martes, 16 de septiembre de 2008

Últimamente se está muriendo gente que no se había muerto nunca #3: David Foster Wallace

En Tokyo las tiendas de discos permanecen abiertas por la noche, según cuenta Murakami en Tokio blues (Norwegian wood), que para los que tengan dificultad con el español se escribe así en su lengua original: ノルウェイの森.

Sólo le faltaba al insomnio de Gog que a las tantas de la madrugada pudiera ponerse un pantalón y una camisa encima del pijama para salir a comprar discos.


(Otros coletazos del pensamiento que rabotean hoy por la cabeza de Gog: se puede comprender el suicidio de un fracasado pero no se concibe que un genio ahorque a su talento, ¡con lo que daría cualquiera por poseerlo!, por eso impresiona más [David Foster Wallace colgado de una viga en su casa]; qué sugestivo y otoñal el Mingotes de hoy; qué balsámico y reparador —para cuando alguien necesita que lo arropen— es el tema de Paul Weller que ha inspirado el título de esta entrada.)

No hay comentarios: