 24. Ambos metales juntos se usan para conseguir una aleación llamada nicromo, resistente a la corrosión y de gran resistividad, lo cual la convierte en un material idóneo para compuestos electrónicos. El tema retrata un escenario postapocalíptico en el que las bandas han escrito en las paredes: "Nikel Chromo manda". Según explica el propio Antonio Galvañ, la sinapsis electrónica entre esos dos componentes alude a un cerebro artificial cobrando conciencia de sí mismo. Algo así como un poco Terminator todo.
> Hidrogenesse - Dígito binario duduso
Ballesteros y Segarra, con esa capacidad suya para percibir el futuro y anticiparse, rescataron la figura del Alan Turing antes de que lo hiciera a lo grande el cine hollywoodiense con The Imitation Game (2014). Dos minutos y medio de bits que recrean la neurosis y la obsesión digital que consumieron al matemático, entre otras cosas.
> Antonio y Carmen - La tristeza de ser electrón
Los hijos de Rocío Dúrcal y Junior. A los niños les pusieron toda la maquinaria de una multi a su servicio, pero las composiones que hicieron para ellos están muy lejos de un pop infantil. La idea, se supone, iba dirigida a un público menor de edad, pero el resultado fue un pop atemporal que cualquiera puede disfrutar. Parade, por cierto, la versioneó.
Qué triste vivir en una nube El electrón se aburre por definición
> Nacha Pop - Una décima de segundo
Uno de los grandes temas de los Vega. Aquí equiparan una relación sentimental con la geometría. Aparentemente triste, sin embargo desprende una euforia reconfortante cuando sube de tono. Canción sin estribillo propiamente dicho pero de estrofas memorables.
Y es que no hya nada mejor que imaginar, la física es un placer. Es que no hay nada mejor que formular, escuchar y oír a la vez. Mide el ángulo formado por ti y por mí. (...) Somos coordenadas de un par. Incógnita que aún falta por despejar.
> AliciaGranados - No soy un guarismo Por imposible que parezca, la voz hecha y desgarrada que canta esta autoafirmación personal en modo yeyé era la de una niña de trece años, que un año antes había ganado el festival de Benidorm, por delante del Dúo Dinámico.
Lee Robinson fue un inglés de Birmingham que vivió como pez en el agua en el underground madrileño, más concretamente en los aledaños de la calle Pez, donde tenía su cuartel el sello de Ajo y Javier Colis, Por Caridad Producciones. Y en Madrid murió en 2001 a los 44 años.
Si bien pasó por muchas bandas, más y menos
(o nada) conocidas —como Fortunate Sons, The Great Outdoors, The A-10, Yage, C’mon
Babies o Sin City Six—, Munster Records, en colaboración con Light In The Attic, ha reeditado su único disco en solitario, que firmó como Lee Robinson Machine. Family Album lo publicó Por Caridad Producciones originalmente en 1997 en cedé (fue la era dorada de los cedés), así que ahora sale en vinilo, con portada nueva, acompañado de numerosas fotografías de la época, letras de las canciones y textos del que fuera co-productor, Javier Piñango, y de los responsables de esta nueva puesta en escena, Eva e Íñigo Munster.
Portada de la reedición en vinilo (2015)
La estampa de Lee Robinson recuerda a la de otros ilustres perdedores, del tipo Johnny Thunders o Nikki Sudden, almas geniales varadas en las alcantarillas de la vida. Por la retahíla de variados adjetivos con que Piñango le dibuja en los insertos, Lee debió de ser todo un personaje, excesivamente excesivo y pendular: histérico, alunado, emocional, tan encantador como odioso, imposible, generoso, brillante, torpe, nervioso y borracho. Y un genio si se escucha este álbum.
Grabado en un ocho pistas (Fostex Model 80), el mismo en el que grabaron por aquel entonces Mil Dolores Pequeños, el disco es un compendio apabullante de blues psicótico (hace versiones de Willie Dixon y Elmore James), country alternativo, discopunk, ambiente a lo Suicide, new wave, rocksteady alucinado, experimentos sonoros, todo ello sacado de un Casiotone, una guitarra y un tambor. Hombre orquesta, tocó y cantó todo cuanto se oye en el disco, con la pequeña aportación de Colis y del propio Piñango de algún teclado extra; además, él mismo diseñó el disco de cabo a rabo.
Al igual que los mentados Thunders y Sudden, su apariencia dura y la aspereza del sonido contrastan con la ternura que derrochó Robinson en sus canciones, tanto en la composición como en la interpretación (I’ll Be Your Lover”
te llega hasta las lágrimas). Emocionante tesoro el que acaban de poner en nuestras manos.
Portada original en la edición en cedé (Por Caridad Producciones, 1997)
El casco es ese complemento que, más allá de a motoristas y pilotos varios, tan útil resulta a encausados que no quieren ser fotografiados a su entrada en los juzgados y a músicos que quieren mantener el anonimato. Ya sé que el nombre de Daft Punk os ha venido a la mente de inmediato. The Moog Cookbook fue otro dúo que también se cubrió las cabezas con estos yelmos modernos.
Meco Eno y Uli Nomi fueron los seudónimos con que se bautizaron para ocultar asimismo su verdadera identidad, algo que no consiguieron del todo. Se llamaban Brian Kehew y Roger Manning y eran dos fanáticos de los sintetizadores analógicos. La idea con de The Moog Cookbook era hacer a la vez un tributo y una parodia de las grabaciones que se realizaron con moog a finales de la década de los sesenta y principios de los setenta. Para ello recurrieron a material de rock clásico y alternativo, que versionearon sólo de forma instrumental; eso sí, se autoimpusieron utilizar exclusivamente sintes analógicos, principalmente moog, claro. En los créditos del primero de los dos álbumes que publicaron estamparon un aviso claro: “No MIDI”.
Cuando se crearon estos sintetizadores modulares en 1963, su sonido estaba desligado de toda cultura o tradición musical. Los gorjeos y sonidos intermitentes que producían no eran una extensión de ninguna tradición anterior. Al aplicarlos The Moog Cookbook sobre piezas archiconocidas compuestas en una época posterior al nacimiento de estos sintetizadores modulares, consiguieron una curiosa secuencia temporal: les confirieron un toque futurista con instrumentos del pasado, es decir, desplazaron lejos el contexto de esas canciones. Una especie de regreso al futuro.
Todo este lío del tiempo se enmadeja aún más teniendo en cuenta que los discos de The Moog Cookbook son de mediados de los años noventa, era digital: The Moog Cookbook (Restless, 1995) y Ye Olde Space Bande (Restless, 1997). Es casi delirante el repertorio de versiones sintetizadas que llevaron a cabo. En el primero, por ejemplo, REM, Neil Young, Weezer, Nirvana, Tom Petty, Lenny Kravitz… Y en el segundo: David Bowie, Led Zeppelin, Van Halen, Eagles, Ted Nugent, Kiss… y en el que echaron una mano Wayne Kramer y Mark Mothersbaugh.
Poco más. Volvieron a unirse para grabar una pista para la película Moog (2004) y después recopilaron material sobrante de las sesiones anteriores en el disco Bartell (2006). No hay visos de que volvamos a ver los cascos del par de lunáticos de The Moog Cookbook.
Por cierto, a ver si localizo un ejemplar del libro de cocina en el que se inspiraron para ponerse nombre: Moog's Musical Eatery (1978), de Shirleigh Moog, primera esposa del inventor de estos cacharros sonoros, Robert Moog.
Los hermanos Kolacny, Steven y Stijn, belgas por más señas, pianista uno y director de coro el otro, adaptan afamados temas del pop y del rock y los ponen en boca de voces femeninas angelicales.
De Radiohead a The Cure, pasando por Abba, The Knife o Leonard Cohen, ya llevan más de una decena de discos con, al parecer, notable éxito.
El célebre escritor ruso Fiodor Dostoievsky tenía un apellido difícil de encajar, aparentemente, en la letra de una canción, pero lo cierto es que una vez pronunciado no es tan duro como parece a la vista. Quizá en español sí resulte algo más complicado, sobre todo porque hay que encajarlo en un contexto apropiado sin hacer demasiado el ridículo. Sin embargo, más allá de nuestras fronteras no es raro encontrárselo citado, desde Finlandia a Australia, pasando por México o Estados Unidos.
> Belaboris - Odotus, en …Olipa Kerrran (1984). Al parecer Finlandia tiene uno de los mejores sistemas educativos del mundo. Por su parte, Belaboris, banda finesa de electropop que sacó un disco tan formidable como muy poco conocido, demostraron haber hecho los deberes. Al menos el nombre del escritor ruso se entiende perfectamente cuando cantan.
> Iggy Pop – Louie Louie, en American Caesar (1993). ¿Versión del clásico de Richard Berry? Sí. Pero en la letra no se citaba a Dostoievsky, ¿no? Ya, pero Pop, que sí siguió escrupulosamente el patrón musical, se desentendió de la letra original y la adaptó a su propio mundo, por el que acababan de pasar Bush y Gorbachev: ha caído el muro de Berlín, pero todo sigue lleno de corrupción, sida, mendigos…
oh baby i gotta go
a fine little girl is waitin for me
but i 'm as bent as Dostoevsky
> The Go-Betweens – Here Comes The City, en Oceans Apart (2005). Un viaje en tren; por la ventilla el protagonista ve pasar estaciones, iglesias, ríos… El tren le está alejando de su amante. Llega la noche y se acerca a la ciudad de destino. Y en el vagón alguien lee:
And why do people who read Dostoevsky always look like Dostoevsky?
> Einstürzende Neubauten - Ansonsten Dostoyevsky, en The Jewel (2008). Sesudos estos alemanes, de toda la vida. «Así Dostoievsky» titulan este tema, en plan cita de tesis doctoral. Claro que luego se les oye exclamar «¡Sangría!» y a saber ya por dónde van los tiros:
> The Butcherettes – Mr. Tolstoi, en Sin Sin Sin (2011). En México, el nombre de León Trotski es casi tan famoso como el guacamole; sin embargo, el dúo de Guadalajara prefirió dedicarle una especie de rock garajero cosaco a otro León, aunque de apellido muy parecido; y ya de paso mientan a nuestro escritor:
Give me pride, Dostoevsky
> Wild Billy Childish & the CTMF - Punk Rock Enough For Me, en Acorn Man (2014). El nombre de Dostoievsky aparece entre la ristra de personajes que Childish tiene por auténticos punk rockers.
> Ezra Furman - Restless Year, en Perpetual Motion People (Bella Union, 2015). Su aspecto de joven pero suficientemente preparado casa con la personalidad musical que despliega en este tema, con memorable línea final: Dostoevsky, dime store copy. [Aportación de Jaime Cristóbal.]
> John Grantfeat.Tracey Thorn - Disappointing (2015), en uno de los arrejuntamientos del año, y en clave electrónica bailable.
Les Très Bien Ensemble se sentían como el personaje más afamado del escritor ruso en En Attendant Raskolnikov.
Por último, no se olvide que —de nuevo Australia— The Birthday Party tomaron el nombre de la novela Crimen y castigo.
La historia de la música siempre habrá de tener un hueco para Boney M. O lo que es lo mismo, el proyecto del sagaz productor, compositor y arreglista alemán Frank Farian. Y ni que decir tiene la historia de la música disco. Boney M fueron campeones del euro dance a base de éxito tras éxito. Hay generaciones enteras que han oído esos temas alguna vez. Hits que estaban pensados para vender y hacer bailar, y consiguieron ambas metas con creces. Farian compuso casi todo el repertorio. Además, en los discos que grababa incluía siempre versiones. Imaginamos que el objetivo era completar, por la vía más rápida, el material del álbum, y en general a casi todas les animaba idéntica pretensión: buscarles el tirón comercial y hacerlas bailables. Sin embargo, en algunos casos también hizo con ellas adaptaciones alejadas de la línea discotequera del grupo.
A continuación se ofrece un listado por álbum y orden cronológico de casi todas las versiones que hicieron Boney M, aunque es más que posible que se nos haya escapado alguna. (El enlace en el título de la versión lleva a la versión de Boney M; para el original, el enlace en el nombre del artista.)
• Take the heat off me (BMG, 1976).
Es el disco de «Daddy Cool», su primer pelotazo, y ya contenía versiones pergeñadas para la pista de baile:
> Sunny, de Bobby Hebb, con violines y una elegancia discotequera que le encantaría a Tony Manero.
> No Woman No Cry, de Bob Marley. Interpretada con la alegría típica del grupo y no con el tono lastimero del original. Se les quedó algo plana.
> Fever. Uno de estos míticos temas de la historia de la música que es imposible que suene mal versionee quien lo versionee. Vientos, cuerdas y las voces demasiado individualizadas.
• Love for Sale (BMG, 1977)
Es el album de «Ma Baker» y «Belfast», y otro buen puñado de versiones.
> Love For Sale, que además dio título al disco, un clásico de Cole Porter convertido en un amenísimo y rítmico tema disco.
> Have You Ever Seen The Rain, de The Creedance Clearwater Revival, en el que la guitarra rockera se pasa por un tamiz funky y la voz áspera de Fogerty se sustituye por la de las chicas (aquí no canta Bobby Farrell) mientras un piano alegre juguetea a lo largo del tema.
> Still I’m Sad, de los Yardbirds. Balada para cerrar el álbum, con Farrell (luego se supo que quien cantaba en el estudio era el propio Farian) y las chicas muy contenidos. Realmente bonita.
• Nightflight To Venus (BMG, 1978).
Es uno de sus álbumes más extitosos, el de «Rasputin», «Rivers of Babylon» y «Brown Girl in The Ring» y además las versiones:
> Painter Man, de The Creation, aquí con un toque más ligero que la original, es menos densa.
> King of the Road, un tema de Roger Miller decenas de veces versioneado. El buen rollo que siempre desprende esta canción era ideal para la pista de baile.
> Heart of Gold, el mítico tema de Neil Young, aquí con una intro a capella de todo el grupo majestuosa y luego una armónica antes de despegar y dejar entrar a los violines. Quizá sea el tema de la banda con el trabajo vocálico más bonito; Liz Mitchell y Marcia Barrett lo bordan. Es una versión muy purista y Farian no le dio la vuelta para reconvertirla en discotequera.
> Del mismo año que el álbum, es el 7’’ navideño que publicaron: Mary’s Boy Child / Oh My Lord. La cara A era un clásico de Harry Belafonte.
• Oceans of Fantasy (BMG, 1979).
El de la portada con ellos haciendo equilibrio sobre una tabla de surf y el de «El Lute».
> Al álbum lo precedió un single con otro de sus hits: Hooray Hooray! It’s A Holi-Holiday, que era una adaptación del tema folk americano «Polly Wooly Doodle, que interpretó hasta Shirley Temple. No se incluyó en el disco.
> Two Of Us, de The Beatles. O lo que es lo mismo, el plácido tema de los de Liverpool aquí a trote de calypso y reggae.
• «Children of Gold» (1980) era el primer single destinado a lanzar el álbum Boonoonoonoos (1981), pero como este hubo que retrasarlo un año, decidieron lanzarlo en 7’’ y 12’’ (luego no se incluyó en el disco). Para la cara B grabaron una versión del afamado tema de Iron Butterfly, In A-Gadda-Da-Vida. Farian le puso unas bases más electrónicas, pero se duda mucho que estuviera grabada por alguno de los miembros originales; posteriormente formó parte del recopilatorio Kalimba de Luna (1984).
• Felicidad (Margueritta) (1980) fue otro single no incluido en ningún álbum. Es versión del famoso tema del italiano Pino Massara, que lo había convertido poco antes de canción del verano. Farian le puso arreglazos, vientos y atinado riff de teclado. Posteriormente también formó parte del recopilatorio Kalimba de Luna (1984).
• Boonoonoonos (BMG, 1981)
El comienzo del declive fue este irregular y conceptual álbum.
> That’s Boonoonoonos / Train To Skaville / I Shall Sing. Medley tratando de alargar la broma, cuya tercera parte es versión del tema de Van Morrison lleno de palmas.
> Ride To Aggadir, de Mike Batt. El tema original, sobre la Guerra colonial de Marruecos, le proporcionó mucho éxito. La versión de Boney M no aporta nada y es probablemente la peor de todas las que hicieron.
> Malaika, tema tradicional swahili. Cantado en ese idioma a ritmo de calypso.
• 10,000 Lightyears (BMG, 1984).
A grandes males, grandes remedios, debió de pensar Farian. Así que tres años después volvió con este suntuoso y arregladísimo disco, con guitarras a lo hard rock y la Orquesta Sinfónica de Munich por detrás.
> Dizzy es una muy fallida versión tecno que Farian preparó del famoso hit de Tommy Roe de finales de los años 60.
• Kalimba de Luna (MCI, 1984). Recopilatorio que recogió, entre otras cosas, algunas de las versiones diseminadas en singles.
En ambos temas es muy evidente que la voz masculina no era la acostumbrada de Farian, pues es muy sabido que Bobby Farrell nunca grabó y se limitaba a las apariciones públicas. Farrell ya ni aparecía con las chicas en esta época.
• Eye Dance (BMG, 1985), o el acabose. Farian optó definitavemente por la música electrónica, lo cual quitó mucha de la personalidad que tenía Boney M.
> Ma Cherrie Amour, de Stevie Wonder. Con una guitarra española dando el cante y muy poca convicción en toda la versión.
Joan Jett. Su solo nombre posee una dimensión mítica que muchos otros artistas con más méritos musicales que ella quisieran para sí. De hecho, sus dos mayores éxitos —I Love Rock n’ Roll y Crimson & Clover— son sendas versiones, con las que ha obtenido discos de platino. Pero sus orígenes en las también legendarias The Runaways, su figura de rockera dura y auténtica y una notable pericia a las cuerdas han contribuido en convertirla en el mito que es. Además, su esencia ha influido en otras muchas mujeres que se han dedicado al rock, como ellas mismas han reconocido en público: desde las Bikini Kill a las japonesas Shonen Knife, pasando por Hole o, más recientemente, Karen O.
Toda una rockera de intachable reputación, sin duda, a la que algunos citan en sus canciones:
> Helen Love - Girl about town (1997). La chica de la canción tiene como modelo que seguir a Joan Jett, entre otros. Tullycraft versionearon el tema en 2005:
She used to be a rock n' roll star
Smoked cigarettes with Joan Jett in America
She got her picture in Rolling Stone
She was third from the left behind Joey Ramone
You couldn't see her face but I'm sure she looked great...
Anyway
She lives in a flat half-way up in the sky
Goes out with a boy into the MC5
> Go-Kart Mozart - Wendy James (2000). El alma cítrica y corrosiva de Lawrence dedicándole una canción a Wendy James, y va y le dice esto:
you're looking cool & you're
Second
to the very - the very great Joan Jett
> Clem Snide - Joan Jett of Arc (2001). Una de las más delicadas y bellas canciones de todo el cancionero de Eef Barzelay:
she'd fix me a dinner of sunflower seeds
and ready-whipped topping inhalers
and take me down South with Hall and Oates in her mouth
En Canadá decidieron que en 1981 había llegado el momento de hacer una película de animación basada en el legendario cómic para adultos Heavy Metal. Dirigidos por Gerald Potterton, en su realización intervinieron un millar de dibujantes, que trabajaron simultáneamente en cinco ciudades. En la película se entrelazan varias historias de ciencia ficción y ciertas dosis de erotismo; en el recuerdo quedan algunos personajes memorables, como el taxista Harry Canyon, que resultó ser una mezcla de el Fary y Chuck Norris.
Una de las singularidades fue la banda sonora. Haciendo honor al título, se recurrió a grupos metaleros en su mayor parte —desde Black Sabath a Nazareth, pasando por Blue Öyster Cult o Journey—; pero por aparentemente incomprensibles razones, también incluyeron temas de Stevie Nicks, Donald Fagen y Devo. De estos últimos, que es el motivo por el cual estamos aquí reunidos hoy, se eligió «Through Being Cool»; además, es la única banda que aparece dibujada, si bien no son exactamente ellos, aunque el parecido es evidente.
Aquí puede escucharse la banda sonora al completo. Como puede comprobarse, en la edición fonográfica el tema de Devo era otro: su versión del «Working In The Coal Mine».
Billy Steinberg es un ejemplo de esos raros, pasmosos y desconcertantes casos en los que se puede conocer muy bien a alguien del que jamás has oído hablar. En principio, es más que probable que si, lector, estás ahora mismo leyendo estas líneas no sepas ni por asomo quién fue ese Steinberg, líder de una banda californiana llamada Billy Thermal a la que ahora se le publica un álbum inédito desde 1980. Pero claro que lo conoces. ¿Es que nunca has escuchado «Like A Virgin»? Sí, la compuso él. ¿Y «True Colours»? También es suya aunque la hiciera famosa Cindy Lauper. ¿Y el «Eternal Flame» de las Bangles? ¿Y «So Emotional», de Whitney Houston? ¿Y «Alone», de Heart? Y esto sólo por mencionar los temas que escribió que alcanzaron el #1 en las listas. Pero tiene otros que cedió a, por ejemplo, The Pretenders, o los tres originales suyos que se reproducen en Billy Thermal (Omnivore, 2014) y que luego versionearon otros: «Precious Time» (Pat Benatar), «How Do I Make You» (Linda Ronstadt) y «Don’t Look At Me» (Rick Nelson). Brutal. ¿Cómo es posible que un disco de alguien tan conocido en la industria discográfica haya permanecido oculto tanto tiempo?
Así que aunque sólo sea por justicia poética, merece la pena ahora hacerse con una copia de estos quince cortes de power pop clásico, que además son vigorosos, eléctricos y suenan asombrosamente frescos. Pasma su facilidad para la melodía y para hacer rimar en una sola estrofa palabras como eucalyptus / narcissus / psychosis / focus. Que no se nos olvide jamás: se llama Billy Steinberg.
En muchas ocasiones, la música es una especie de religión, en la que, fieles a una Verdad, las bandas siguen con fervor los preceptos musicales estipulados en la biblia de su género idolatrado. Es el encomiable caso de los sevillanos The Smoggers, cuarteto entusiasta del rock garajero y el beat primitivo y cavernoso, pisando el pedal del fuzz hasta que echa humo.
Como buenos creyentes, todos se hacen apellidar como el nombre del grupo. Así, Fernando Smogger y Jesús Smogger se encargan de las guitarras, crujientes y veloces como el rayo; Gusti Smogger saca notas bamboleantes y vacilonas del bajo; mientras que Ana Smogger golpea la batería como si no hubiera un mañana y toca el Farfisa en algunos cortes.
Su compañía discográfica, Clifford Records, acaba de reeditar Join The Riot (2013), que andaba agotado y cuando era un clamor la demanda por parte de los devotos del género para hacerse con una copia. En él se suceden sin descanso una docena de temas enérgicos y rabiosos, en los que se alternan el español y el inglés en las letras. Dos de ellos son versiones de bandas ignotas si no eres un connoisseur del asunto: The Chob (“Sólo una vez más”) y The Tamrons (“Wild Man”). En esta última, es Ana la que lleva la voz principal:
También hay alguna pieza instrumental con toques surferos, como la que da título al álbum, en la que Ana vuelve a lucir sus colosales habilidades rítmicas:
La ferviente escena garajera europea los tiene encumbrados y ya conoce sus eléctricos directos.
En principio, puestos a hablar de bandas belgas, parece casi imposible que pueda hacerse referencia a géneros tan alejados de la tradición galo-flamenca como el latin funk y toda una fusión de mambo, son, chachacha, soul, big band y jazz. El caso es que en la década de los años cincuenta andaba pululando por Bruselas el pianista y cantante cubano Nico Gómez, que se hizo compañero de correrías musicales del percusionista belga, este sí, Gaston Bogaert. En 1958 consiguieron ser número 1 de las listas belgas con «Eso es el amor». A mediados de la década se separaron y cada cual siguió su trayectoria. Bogaert montó The Chakachas (también conocidos como Los Chakachas o Les Chakachas, nombre variante dependiendo de en qué país se publicaran sus discos), junto a otros instrumentistas belgas y, atención al dato, la mujer de Tito Puente como cantante, Kari Kenton, que practicaban todo ese sonido latino enumerado más arriba. Para la grabación de su afamado álbum, Jungle Fever (Polydor, 1971), el productor belga Roland Kluger convenció a Gómez para que se enrolara en la banda. Por su parte, la compañía discográfica decidió, contra pronóstico, publicar como single el tema homónimo; el resto es historia.
La canción fue un hit en las discotecas más sabrosonas de la época y vendieron más de un millón de copias en Estados Unidos. ¿Qué tenía de especial? Sexo principalmente, claro. Kenton, cual una Lupe desatada, más que cantar imita los gemidos y la respiración agitada propios de un orgasmo, mientras la banda marca un ritmo entrecortado —para-arranca, para-arranca— y la guitarra esboza uno de los riff funkys más sampleados de la historia (Public Enemy incluidos). La película Boogie Nights (1997), sobre la industria del porno, lo recuperó para su banda sonora.
Como curiosidad, el segundo corte del álbum de Jungle Fever era una versión de Un rayo de sol, popularizado por Fórmula V.
Nico Gomez continuó grabando en una banda propia llamada The Chicles. Pese al nombre, no consiguió ser tan pegadizo.